domingo, 7 de diciembre de 2025

1909, año importante para Quito

 

Foto: Internet. 

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

El año 1909 tiene especial importancia en la vida de la República y particularmente en Quito. Se celebra el primer centenario del Primer Grito de la independencia en América Hispánica. Con dos acontecimientos de singular relieve se conmemora la gesta libertaria.

La inauguración del monumento en la antigua Plaza Mayor, Plaza de la Independencia y la apertura de la exposición nacional en el palacio construido para el efecto en La Recoleta, hoy ocupada por el Ministerio de Defensa y y en otra época por la Escuela Militar. Ocupaba la Presidencia de la República el general Eloy Alfaro. Los ministerios de Estado eran cinco: de lo interior, cuyo titular era el doctor Octavio Díaz, subsecretario el doctor José M. Pérez y jefes de sección Antonio C. Toledo (el poeta), Luis F. Vela y Alberto Mogro; de relaciones exteriores, el doctor José Peralta; de Instrucción Públicas, Bellas Artes, Correos y Telégrafos, el doctor Alejandro Reyes; ministro de Guerra y Marina, el doctor Francisco Martínez Aguirre y de Hacienda y Crédito Público, don Luis A. Dillon.

Ocupaba la presidencia de la Corte Suprema de Justicia el doctor Belisario Albán Mestanza; a la Presidencia y Vicepresidencia de la Cámara del Senado, los doctores Carlos Freiles Zaldumbide y Abelardo Pozo y la Presidencia de la Cámara de Diputados, el doctor Abelardo Montalvo. 

El Rectorado de la Universidad Central lo desempeñaba el Dr. Francisco Andrade Marín y la Presidencia del Concejo Municipal de Quito, el Dr. Enrique Freile Zaldumbide.

Leopoldo Narváez era Intendente de Policía de Pichincha. La Gobernación de la provincia se hallaba ocupada por el Dr. Carlos Alberto Arteta. Director del Observatorio Astronómico era el ingeniero Carlos A. Tufiño. Decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central, el Dr. Ángel Modesto Borja; decano de la Facultad de Medicina, el Dr. Guillermo Ordóñez. 

Jefe político del cantón Quito, el Dr. Emilio Pallares Arteta; alcaldes municipales: Dr. Alfonso Ribadeneira, Dr. Luis Sánchez y Dr. Alejandro Troya. Directora de la Biblioteca Nacional, la escritora doña Zoila Ugarte de Landívar y secretaria María Natalia Vaca. La biblioteca funcionaba en el edificio de la Universidad Central. Director de Correos, Manuel Stacey. Arzobispo de Quito era Monseñor Federico González Suárez.

En el Palacio de Gobierno funcionaban, a más de la presidencia, los ministerios de Gobierno, Instrucción Pública, Guerra y Marina. El Congreso Nacional, la Tesorería de la Nación, la Imprenta Nacional y se despachaba el correo en las ventanillas del pasillo principal. 

El presupuesto aprobado por el Congreso Nacional ascendía 15'836.132 sucres. La deuda del Estado sumaba 15'403.683 sucres, deuda que se debía principalmente a los bonos emitidos por The Guayaquil and Quito Railway Company que llegaba a la cantidad de 13'208.910 sucres y el resto a la deuda inglesa por las guerras de independencia. La moneda nacional consistía en el cóndor oro, valor de 10 sucres. Circulaba el sol de plata de 900 milésimos de ley y más monedas fraccionarias.

En cuanto a la luz eléctrica, por algo que se le había denominado a Quito Luz de América. No andábamos en tinieblas, se contaba para una ciudad de 70 000 habitantes con la planta de Quito Electric Light & Power Company, planta norteamericana, la planta de los herederos de Martinot y la de la señorita Isabel Palacios. La una se hallaba instalada en la Piedrahita y la otra en el infiernillo de Guápulo.

La planta norteamericana suministraba el alumbrado público que consistía en 200 lámparas de arco de 450 vatios y gran parte del alumbrado particular, unas 4 000 lámparas de 16 bujías. Podía desarrollar hasta 10 000 caballos de fuerza. Las otras dos plantas atendían únicamente el alumbrado particular.

La planta norteamericana tenía accionistas y su capital llegaba a 450 000 sucres (oro), dividido en 22 500 acciones de 20 sucres que poseía la Anglo-French Pacific S.de Londres y otras de 12 950 acciones de 20 sucres con un valor de 259 000 sucres en manos de particulares. 

No había una gran corriente turística. Llegaban pocos "gringos". Sin embargo, Quito contaba con algunos buenos hoteles. Gran Hotel Continental de Pérez & Proaño, hotel situado en las calles Venezuela y Sucre (Casa Azul que fue del Mariscal Sucre y de la Marquesa de Solanda). El Gran Hotel Royal, de Filemon Froment, lujoso, que funcionaba en la calle Venezuela, en la casa que hoy ocupa la firma Briz Sánchez; el Hotel Ecuador de Ernesto Iturralde y se anunciaba con bombos y platillos la próxima apertura del Hotel Europa.

Solo años después, don Isaac Aboab abrió el Hotel Metropolitano en el local en el local que hoy ocupa el Hotel Viena y que luego pasó al Parque de la Independencia. 

Se consigna para recuerdo que en la ciudad franciscana, para alivio de los dolientes habitantes, había las siguientes boticas y droguerías. Botica inglesa fundada en 1887 de propiedad de Don Manuel Zaldumbide y que atendía en su local de la calle Bolivia (hoy Espejo); Guayas, del Dr. Carlos G. López en la esquina de la en la esquina de San Agustín. 

Tiendas A, B, C, D, E y F Nacional de Mariano Barriga, en la Plaza de San Francisco. Alemana de Don de Don Antonio Mortensen, fundada en 1875, año en que fue asesinado el presidente García Moreno; además, tenía una sucursal a cargo el doctor Teodomiro Andrade; Botica Americana en la Plaza de Santo Domingo y la Botica Sucre, fundada en 1906 por el doctor Miguel Jijón Bello.

Corre el año 1909, del Centenario del Primer Grito de Independencia. A más de las grandes celebraciones de las veladas, desfiles, inauguraciones, entre las que se destaca la de la primera Clínica Quirúrgica de los doctores Isidro Ayora y Ricardo Villavicencio Ponce. 

La industria textil comprendía elaborados de lana, algodón y cabuya. Entre las fábricas existentes de la época podemos mencionar la de Chillo de los herederos de Jijón-Larrea, que elaboraba magníficas telas de algodón y lana. A la entrada de Quito, la fábrica El Progreso de la señorita Isabel Palacios que producía telas de algodón. La fábrica de Don Francisco Salvador Ordóñez.

Debe recordarse que la fábrica textil La Internacional fue establecida en 1922, por iniciativa de Luis Napoleón Dillon para dar trabajo a los obreros, mediante acciones de la Sociedad de Crédito Internacional.

También se anota una fábrica de tejidos de algodón, en Ambato. La La textil Barona-Berch; la textil Imbabura de don Fernando Pérez Quiñones. 

Una industria próspera era la de los molinos de harina. Entre los principales molinos encontramos el de la señorita Isabel Palacios, el de los herederos Manuel Jijón Larrea, de Nicanor Palacios, de Enrique Gangotena y de los industriales Arsenio Poultier, Lafiter Khor, que tenían sus instalaciones en Latacunga y Ambato. 

Encontramos los aserraderos de Manuel Gómez de la Torre y, sobre sobre todo la fundición de metalurgia de hierro y bronce de Martinot.

Es necesario destacar la producción de molino de trigo de Edmundo Catefort, en el centro, cuya vasta producción de trigo la aprovechaba el dueño del Hotel París, que tenía su asiento en las calles García Moreno y Mejía y que suministraba las famosas palanquetas conocidas con el nombre de Charpentier.

Entre las fábricas de gaseosa cabe mencionar la Fama de Guarderas, los sifones y la afamada agua de Tesalia. Se traía de Francia el agua de Vichy. 

En 1909, año del Centenario, como hemos anotado, la ciudad contaba con buenas cervecerías. La cerveza era buena y barata. Tenemos en primer lugar la cervecería La Campana que producía 35 000 docenas al año. Se trataba de una compañía anónima.

Luego, encontramos la Imperial de propiedad de Don Guillermo Hermann, alemán, con una producción de 20 000 docenas de botellas al año. La cerveza Panecillo de G. Dammer, alemán, con una producción de 12 000 docenas de botellas al año. Cervecería La Victoria con una producción de 10 000 docenas de botellas al año. El ferrocarril Enríquez-Silva con una producción de 8 000 docenas de botellas al año.

No menos importante era la producción de cigarrillos, escobas y fósforos de la fábrica El Progreso de Leopoldo Mercado. Tenía sus factorías, la una en Guayaquil y la otra en el Valle de los Chillos. 

La fábrica de Avelino Herrera producía cigarrillos de dos marcas: Cuba Libre y El Triunfo. Habían también la fábrica de cigarrillos La Corona de Modesto Sánchez Carbo y El Vencedor. Teófilo Dávila producía los cigarrillos Flor del Ecuador. Se industrializaba alrededor de 700 000 kilos de tabaco al año y se exportaba.

En cuanto al agua ardiente, la producción era de 11 millones de litros al año por un valor de tres y medio millones de sucres. Había varias fábricas de elaborados como la de Flores. La fabricación de aguardiente de uva, cuya exención de impuestos la hizo el Congreso para fomentar su industrialización. 

INICIO DEL PROGRESO

Quito iniciaba su etapa de progreso. En junio de 1908, se inauguraba el Ferrocarril del Sur, luego de grandes dificultades, pues se trataba de una obra atrevida, llevada a cabo por el Viejo Luchador. Se unía a la Costa y la Sierra, se trataba de una obra redentora.

La ciudad era pequeña, pero acogedora. Los comerciantes de sana conciencia y con artículos de fina novedad, importados del extranjero, de duración y excelente calidad. Había de todo y de nada se carecía.

Los principales comerciantes mayoristas eran Domingo Brescia, Leopoldo Brawe, Carlos Baca, Ramón Barba Naranjo, Juan Barriga, Manuel Jijón, Ignacio Heredia, Narváez e Hijos, Teresa Alvear, Rafael Cohen, Pedro Durini, Alberto Dobronsky, Francisco Llopard, Alfonso P. Eguiguren, Manuel J. Recalde, Ángel Bueno, Nicanor Bedoya, Empresa de Coches Interurbana, La Imperial, The Andean Trading, Luciano Cadena, Guillermo Dammer, J Guzmán.

El cuerpo médico era respetable. Entre los médicos encontramos a los doctores Gabriel Araujo, Juan Arcos, Guillermo Ordoñéz, Miguel Legas, Isidro Ayora, Víctor Vayas, Max Ontaneda, Alejandro Luna Andrade, Ricardo Villavicencio, Alejandro Mosquera V.

Farmacéuticos: Teodomiro Andrade, Alejandro Altuna, Pablo Vaca, José Batallas, Manuel Calisto, Fernando Cevallos, Adolfo Endara, Eliseo Flor. Escribanos Fernando Avilés Flores, Luis F. Mesías, Luis Paredes, Daniel Rodríguez, José M. Correa.


lunes, 24 de noviembre de 2025

El monumento al General Antonio José de Sucre


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio 

El monumento al Mariscal Antonio José Sucre tiene su historia, así como su vida gloriosa, útil e inmaculada, destrozada por la ingratitud de sus contemporáneos. También ha sido su monumento. Un estigma de fatalidad lo rodea. A cinco días de la de la Batalla de Pichincha, en memorable sesión del Ayuntamiento quiteño, se resuelve la colocación de los bustos de Bolívar y Sucre junto al emblema de la ciudad en la sala capitular de San Agustín.

En 1874, un afamado profesor de escultura, el español José González Jiménez, de la Academia de Arte de Roma, somete a consideración del Cabildo un conjunto trabajado en arcilla plástica que representaba el general Sucre levantando en sus brazos a una mujer yacente, la que en sus manos sostenía rotas una cadena. Fue aquella primera idea de una erección del monumento del héroe. Se exhibió al público y se contrató al artista la ejecución del monumento en 10 000 pesos.

El grupo debía tener dos metros de alto y el pedestal alto, un metro y ochenta centímetros y un segundo pedestal bajo, de un metro y quince centímetros. Los ángulos debían ser ocupados por cóndores. Había un legado inicial de 5 000 sucres donados por la hermana política del mariscal, doña Rosa Carcelén de Valdivieso

García Moreno, a la sazón del presidente de la República, hizo el ofrecimiento de entregar igual cantidad. Habían pasado 10 años y el artista exigía el pago de la segunda y tercera cuota por parte del Cabildo, pero se consideró nuevamente el proyecto y se rescindió el compromiso, pero resolvieron hacerse cargo del conjunto vaciado en yeso por la suma de 5 000 sucres, el mismo que se lo puede admirar en la solana del Teatro Nacional Sucre. 

Se presenta un nuevo proyecto por parte del ingeniero Bruno Hidalgo, director de Obras Públicas municipales. Se envía el proyecto al cónsul de Ecuador en París, Clemente Ballén, junto con los detalles requeridos para la ejecución como son los edificios que rodean la plaza de Santo Domingo, su elevación, uniforme militar de la figura del héroe, peso de la estatua que no debía exceder los 500 kg, retratos de los oficiales que combatieron en Pichincha como Sucre, Santa Cruz, Lamar, Necochea, Miller, Córdova, etcétera.

En enero de 1889, el cónsul Clemente Ballén revestido de amplias facultades por recomendación de Mosiur Paul Dubois, director de la escuela de Bellas Artes de París, firmaba el contrato de ejecución del monumento por la suma de 45 000 francos con el célebre escultor francés Falguiere, quien estaba a la vez trabajando las estatuas de Arquímedes para el Palacio de la Sorbona, de Juno y Lafayette para el Gobierno de los Estados Unidos y más tarde trabajó el busto de nuestro prócer y poeta José Joaquín de Olmedo para la ciudad de Guayaquil.

En 1890, enviaba el cónsul Ballén los planos del pedestal. en el proyecto de uno Hidalgo Sucre tiene extendido el brazo derecho señalando al Pichincha. La ejecución de los bronce la ejecución de los bronce simbólicos de las batallas Pichincha y Ayacucho en sus manos mínimos detalles avanzaba de París junto con la obra escultórica. Mientras en Quito se levantaba el pedestal a cargo del arquitecto del Estado Francisco Smith

En el pedestal debía ir en letra de bronce y por moción del Dr. Andrade Marín la leyenda: "A SUCRE DEL ECUADOR", realizadas gratuitamente por el grabador Joaquín Albuja

LA INAUGURACIÓN 

Llega el mes de mayo de 1892, 70 años de la gloriosa batalla de Pichincha. 400 años del descubrimiento de América gobernada por gobernaba el país el doctor Luis Cordero. En este mes llega a Quito la escultura del Mariscal Sucre.

A altas horas de la noche, ocultamente se lo traslada a la plaza de Santo Domingo. El 10 de agosto de este año, se inaugura solemnemente. Se desarrolla un programa en el que participan las autoridades civiles, militares y eclesiásticas. Las universidades, representaciones de las repúblicas bolivianas, colegios, escuelas, instituciones gremiales. El presidente Luis Cordero hizo solemne entrega del monumento.

Años más tarde, en 1908, las autoridades militares juzgaron que el pedestal era muy modesto y lo derrocaron para reemplazarlo con otro formado con mármoles blancos y grises. Se inauguró el nuevo pedestal el 10 de agosto de 1909, primer centenario del Grito de la Independencia. Pronunció un elocuente discurso el general Flavio Alfaro en representación del gobierno.

El año 1953, siendo alcalde de Quito, Rafael León Larrea, ante la indignación del pueblo de Quito, se procede a derrocar el pedestal de granito. La demolición del monumento se realizó en altas horas de la noche. Luego se procedió a levantar un ridículo pedestal que varias veces fue demolido por quiteños patriotas.

El pueblo, en forma sarcástica, dijo por esta profanación que Sucre había sido devaluado. Todo esto, se lo hizo a pretexto de modernizar a Quito, pues la plaza necesitaba una remodelación.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Los primeros voceadores de Quito


 Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Cuando recién apareció el diario El Comercio, en enero de 1906, anunciaban y vendían los pocos números del diario, a caballo, en la pequeña ciudad de Quito. Era en los comienzos de siglo. 

Los nombres de tres voceadores, los primeros se han hecho célebres y memorables en esta franciscana ciudad. Ellos son Carlos Pontón, Fernando Gijón y Benjamín Cubero

Carlos Pontón empezó vendiendo el periódico La Fronda. Luego continúa en el diario El Comercio, de los señores Mantilla. Era el periódico hablado en las esquinas. Se le conocía como el tuerto Pontón, y quienes le conocieron manifestaban que tenía una memoria prodigiosa. En aquel entonces, imitaron a Pontón los nuevos voceadores que eran los hermanos Troncoso, Vidal Viteri y Manuel Rodríguez. 

En 1907 salió el periódico La Dentadura, de oposición al general Eloy Alfaro, presidente de la República. Dirigía el periódico Eduardo Mera, notable escritor y hijo de Juan León, el autor de Cumandá y de la letra del Himno Nacional. Pregonaba las noticias con gracia, Pontón, acrecentando así la venta del periódico. Por esta razón, el Intendente de Policía de Pichincha, Horacio Estévez, ordenó la prisión de Pontón, encerrándolo en el penal García Moreno. Sabedor el general Alfaro, ofició de inmediato al Intendente de Policía para que le ponga en libertad a Pontón.

En 1911, fue apresado nuevamente por vender el periódico Fray Gerundio, cuyo director era el Dr. Vicente Nieto y El Ecuatoriano. Nuevamente, ordenó su libertad el general Alfaro. 

En 1915, fue apresado por vender los periódicos El Quiteño, El Republicano, editados por Miguel Ángel Endara y Manuel Sotomayor y Luna. En 1923, fue privado de la libertad por vender el periódico Humanidad, en pro de la candidatura presidencial del coronel Juan Manuel Lasso Ascázubi. De 1914 a 1918, Pontón vendía el periódico, dando a conocer, en resumen y en alta voz, los sucesos de la Primera Guerra Mundial

Carlos Pontón contrajo matrimonio con la señorita Mariana Aulestia y tuvo varios hijos.

En 1916, recibió la autorización del Concejo Municipal para que instale su puesto de ventas de periódicos y revistas en la esquina del portal de Salinas en las calles Chile y Venezuela. Desapareció del puesto cuando se derrocó la casa esquinera para la construcción de la Casa Municipal. En esta casa esquinera funcionaba el Banco de Abasto desaparecido. En 1916 era presidente del Concejo Municipal Enrique Freile Z. y vicepresidente Juan Francisco Game.

Integraban el Concejo ambulatorio: Modesto Larrea Gijón, Alejandro Calisto, Víctor Mena, Francisco Cousin, Dr. Pablo A. Vásconez y secretario, Juan Bautista Castrillón. Todos asiduos lectores de diario El Comercio.

Pontón tenía como vecina a la millonaria señorita Leonor Heredia, de quien contaba que almorzaba en la trastienda. La señorita Heredia y su hermana dejaron varios millones, varias casas y especialmente los terrenos donde hoy se levanta el Hospital Militar, el Instituto Geográfico Militar, la Escuela Politécnica del Ejército, la Universidad Católica, el Palacio de Deportes, la Escuela Politécnica, el Colegio Spellman

El Concejo Municipal de Quito premió su esfuerzo otorgándole Premio Constancia y Medalla de Oro.

Fernando Jijón

El otro antiguo vendedor de periódicos, vendedor de loterías es Fernando Gijón. Nació en Quito, en 1888, en la Presidencia de don José María Plácido y Camaño. En 1910, se instaló en el arco del Portal Arzobispal, delante de la librería de Roberto Cruz. Fue también llevado a la cárcel varias veces por vender periódicos de oposición al gobierno. Tan sólo recordaba que recibió una ocasión buen trato por el director del penal, coronel Delfín Orellana.

En cuanto a los periodistas, se los ultrajaba, se les daba palo, se empastelaban las imprentas y sus directores eran desterrados o llevados al penal. Así se callaba la voz de la prensa libre. Fue premiado y condecorado durante la alcaldía del Dr. José Ricardo Chiriboga Villagómez. Jijón se postró, pues perdió la vista y quedó ciego. Iba acompañado por su buena esposa, la señora Victoria Vela, quien hacía de lazarillo.

Benjamín Cubero

Forma la trilogía de los voceadores de las tres esquinas de la Plaza de la Independencia. Durante 48 años, Cubero vendió periódicos y sirvió a la ciudad. Su puesto de venta estaba situado en la esquina de La Concepción, junto al puesto de venta de almacén de Don Enrique Woolson y en la García Moreno, el almacén de Don Juan J. Pazmiño (padre).

El puesto de venta de periódicos y revistas de Cubero, de cigarrillos y fósforos, desapareció al efectuar la remodelación para dar cabida al Hotel Majestic, que posteriormente fue adquirido por la Mutualista Pichincha.

Cabe anotar que, en 1915 un hermano de Cubero, con Manuel Vásconez, Eloy Erazo y Juan Recalde, iniciaron el trabajo de betunería en una en una de las tiendas del Palacio de Gobierno y fundaron la Sociedad de Betuneros de Pichincha, dirigida por un señor Alburquerque. Luego se les señaló que ocuparán los arcos de los portales. 

En 1920, se fundó la Sociedad de Voceadores. Estas sociedades eran controladas por los comisarios nacionales.

Benjamín Cubero fue también premiado por el Concejo Municipal de Quito. Por su trabajo, enfermó lo mismo que su señora y ambos fallecieron.

Fotografía: Internet. 

domingo, 15 de junio de 2025

Un drama histórico e inmortal; la historia del teniente Hugo Ortiz en la guerra de 1941


Un drama histórico e inmortal

Por Bolívar Bravo Arauz

Corría el año fatídico de 1941. En julio, una serie de incidentes en las fronteras de Ecuador y Perú puso en gravísimo peligro la paz continental como acontece en estos días. El Perú con su alevosía, invadió el territorio ecuatoriano a los aciagos días 5, 6 y 7 de julio en la provincia de El Oro y el 23, 24, 25 y 26, con ataques totales por toda la frontera de El Oro, Loja y el Oriente. Se ha escrito bastante sobre estos hechos militares que sufrió nuestra patria y en estas acciones el soldado ecuatoriano dio muestras de patriotismo y heroicidad. Son numerosos los episodios de gran valor.

El 25 de julio de 1941, hubo arrollador ataque peruano en Chacras y fue rodeado un pequeño destacamento. El teniente César Edmundo Chiriboga González y sus 25 soldados combatientes fueron obligados a rendirse. Ninguno cesó de disparar certeramente ante el secular enemigo hasta el último instante. Cayeron acribillados a bala y ninguno sobrevivió.

En el mismo día, declarado glorioso Día de la Armada se producía el combate naval en Jambelí entre el pequeño crucero cañonero ecuatoriano Abdón Calderón y el destructor peruano Almirante Villar, superior, muy superior que tuvo que batirse sin retirada, por los certeros disparos del heroico y pertinaz cañonero que comandaba Morán Valverde.

HEROICO SACRIFICIO DEL SUBTENIENTE HUGO ORTIZ

En los días 1 y 2 de agosto del aciago año, fueron alevosamente atacados con gruesos contingentes de tropa, las pequeñas guarniciones o destacamentos de Yaupi y Santiago en el Oriente ecuatoriano o región Amazónica.

La guarnición de Yaupi fue aniquilada. En seguida, los invasores, en número de 300, armados hasta los dientes atravesaron el río y luego la selva hasta Santiago. Aquí se encontraba el destacamento de 10 hombres comandados por el subteniente de caballería, hoy héroe nacional, Hugo Ortiz Garcés, de 20 años de edad. La guarnición lo formaban junto al subteniente Ortiz, el cabo Julio Jaramillo, los soldados José de los Santos Quiñones, esmeraldeño; Blas Preciado, Jacinto Cáñola, Juan de la Rosa, Manuel Góngora, José Julio Pérez, Gustavo Molina, José García y Segundo Herrera.

2 DE AGOSTO DE 1941.- En la mente del subteniente Ortiz bullen en recuerdos. La matanza del 2 de agosto de 1810 de nuestros próceres que dieron el primer grito de libertad por mulatos peruanos.

Se aproximaba la hora de la prueba del sacrificio, para aquel puñado de valientes defensores de nuestra integridad territorial.

Suenan los primeros disparos, de parte del enemigo sureño, a lo que el denodado y valiente oficial Ortiz ordenó a sus hombres: "Soldados duro con ellos. Disparen hasta agotar el último cartucho ¡Viva la patria!".

Se establece el combate luego de largos y angustiosos minutos en los cuales el ruido atronador de fusiles, ametralladoras y granadas de mano se entremezclaban con los ayes de los heridos y las imprecaciones de numerosos combatientes, se oye la voz del oficial peruano que mandaba alto al fuego.

No se sabe si este alto al fuego fue motivado por la tenaz resistencia de los nuestros o sencillamente una estratagema peruana, una de tantas, para darse cuenta de la situación o probablemente hasta tratar de descubrir las posiciones, y más que nada, localizar el sitio exacto donde se encontraba nuestro héroe, alma y vida de una resistencia que, jamás, pese a su abrumadora mayoría, los peruanos pensaron encontrarla. 

Cuando ya seguramente consiguieron su objetivo, el oficial peruano dirigiéndose al subteniente, le grita: "subteniente Ortiz estás completamente rodeado. Casi todos tus hombres han muerto, ríndete..."

Desde su puesto y tomando su fusil ametralladora, este oficial que era todo fibra y todo corazón, le contesta con voz estentórea: el soldado ecuatoriano no se rinde jamás y rubricando su contestación con una ráfaga de ametralladora, obliga al enemigo a restablecer el combate.

Como el subteniente Ortiz fuera perfectamente localizado por sus atacantes, una ráfaga de ametralladora acribilló su cuerpo, pese a lo cual y haciendo un esfuerzo sobrehumano logra ponerse de pie y con angustia mortal de sus heridas, haciendo un esfuerzo desesperado por gritar, "Viva la Patria", cayó para no levantarse la más.

Cesan los disparos y cautelosamente sale de la espesura de la selva el mismo oficial peruano,  grita a nuestros soldados para que no disparen y les ordena entregarse. Luego se acerca reverente ante el cadáver de Oswaldo Hugo Osvaldo Ortiz Garcés y le dice:"Ecuacho, eres todo un valiente. Todos los ecuachos son bravos y valientes". 

La heroicidad del subteniente Ortiz, la sublimidad de su sacrificio fue tan grande que el mismo enemigo tuvo que reconocerlo. El capitán peruano ordena a su subalterno buscar la bandera del Ecuador, para con ella amortajar el cuerpo de nuestro Héroe Nacional y al enterrarlo en Yaupi, se le rinde todos los errores todos los honores correspondientes a su grado y jerarquía.

En 1960, en el gobierno del doctor Camilo Ponce Enríquez se inauguró su monumento en la avenida América y Mariana de Jesús. Le rinden de honores el Colegio Militar y el Colegio Mejía. Llevan su nombre varias unidades militares, planteles de educación para ejemplo de las generaciones venideras.

Otros hechos igualmente emocionantes fueron numerosos, pero se destacan el del célebre cabo Luis Alfonso Minacho, de heroísmo increíble, que murió disparando al enemigo, juntamente con su hijito, de 12 años de edad, Germán Minacho.

El cabo Minacho murió destrozado, pero su hijito fue capturado por los peruanos y conducido con otros siete valientes, donde, con todos ellos murió.

En la frontera de El Oro, principalmente en el sitio de Chacras, Huaquillas, Quebrada Seca, Carcabón, los batallones Cayambe y Montecristi, en su heroica defensa de nuestra patria casi desaparecieron por completo.

Dolorosos fueron acontecimientos, pero hay que notar que el Perú tenía en 1941, 30 aviones más fuerza blindada y motorizada. Las fuerzas que invadieron el Ecuador eran alrededor de 15 000 hombres y tenían el apoyo de la aviación y artillería.

El Ecuador, en aquel aciago y malhadado año, oponía una fuerza total con 2 000 hombres distribuidos así: 1 819 soldados a lo largo de la frontera de El Oro y el resto diseminado en pequeños grupos de 30 y 40 hombres, entre soldados de línea, carabineros y voluntarios distribuidos en Loja y el Oriente. De manera general, el Ecuador carecía de aviación militar, el armamento era pobre, anticuado y de diverso tipo. Así lo anotan historiadores y cronistas.

Otros valientes que ofrendaron sus vidas en defensa de la Patria y su territorio sagrado: los cabos Tipantuña y Cisneros, capitán Galo Molina. Nelson Galarza y otros, pero cuyo nombre se los guarda con respeto y gratitud imperecedera y en los actuales momentos se ha dicho los nuevos nombres y héroes de Paquisha y Machinasa.

Crónica publicada en 1981. 

jueves, 5 de junio de 2025

Historia de Quito: Páginas desconocidas


Páginas desconocidas

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Iniciado con inusitado brío la construcción del Ferrocarril del Sur, con la constitución de The Guayaquil and Quito Railway Company, sueño dorado de Alfaro de ver realizada la construcción para unir la Sierra y la Costa por el monstruo de hierro, desterrando el difícil y peligroso transporte de lomo de mula, emprendida una lucha tenaz contra la ciega oposición de los conservadores, tuvo la concepción de llevar a cabo la construcción de otros ferrocarriles, una verdadera red que cruce el territorio nacional y así es como el 26 de septiembre de 1906, se firmó el acta y se iniciaron los trabajos del Ferrocarril del Norte. Recuérdese que el Ferrocarril del Sur, con gran alborozo, se inauguró el 25 de junio de 1908, en la segunda Presidencia del viejito Alfaro. 

El acta firmada está concebida en los siguientes términos.

"En la quinta de las Hermanas de la Providencia, a orillas del Río Machángara, por donde pasa el trazo de la línea férrea, el general Eloy Alfaro, encargado del Mando Supremo de la República, los ministros de Estado, el jefe civil y militar de la provincia, el ingeniero de Gobierno, el Sr. Benoni Lockwood, con su respectivo cuerpo de ingenieros en representación de Guayaquil and Quito Railway Company y varias personas notables del lugar, con el objeto de inaugurar solemnemente los trabajos de prolongación del ferrocarril Ibarra; el señor Lockwood puso en manos del Jefe de Estado, general Alfaro, para que iniciara la apertura de la vía.

El general Alfaro dijo: "En nombre del progreso de la República, doy principio a los trabajos de este nuevo ferrocarril". Luego dio la palabra al ministro de obras públicas, Dr. Manuel Montalvo. Firmaron el acta el general Alfaro, el Dr. Manuel Montalvo, el señor C. Echanique, los generales Julio Román, Flavio Alfaro, ministros de Estado, los ingenieros H. P. Ruque, W. Wochman, Benoni Lockwood, R. Linton, J. B. Morris, Henry Hidern y los funcionarios del Estado Dr. Belisario Albán Mestanza, José Peralta, Abelardo Moncayo, Celiano Monge, R. Vallarino, Colón Eloy Alfaro Paredes, Francisco Arbelaez, O. Pareja, O Pasquel, Rafael Uribe, Francisco Valdéz, mayor F. Franzani, miembro de la Misión Militar Chilena, comandante Ricardo Garzón, comandante Teodoro Donoso, Ricardo Félix A. Silvers, José Moncayo, Antonio Cepeda, Sergio Enríquez, Eliseo Vélez, José Sosa y siguen muchas firmas.

El subsecretario de ministro de el subsecretario del Ministerio de Obras Públicas, Antonio C Toledo. También se dio comienzo a la construcción de tramos de ferrocarril de Chone a Santa Ana, de Puerto Bolívar a Piedras, Sibambe, Cuenca y al mantenimiento de varias carreteras conforme lo permitían las posibilidades.

Al Oriente

Otro de los empeños de Eloy Alfaro fue la construcción de un ferrocarril al oriente que llevaría al país a las selvas amazónicas, a las que tiene justo y legítimo derecho. Se conoce de sobra que salió de Quito con gente quiteña, con indios quiteños, la expedición descubridora del gran río de las Amazonas, el río de Quito. Fue el resultado del sacrificio de los quiteños de su esfuerzo, de su sangre llevada a feliz término por el intrépido capitán Francisco de Orellana, el fundador de Santiago de Guayaquil.

Acaso no nos recuerda esta histórica gesta y glorioso descubrimiento quiteño, realizado en 1542, una gran placa pétrea colocada en los muros de nuestra catedral metropolitana.

El conde Chanarcé propuso la construcción de un ferrocarril al Oriente ecuatoriano, previa a la concesión de tierras para la explotación. El país no estaba en condiciones económicas de construir un ferrocarril de esta naturaleza.

Alfaro consultó la opinión pública a través de sus gobernadores y le fue adversa. El país rugió y hoy nos hemos quedado sin el ferrocarril y enormes extensiones de tierras del Oriente por la perfidia y la voracidad del enemigo del sur.


sábado, 24 de mayo de 2025

Historia de Quito: celebración del centenario de la Batalla de Pichincha



Celebración del centenario de la Batalla de Pichincha 

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Para celebrar dignamente el primer centenario de la Batalla de Pichincha, el Congreso de 1919 dictó un decreto por el cual se establecía una Junta del Centenario. Esta se integró el 2 de enero de 1920.

La Junta del Centenario consideró que las obras de mayor urgencia en las que debía emprender eran la canalización y pavimentación de la ciudad. 

Para los trabajos de canalización y alcantarillado, habían efectuado estudios la extinguida Junta del Agua Potable de Quito, el Ministerio de Obras Públicas y el Municipio de Quito. La Junta creyó conveniente aprobar el estudio del ingeniero W. Schoeter.

El 25 de Agosto de 1921, se firmó el contrato, para la canalización de una sección de la ciudad, comprendida entre las calles Olmedo, Cuenca, Rocafuerte y Flores, incluyéndose además la canalización de la calle Guayaquil hasta la calle Elizalde y de la calle Maldonado hasta el puente sobre el río Machángara que debía estar terminado antes del 24 de mayo de 1922. A la misma fecha debía estar terminada la pavimentación de una sección de la ciudad. El valor del contrato de canalización fue de 390.843 sucres.

En 1921, se licitó la obra de pavimentación de la ciudad; a la licitación concurrieron el Ing. Manuel A. Navarro, quien presentó el sistema bitulitico y otras firmas que abogaban por la colocación de adoquines. Luego de un informe del ingeniero Ernesto Franco se aceptó y así el 21 de abril de 1921, se aceptó la propuesta del Ing. Navarro. Debía hacerse la pavimentación de la ciudad con hormigón asfáltico según el procedimiento de la casa Warren Bross Company firmándose la respectiva escritura. 

Debía pavimentarse una superficie de 150 000 metros cuadrados. Se pagaría había 14 sucres por cada metro de pavimento, siendo por lo tanto el valor del contrato de dos millones, cien mil sucres, con la obligación de dejar toda la maquinaria y herramienta y más accesorios en beneficio de la junta. Además, el contratista garantizaba que el material y la mano de obra sería de la mejor clase y que, además, el contratista se obligaba a reparar cualquier desperfecto o daño durante el plazo de cinco años contados desde la fecha de entrega.

Es natural que hubo problemas en los trabajos como los referentes a las tuberías de agua potable y, sobre todo, por los rieles de los tranvías eléctricos que circulaban en la ciudad. Se consintió en la en la colocación de postes que obstruían las calles y aceras con peligro para los transeúntes y pasajeros de los tranvías. El contratista debía entregar 50.000 metros pavimentados antes del 24 de mayo del 1922.

La pavimentación debía cubrir las siguientes calles, reemplazando el antiguo empedrado: Avenida 24 de mayo entre las sección Imbabura y García Moreno; García Moreno entre 24 de Mayo y Olmedo; Venezuela entre Rocafuerte y Olmedo; Guayaquil de Rocafuerte a la Alameda; Maldonado entre Rocafuerte y puente sobre el Machángara; Rocafuerte entre García Moreno y Maldonado; Bolívar entre Cuenca y Flores; Sucre entre Cuenca y Guayaquil; Bolivia (hoy espejo) entre García Moreno y Flores; Chile entre Cuenca y Flores; Mejía entre García Moreno y Guayaquil; Olmedo entre García Moreno y Guayaquil; Flores entre Rocafuerte y Chile; Plaza de Santo Domingo entre Rocafuerte y Chile y Cuenca entre Chile y Bolívar.

El Congreso de 1921 constituyó la junta con nuevos miembros. 

Como obras a efectuar también se consideró la rectificación de la Avenida Colombia, para la regularidad y ensanche de la calle. Debía hacerse la expropiación de los terrenos necesarios, la construcción de una gradería que ponga en comunicación la calle Arenas con la Benalcázar.

Se consideró la realización de obras indispensables para el embellecimiento de la entrada sur de la ciudad mediante el ensanche de la carrera Maldonado, desde el puente del Machángara hasta el Parque Centenario, a expensas de una faja perteneciente al huerto del convento del Buen Pastor; el arreglo de las aceras de las casas frente al Parque La Recoleta. El empedrado de la avenida 18 de septiembre, hoy 10 de agosto, desde El Ejido hasta la avenida Colón y la construcción de dos acueductos que cruzan dicha avenida. La nivelación de la calle Vargas con un costo de 5.000 sucres, el relleno del hueco de la quebrada Jerusalén para la canalización del puente de los Gallinazos. 

El costo de estas obras ascendió a 1'100.000 sucres. 

Luego, la Junta entró a considerar el programa de las fiestas. Se acordó la acuñación de medallas conmemorativas de las fiestas. Se contrató con el artista Luis F. Veloz la restauración de 500 cuadros de las iglesias y conventos de San Agustín, San Francisco y la sacristía de la iglesia de Guápulo. 

El contratista comenzó su trabajo en la sala capitular de San Agustín. Con el artista Antonio Salgado se contrató la construcción de una fuente con la escultura La Insidia a colocarse en el parque de Mayo. Se acordó la realización de una gran exposición de artes e industrias a presentar en los pabellones del nuevo hospital civil (hoy Eugenio Espejo que no se inauguraba).

Foto: archivo particular. 





domingo, 18 de mayo de 2025

Historia de Quito: el negro Ceferino Congo


El negro Ceferino Congo 

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

La real orden mercedaria tiene en sus páginas de recuerdos hechos gloriosos. Es redentora de cautivos, según su fundador San Pedro Nolasco. Fray Hernando de Granada fundó la primera escuela para niños en esta ciudad, ya con el apoyo de su amigo, Sebastián de Benalcázar. 

En épocas de la guerra independencia y sobre todo la Batalla de Pichincha, jugó un rol importante. Por primera vez, flameó el tricolor nacional en las torres El Tejar que guarda el recuerdo del Padre Bolaños.

Se cuenta que el padre Leopoldo Roldán Cajas al visitar el pueblito de Perucho, le dieron una agradable sorpresa al regalarle un negrito del Chota, al que le pusieron el nombre de Ceferino Congo. El negro Ceferino era un muy reconocido en Quito. Usaba lentes era alto y fornido.

El negrito resultó mudo, pero vivo, despierto, servicial e inteligente. Todo lo que le enseñaba el Padre Roldán aprendía sin dificultad. Al regresar el Padre Roldán de un viaje que había realizado a México, le sorprendió la muerte y el pobre negrito perdió a su querido patrón. Era apreciado en la comunidad. 

Ceferino Congo fue encargado de dar cuerda al reloj de la torre de La Merced que fue traído por el Padre Alban hace siglo y medio. Además se encargaba de la iglesia para las misas y honras fúnebres, Ceferino regulaba el reloj cuando se cuando se atrasaba subiera la torre estaba el pabellón y bajaba también la bandera pero previamente izaba el tricolor nacional.

Iba a la biblioteca, a la magistral biblioteca de la orden, cogía un libro lo hojeaba y luego lo aprobaba con la cabeza, como diciendo es muy bueno.

Ceferino dejó gratos recuerdos.

En la Orden Mercedaria de la época no puede olvidarse al padre Joel Leonidas Monroy, cuencano, venerable sacerdote, autor de importantes obras de carácter histórico y promotor de la coronación de Nuestra Señora de la merced de Quito. A la época puede recordarse a los padres Juan Ignacio Moreno, Francisco Rueda, Coronel, Calderón, Guillermo y Benjamín Bravo Cabrera, y últimamente los padres Luis del C. S. Acuatias, Visitador, Santamaría, Cadena y al dinámico Padre Octavio Proaño. También es notable el Padre Pedro Armengol Villafuerte.

No puede olvidarse en esta pequeña crónica a un antiguo educador, el hermano Valenzuela, y sus compañeros Maldonado, Egas, Benigno Mejía, todos fallecidos.

Igualmente, se recuerda que el negrito Ceferino Congo, un buen día, se presentó en la iglesia vestido de blanco para que le den la primera comunión. Era muy diligente; hacía mandados; recorría el convento, ayudaba en la cocina.

Despertaba admiración, pues por sus formidables fuerzas y solito replicaba la gran campana de la Virgen, moviendo el gran badajo. Se relata que esta campana fue una de las tantas revoluciones que hemos tenido y perdió su gran sonoridad.

Se aclara que Congo tenía buena vista, pero le gustaba usar anteojos y salir con buche a la calle. Saludaba con todos y a todos. Les daba la mano demostrando gran sociedad lo que hacía que todos lo quisieron. 

Cuando el negrito Ceferino enfermó y y murió, su fallecimiento fue muy sentido y constituyó una grave pérdida para la comunidad mercedaria, pues era un útil y abnegado servidor.

Foto: archivo familiar. 

domingo, 11 de mayo de 2025

Historia de Quito: crónicas humorísticas-La Tela de Araña 1925-26


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio. Una crónica sobre la historia de Quito.

Crónicas humorísticas-La Tela de Araña 1925-26

Quito atravesaba el primer cuarto de siglo. El 9 de julio de 1925, la liga de militares jóvenes dio al traste con el gobierno para "terminar la tiranía bancaria", especialmente del Banco Comercial y Agrícola apresando a su gerente don Francisco Urbina Jado. Se formó la Junta de Gobierno integrada por eminentes ciudadanos: Luis Napoleón Dillon, Modesto Larrea Gijón, José Rafael Bustamante, Francisco Arízaga Luque, Pedro Pablo Garaicoa, Francisco J. boloña y el general Francisco Gómez de la Torre, para las diferentes carteras.

Se inició la reforma tributaria y se decretó la creación del Banco Central, pero la Junta cayó. Se formó la Segunda Junta de Gobierno compuesta igualmente por valiosos y prestantes elementos tales como Humberto Albornoz, Julio Moreno Peñaherrera, Homero Viteri, Isidro Ayora y Adolfo Hidalgo Nevares. 

En abril de 1926, el doctor Ayora fue llevado a la presidencia por la junta militar presidida por el comandante Juan Ignacio Pareja e integrada por el teniente coronel Telmo Paz y Miño, mayores Federico Struve, Sierra Paredes, Morán Estrada, capitán Alfaro del Pozo

Vino la misión Kenmerer e inició una era de verdaderas reformas.

Un recordado periodista, don Leonardo Echeverría, quien en 1917 publicara La Langosta inició la publicación del periódico que llevaba el título de Tela de Araña. 

En las páginas del periódico existen sabrosas crónicas. Una de ellas en verso y que se refiere a la época abril de 1926, y dice:

Hablemos de modas 

De moda, alzarse el traje
de moda, los ternos todos
de moda al hacer un viaje
a Telaraña las moscas 

Y aquí vienen las chiquillas,
con cuartillo de vestidos
enseñando las rodillas
a buenos y corrompidos.

Y a unas viejas pretenciosas
con sus canillas agudas
haciéndose las donosas
y un tanto desvergonzadas
y hasta las viejas han visto
al ver pasar una guambra
él pasa muy tiesa y muy lista
le dicen con ira: samba...! 

De moda está el socialismo
de moda, la Misión Kenmerer
de moda, el bolcheviquismo
de moda siempre el querer 

Lo que ya pasó de moda
fue el botón Córdoba y sus ministros
pues hicieron buena poda
los militares más listos

Y entraron de moda aquellos
y de moda sigue siendo
para esposas guapas, bellas
y si llevan muchas estrellas.
Lo que la moda ha empezado
en hacer locas de amor
a toda Eva que ha llegado
a saborear el tambor.

Luego hay la letanía a San Isidro ayora. dice así:

Oh glorioso Isidro Ayora!

Dad a los oportunistas
el aviso de que aún no es hora.
Si te acosan muchos canes
soltad a los edecanes.

Y si alguien mucho ha llorado
hacedle que le consuele
tu secretario privado

San Leonardito Palacios
impide tú los ascensos
de los pelos muy lacios 

Y si más te piden la toga
haz que pasen por la vista
de Ángel Isaac Chiriboga 

Si Carlitos Ordeñana
obliga a tus empleados
que vayan más de mañana.
Si una maestra llora a mares
entrégale al calladito
a José María Suárez 

Si Homerito Viteri Lafronte
te tira del consulado
mándale que se consulte
con Carlos Manuel Larrea 

Si Pedro Pablo Egüez
todos te agradeceremos
la energía que despliegues
si de tu agrado no sea
algún director de diario
será Valverde Rumbea
San Julito Moreno
o todos los pícaros
ordénales pongan freno.
Y si acaso no pudiera
amonestar le toca
a Isaac J. Barrera

Y San Pedrito Núñez
a los que suben el cambio
recórtales las uñas
en tu puesto eres el rey
por lo tanto mándales a ahorcar
con Manuelito Stacey.

San Lino Cárdenas, dile
a Santa junta de Beneficencia
que en arriendos se estire

San Enrique Bustamante
el más alegre milagrero
deja de ser tunante
sólo así tu secretario
en todos los matrimonios
vestirá escapulario. 

San Guillermito Burbano
pon mordaza a las placeras
como hombre, no como hermano.
Más si no puedes hacerlo
descarga tu poderío
en el audaz Jorge Merlo.

 Oh santos descoyuntados
Oh tenientes políticos
del todo necesitados
rogad que haya matrimonios
de bocas pintadas
y pocas feas con moños
para que así seamos dignos
de alcanzar vuestras promesas.
Amén. 

Para entender la letanía, se hace indispensable conocer la nómina de alto de los altos funcionarios de la época: presidente-dictador, Dr. Isidro Ayora. Ministro de Gobierno, Julio E. Moreno P.; subsecretario, Isaac J. Barrera; ministro de Relaciones Exteriores, Homero Viteri Lafronte y subsecretario, Carlos Manuel Larrea. Ministro de Instrucción Pública, Carlos Ordeñana y subsecretario José María Suárez M. 

Ministro de Previsión Social, Pedro Pablo Egüez y subsecretario, Luis Valverde Rumbea. Ministro de Defensa Nacional, Leonardo J. Palacios y subsecretario coronel Ángel Isaac Chiriboga Navarro. Secretaria privado de la Presidencia, Julio Endara M., ministro de Hacienda, Dr. Pedro L. Núñez y subsecretario Manuel Stacey.

Director de la Junta de Asistencia Pública, doctor Lino Cárdenas, director de Registro Civil, Enrique Bustamante L., intendente general de Policía, coronel Guillermo Burbano Rueda y secretario, licenciado Jorge Merlo.

Crédito de la foto: archivo particular.
Pie de foto: la Plaza Grande antes de la instalación del monumento de la Independencia. Tiene abundante vegetación y árboles. Al fondo, el Palacio de Carondelet.  

lunes, 5 de mayo de 2025

El Teatro Nacional Sucre


 Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio 

En el Centro Histórico de Quito, Centro Colonial, se yergue el Teatro Nacional Sucre, escenario de grandes presentaciones artísticas y culturales, de antiguos debates universitarios estrictamente académicos e inolvidables veladas.

Desde los tiempos de la colonia, muy grande ha sido la afición de la sociedad quiteña por las presentaciones dramáticas. A ellas concurría lo más granado de la ciudad y se realizaban cuando se celebraba el nacimiento de algún príncipe, se alzaba la bandera por el Rey o se trataba de la premiación solemne a fin de cada año en los colegios que los había muy pocos. Las piezas elegidas cuando no eran de Lope de Vega o Tirso de Molina (Gabriel Telles) se referían a lo divino y las más de ellas sabían a autos sacramentales que se llevaban a cabo en la sala de San Luis o el Convictorio de San Fernando.

Ha quedado para la historia del recuerdo de la función que prepararon los próceres de nuestra independencia y que juzgaron adecuadas como La Araucana y el Catón de Utica, velada que se llevó a escena en el convictorio de San Fernando (hoy colegio de los Corazones) y que cayó bien en el ánimo de los quiteños que ya soñaban con la emancipación.

Hay que recordar que, en los primeros años de la República, visitaban de vez en cuando la capital y el puerto de Guayaquil afamadas compañías extranjeras que no tuvieron éxito y cosecharon únicamente admiración y aplausos.

El Congreso Extraordinario de 1867, reunido en Quito y presidido por el doctor Manuel Angulo proscribió corridas de toros y declaró atribución de los municipios la construcción de teatros en el territorio de las municipalidades La primera disposición se cumplió estrictamente con la entrega que caracterizaba al gobierno de entonces, de García Moreno. Lo segundo se lo realizó la entidad municipal.

En marzo de 1877, el ministro de lo interior, don Pedro Carbo, aprobó a nombre del gobierno de los estatutos de la sociedad La Civilización, formada por hombres cultos de la época y le concedió el terreno y la casa de la carnicería, para que allí se construya un teatro en el plazo de dos años.

Habían transcurrido siete meses cuando un nuevo comité compuesto por los jóvenes liberales entusiastas, con Luis Salvador que representaba como delegado del Ejecutivo, procedió a la demolición de una vetusta galería que fue construida por el presidente de la Real Audiencia, Villalengua, para que desde allí se presencien las lidias de toros.

En el periódico El Fénix, se burlaban de este proyecto de teatro para la juventud.

En 1880, se dio principio a la construcción del teatro mediante un contrato celebrado entre el gobierno del general Ignacio de Veintimilla y Leopoldo Salvador.

En 1887, nuestro historiador Don Pedro Fermín Cevallos anotaba que el sólido y gran Teatro Nacional se hallaba concluido y que Su costo era de ciento once mil sucres. La construcción había durado 7 años.

SOLEMNE INAUGURACIÓN

La solemne inauguración se llevó a cabo el 15 de noviembre de 1887, a las ocho y media de la noche, con la actuación del célebre pianista de París, capitán Voyer. El himno nacional fue ejecutado por la orquesta y banda de Artillería. El programa desarrollado fue el siguiente: 

1.- Marcha Indiana arreglada para el piano por el capitán Boyer.

2.- Estudios en La Menor de Thelberg.

3.- Sonámbula de Thelberg y un Allegro en La Menor con acompañamiento musical de gran orquesta.

Por el escenario del Sucre han desfilado célebres cantantes de ópera, actores dramáticos y cómicos, operetas, zarzuelas y compañías de renombre.

En una crónica corta como ésta, no podemos olvidar el gran papel del tramoyistas, utileros y de una gran cantidad de actores y gente de teatro que trabajaban tesoneramente para deleitar al público y también para ilustrarlo, pues el teatro es el medio de arte y cultura.

En el sucre se han presentado, entre otros artistas, pianistas de la talla de Arturo Rubinstein, bailarinas como Carmen Amaya, balletistas como Tamara Toumanova.

Por allí también ha desfilado conjuntos y artistas ecuatorianos como la recordadas compañías de Marina Moncayo y Marco Barahona, Telmo Vásconez, Tita Merizalde, Leonardo Páez, Eduardo Albornoz, María Victoria Aguilera, el popular y querido Ernesto Albán Mosquera que está celebrando sus bodas de oro de vida artística, Carlota Jaramillo de Araujo y una interminable lista de artistas nacionales que han cosechado muchos triunfos artísticos.

En 1900, hubo necesidad de efectuar formales reparaciones en el Teatro Sucre y el General Eloy Alfaro, Presidente de la República, dispuso que se contratase con el mismo arquitecto que trabajó los planos del Teatro las reformas indispensables. Cambió el techo; puso un cielo raso con armaduras y cubierta de hierro y acero y varió el piso de la platea con la suma de cinco mil sucres. Se pidió a Europa los mejores asientos.

En la presidencia de Galo Plaza Lasso, siendo ministro de Educación y subsecretario los licenciados Gustavo Darquea Terán y Humberto Vacas Gómez, respectivamente, se procedió la remodelación del hermoso teatro, bajo la dirección del director de Construcciones Escolares, Ing. Eugenio Klein. 

Con gran dirección y técnicas se hicieron trabajos de cambios en el cielo raso, pisos, escenario, cambios de asientos de butaca, arreglo de galería, hall de entrada, dotándole de gran belleza, hermosura y comodidad dignas del primer teatro de la capital.

Fotografía: archivo particular. 

martes, 29 de abril de 2025

Historia del Ministerio de Educación


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

A lo largo de la vida republicana, la educación ha sido uno de los principales campos de acción de los gobiernos ecuatorianos.

Se debe recordar que, el 13 de mayo de 1830, las corporaciones y los padres de familia resolvieron constituirse en Estado libre e independiente. El 11 de septiembre del mismo año, se reúne el Congreso Constituyente en Riobamba y nombra presidente del nuevo Estado al general Juan José Flores.

Uno de los decretos importantes, aprobados por esta primera Asamblea Constituyente, declaraba: "La capital del Estado Ecuatoriano será siempre e irrevocablemente la ciudad de Quito". Se eligió también para Vicepresidente de la República al brillante patriota y excelso poeta guayaquileño, José Joaquín de Olmedo Maruri.

El presidente Flores, de acuerdo con la Constitución aprobada, Art. 38, estableció un Ministerio de Estado dividido en las Secciones de Gobierno Interior y Exterior y de Hacienda. El despacho de Guerra y Marina se puso a cargo del Jefe de Estado Mayor del Ejército. El 23 de septiembre se nombró para Ministro Secretario del Despacho al Dr. José Félix Valdivieso. Se hizo cargo del portafolio el 15 de noviembre, fecha que estuvo al frente el doctor Esteban Febres Cordero, Secretario General.

Por decreto del 3 de noviembre de 1831, el presidente Flores creó el Ministerio de Hacienda. 

De acuerdo con la Constitución Política de 1835, Art. 69, se establecieron tres ministerios de Estado: De lo Interior y Relaciones Exteriores, de Hacienda, Guerra y Marina.

Durante la vida republicana, han prestado la mayor atención al desarrollo de la educación los regímenes de Rocafuerte, García Moreno, Eloy Alfaro y Leonidas Plaza Gutiérrez.

El Ministerio de instrucción pública aparece como tal en los comienzos de este siglo.

La Asamblea Constituyente, reunida en 1897, (luego de la transformación liberal, 5 de junio de 1895), con fecha 1 de junio, creó el Instituto Nacional Mejía con las secciones de primaria secundaria y normal.

En 1901,se crean en esta ciudad los institutos pedagógicos para señoritas y varones, los normales Juan Montalvo y Manuela Cañizares de relevante servicio a la educación ecuatoriana durante 75 años.

Al frente del Ministerio de Instrucción pública vemos al comienzo del siglo al doctor José Peralta como uno de los ministros más destacados del régimen liberal y que luchó ardorosamente por la implantación de laicismo. Hombres eminentes, educadores de fuste, ilustres escritores, periodistas han desfilado por el ministerio, realizando una labor altamente beneficiosa y positiva para el país y dejando una huella luminosa.

Los 82 ministros de Educación por orden cronológico son los siguientes: Dr. José Peralta, Dr. Julio Arias, General Julio Andrade, Luis A. Martínez, Dr. Ángel Espinosa, general Julio Román, Dr. Francisco Martínez, Dr. Alfredo Monge, Dr. César Borja, Dr. Alejandro Reyes, Dr. Carlos Rendón Pérez, Dr. Carlos R. Tobar, Dr. León Becerra, Luis Napoleón Dillon, Dr. Manuel María Sánchez, Dr. Carlos Tobar y Borgoño, Rafael Pino Roca, Dr, Manuel Eduardo Escudero, doctor Pablo A. Vasconez, Dr. Francisco Arizaga Luque, Dr. Alfonso Hidalgo Veneres, Dr. Homero Viteri Lafronte, Dr. Carlos Ordeñana, Dr. Daniel Córdova Toral, Dr. Manuel María Sánchez (segundo periodo), Dr. Ángel Modesto Paredes, Dr. Francisco Pérez Borja, Dr. Manuel Cabeza de Vaca, Dr. Manuel Benjamín Carrión, Dr. Leopoldo Izquieta Pérez, Dr. Catón Cárdenas, Dr. Aquiles Rigail, Luis F. Villamar, Dr. Antonio Parra Velasco, Dr. Franklin Tello. Dr. Carlos Hurtado Flor, Dr. Reinaldo Espinosa, Carlos Zambrano Orejuela, Dr. José A. de Rubira Ramos, coronel Guillermo Burbano Rueda, general Marco de León, coronel Francisco Urrutia Suárez, Dr. José María Estrada Coello, Guillermo Bustamante, Dr. Abelardo Montalvo, Dr. Carlos Pérez Sánchez, Dr. Alfredo Vera, Jaime Chávez Ramírez, Marco Tulio González, ingeniero Pedro Pinto Guzmán,  Dr. Alfonso B. Larrea, Dr. Miguel García Moreno, Lic. Gustavo Darquea Terán, Dr. Carlos Cueva Tamariz, Fernando Cháves,  Dr. Ricardo Martínez Cobo, Dr. Alberto Cordero Tamariz, Dr. Alfonso González, ingeniero José Pons Vizcaíno, Dr. Enrique Arroyo Delgado, José Luis Alfaro Bahamonde, Dr. José Vaquerizo Maldonado, Dr. Leonidas Ortega Moreira, Dr. Sergio Quirola Alarcón, Dr. Gonzalo Abad G., Lic. Humberto Vacas Gómez, Dr. César Jaramillo Pérez, Dr. Luis Monsalve Pozo, Dr.  Carlos Larreátegui, Dr. Fabián Jaramillo Dávila, Dr. Cicerón Robles Velázquez, Dr. Hugo Larrea Benalcázar, Lcdo. Alfonso Arroyo Robelly, Dr. A. Solórzano, Dr. Francisco Jaramillo Dávila, Dr. Luis Pachano Carrión, general Vicente Anda Aguirre, general Guillermo Durán Arcentales, general Gustavo Vásconez y Vásconez, general Fernando Dobronsky Ojeda y actual Dr. Galo García Feraud.  

El Magisterio ha ido obteniendo muchas conquistas: Ley de Escalafón y Sueldos, Ley de Cesantía y una positiva mejora, el Convenio de Jubilación Especial, (1964), siendo ministro del ramo el  Lcdo. Vacas Gómez.

La labor ha sido ardua y difícil, sobre todo por los pocos recursos que significa la educación. Sin embargo, se ha hecho mucho. Campañas de alfabetización, construcciones escolares y equipamiento de los planteles respectivos. Afanes de reforma educativa. El panorama ha cambiado mucho y hoy con gran orgullo vemos cómo se han sembrado escuelas y colegios en diferentes regiones de la República. Antes había que castigar, multar para que manden a los niños a las escuelas. Hoy se considera un privilegio ser aceptado en los establecimientos de educación. Los tiempos y las mentalidades cambian.

Foto: archivo particular. Es la antigua casa del expresidente de la República, Gabriel García Moreno, en donde funcionó por varios años el Ministerio de Educación. En 1998, la Dirección Provincial permanecía allí. Actualmente, ese inmueble es patrimonial. El hijo de Gabriel García Moreno vivió allí hasta 1931. La vivienda es de estilo neoclásico. El Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) busca que en esa casa se instale el Archivo Histórico de la Ciudad. La casa se localiza en las calles Rocafuerte y Guayaquil, frente a la Plaza de Santo Domingo. 

sábado, 19 de abril de 2025

Los viejos hospitales de Quito


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio 

La Real Audiencia de Quito comprendía más de un millón de kilómetros cuadrados. Fue nombrado primer presidente el licenciado Hernando de Santillán, hombre muy culto, graduado en una de las principales universidades de España. Era arrogante y terco. En cambio era de noble corazón, defensor de indios y pobres. Por estas razones, fundó la Cofradía de la Caridad y más aún, el 9 de marzo de 1565, inauguró el primer Hospital para blancos e indios, llamado de la Santa Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo. Es el viejo Hospital San Juan de Dios.

Según Gualberto Arcos y Enrique Garcés, las enfermedades azotaron con furor monstruoso durante la colonia: viruelas, tabardillo, flujos, anginas, cámaras, alfombrillas, fiebres con manchas. Claro, por la mitad de la calle corría el caño. La Universidad estaba en la Colonia llena de teólogos y jurisconsultos. Pocos médicos. En aquella época, se cobraba dos reales por una sangría. Un real, los barberos, por sacar una muela. Las recetas: para el tabardillo, hoy enfermedades gastro intestinales. A la disentería o diarrea llamaban guicho, si era gente del pueblo y para los nobles: cámaras. En 1597 se hacía el contrato para la atención con el primer médico, Dr. Adolfo Valdez y luego en 1601 con el doctor Fernando Meneses. En 1645, con el presbítero doctor Iván Navarro y con el doctor Juan Martínez de la Peña, quien atendió a Mariana de Jesús Paredes y Flores, Azucena de Quito, practicándole sangría y salvándole de la muerte, en una terrible epidemia de la época. José Mejía Lequerica, cuñado de Espejo, también a fue médico.

La farmacopea es curiosa y así se recetaba caldo de polla ronca. La tela de cordero para curar la hernia; para las calenturas, llantén con cebada, aguacate machacado. Había muchos curanderos empíricos.

Se inauguró el Hospital Eugenio Espejo u Hospital Civil, el 24 de marzo de 1933, con asistencia del presidente de la República, Juan D. Martínez Mera. La Justa de Asistencia Pública se hallaba integrada en este año por el Director, Dr. Augusto Egas y las señores Ing. Carlos Freile Larrea, Dr. Julio Endara, Dr. Eustorgio Salgado, Nicolás Delgado, Manuel Mena Caamaño. Miguel Ángel Álvarez; Dr. Leoncio Patiño, asesor jurídico; Leonardo Ponce, Tesorero y Secretario, Dr. José Alejandro Calisto. Abría sus puertas 368 años después de fundado el Hospital San Juan de Dios.

El General Eloy Alfaro, por decreto expedido el 22 de junio de 1896, creo en Quito la Junta de Beneficencia. Estuvo constituida por Carlos R. Tobar, Modesto Sánchez Carbo, Juan F. Game, Dr. Manuel María Bueno, Edmundo Cateford, Amable Enríquez Ante, Joaquín Gómez de la Torre, Genaro Larrea, Ramón Patiño, Dr. Alejandro Cárdenas, Pablo Chiriboga, Augusto Kisarenmacher, Juan José Narváez, Alejandro Reyes, Ludovico Sedestrol y Dr. Pablo A. Vásconez.

El primer empeño de Alfaro y de sus ministros, Dr. Abelardo Montalvo y Agustín Yerovi, fue el de construir un nuevo hospital en Quito que reemplazara al viejo y colonial San Juan de Dios. Con tal fin, el 23 de mayo de 1901, se puso la primera piedra con asistencia del vicepresidente de la República, Dr. Carlos Freile Z., el Dr. Felicísimo López, Ministro de Estado y numeroso público, en el lote que fue adquirido en 1898. Era el mayor late ya que posteriormente fueron adquiridos otros. Este primer lote costó 10.500 sucres vendido por Buenaventura Malo y Valentina German. Los otros lotes fueron comprados a Benjamín Piedra, Dr. Alejandro Romo Leroux y otros por un valor total de 43.905 sucres. En la construcción del Hospital se invirtió 2'147.157 sucres.

En 1912, luego de adquiridos nueve lotes, se inició la construcción con los planos del Arquitecto Francisco Smith. Pero no se logró mayor progreso. En 1914, se resolvió continuar los trabajos por parte de la Junta, previos los planos de los arquitectos Guillermo Shaeter y Auguste Ridder.

Para los trabajos, el Banco del Pichincha hizo un préstamo de 125.000 sucres.

En 1919, la Junta de Beneficencia logró acumular dinero con el producto de los arrendamientos de los predios de la Junta, y en 1921 se reiniciaron los trabajos. Desde 1929 se trabaja intensamente y se empieza el equipamiento del Hospital. La superficie total es de 240.000 metros cuadrados. En este local se efectuó, en 1922, la Gran Exposición Industrial con motivo del Primer Centenario de la Batalla de Pichincha.

El Ministerio de Salud pronto iniciará la construcción del Hospital de Especialidades Eugenio Espero con un costo de 1.000'000.000 de sucre para 500 camas. Igualmente, se inaugurará el Hospital del Sur Enrique Garcés. También estará funcionando el Hospital Pablo Arturo Suárez al norte de la ciudad. El Dr. Suárez fue un gran higienista y Rector de la Universidad Central.

Foto: Pacientes del antiguo Hospital San Juan de Dios / Quito Informa

 

lunes, 31 de marzo de 2025

Postrimerías del siglo XX

 


Por Bolívar Bravo para EL COMERCIO

Durante la vida republicana, nuestra patria ha sido asolada por las revoluciones muy cruentas y por las pestes. En la Colonia, fueron los terremotos y las invasiones de los piratas. Cada época tiene su plaga. A veces, las revoluciones no tienen justificaciones. Los pueblos se cansan de las dictaduras y de los abusos del poder.

Contra el general Ignacio de Veintimilla, cuya única obra que parece recordarse es la construcción del Teatro Nacional Sacre, el país emergió y vino la restauración. En la defensa de Veintimilla, el Capitán General, emerge valerosa la figura de Marieta, su sobrina.

Por aquel entonces, no había Registro Oficial. Se publicaba El Nacional. En sus páginas constan todos los manifiestos de los pueblos del Ecuador a favor del nuevo orden. Caído Veintimilla, luego de combatir a sangre y fuego, se funda en esta ciudad el gobierno Provisional integrado por los generales José María Sarasti y Agustín Guerrero, Pedro Ignacio Lizarzaburo, Rafael Pérez Pareja, Pablo Herrera el académico de la Lengua, Vicente Lucio Salazar, a quien se le encaras la Cartera de Hacienda y se nombra como Subsecretario al doctor Gabriel Jesús Núñez.

Luego de la restauración de los ataques de que fuera víctima la Institución, alma mater de la cultura, se nombre como rector al doctor Camilo Ponce y vicerrector al doctor Camilo Egas.

Director General de Instrucción Publica al doctor Federico González Suárez, doctor historiador, y más tarde Arzobispo de Quito. Subdirector de estudios a Roberto Espinoza. No existe Ministerio de Educación. Al aceptar el cargo, el presbítero González Suárez expresa: Acepto el cargo no sólo por la importancia que tiene, sino como reconocimiento a la conducta a la que se ha hecho acreedora la juventud ecuatoriana, por su gallarda actitud en defensa de nuestras instituciones republicanas y patrias. Quito, febrero 13 de 1863.

En este año, vemos funcionando el Consejo Superior de Instrucción Publica que subsiste hasta 1926, cuyo Presidente era Modesto Espinosa y Secretario el doctor Manuel Baca.

Al dar cuenta de su gestión, González Suárez expresa en su informe que ha asistido a los exámenes del Colegio Nacional y de la Universidad y me encuentro satisfecho del rendimiento de los jóvenes. La juventud debe ser siempre estudiosa y cumplidora de sus deberes en forma estricta. 

En 1883, la Corte Suprema de Justicia se halla integrada por los siguientes magistrados: José María Guerrero, Vicente Nieto, Pedro José Cevallos, Antonio Muñoz y Fernando Pólit. Debe recordarse que Fernando Pólit fue presidente por algunas ocasiones del Concejo Municipal de Quito. Oficial Mayor fue Nicolás Melo y Secretario el doctor Vicente Mogro.

DIVISION TERRITORIAL

En este año, se da a conocer que la división territorial del Ecuador es la siguiente: Provincias de Imbabura, Pichincha, León, Tungurahua, Chimborazo, Azuay, Loja, Los Ríos, Guayas, Manabí y Esmeraldas. Región Oriental y Archipiélago de Galápagos.

Parroquias urbanas de Quito, capital de la República: El Sagrario, Santa Barbara, Santa Prisca, San Blas, San Millán, San Sebastián, San Roque y Chimbacalle.

MINISTERIOS DE ESTADO

Es interesante recordar lo que decía la Ley de Régimen Administrativo. Cada uno de los ministros secretarios de Estado obrará a nombre y por autoridad del Presidente de la República o Encargado del poder Ejecutivo  que es el órgano principal de la administración en general. 

Los Ministros de Estado eran (Art. 19) de lo Interior y Relaciones Exteriores, de Hacienda y de Guerra y Marina.

BANCOS DE QUITO

En Quito existía el Banco de Quito, cuyo capital era de 884 499 pesos. Estado consolidado a febrero de 1882, el Gerente era el doctor Pedro F. Cevallos; Cajero Pedro Quiñónez y Contador. H. Morales

En Guayaquil funcionaba el Banco del Ecuador. El Banco de la Unión de Quito tenía un capital de 1’ 186.304 pesos. El gerente general era Manuel Palacios; cajero, Enrique Hurtado.

Según un balance, las cuentas corrientes ascendían a 191 082 pesos y los billetes en circulación alcanzaban los 519.952 pesos.

La sal costaba ocho reales la arroba, 9 de julio de 1881. El 23 de mayo de 1883, por Decreto Ejecutivo, se incorpora la Biblioteca Nacional a la Universidad Central. 

ANALES DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL

Como un faro de luz y para la difusión de las letras y de la ciencia, en marzo de 1863, aparece el primer número de los anales de la Universidad de Quito. Esta valiosa publicación ha continuado y se tiene en archivos hasta el número 357.

En el primer número constan los discursos del Ministro de lo Interior, José Modesto Espinosa, literato de renombre; del doctor Camilo Ponce, Rector de la Universidad, de los estudiantes de las tres clásicas facultades de Jurisprudencia. Medicina y Ciencias, Pacífico Villagómez, Manuel María Casares y Pedro Antonio Guarderas, del doctor Julio B. Enríquez, Decano de Jurisprudencia, del doctor Carlos Casares, Profesor de Derecho Civil, de Don Manuel María Pólit, profesor de Lengua y Literatura francesa, más tarde Arzobispo de Quito. 

Además, artículos del doctor Ángel Polibio Chávez, Antonio Muñoz, Carlos Pérez Quiñónez, Teniente Coronel doctor Manuel Nicolás Arizaga, Ricardo Carrión, Adolfo Baquero Montaño, Eduardo Pérez Chiriboga y del doctor Luis Cordero, entre otros.

Crédito de la foto: archivo nacional. 

lunes, 24 de marzo de 2025

El monumento a los héroes del 10 de Agosto de 1809


Por Bolívar Bravo Arauz para la Sección del Recuerdo de El Comercio


Se refiere en las crónicas ya empolvadas por el tiempo que, en el año de 1757, según el Padre Juan Domico Coleti, que en la ciudad de Quito, Quitum o Quitoa, de donde toma el nombre toda la provincia y que está situada bajo la Línea Equinoccial, existe en el centro de la ciudad una Plaza Mayor que se abre en un cuadrado de trescientas brazas, de suerte que toda la circunferencia era de unas 1.200 brazas.

Los cuatro lados del mismo lo forman al oeste el Palacio llamado de la Audiencia, en donde reside el Presidente; al este el Palacio Obispal y otras casas que están al lado izquierdo; frente a este y al lado Sur, la Iglesia Catedral siendo su titular a San Pedro.

En la mitad de la plaza se halla una fuente de piedra que se asemeja a la piedra tallada llamada de Rignano en la Istria; no es un mal trabajo y en la cima de la pila hay un ángel dorado que arroja agua desde una trompeta que parece tocara.

Añade que la ciudad se halla dividida en siete cuarteles o parroquias que son: El Sagrario, San Sebastián, San Blas, Santa Bárbara, San Marcos, San Roque y Santa Prisca. Hay casas de religiosos que son: dominicanos, franciscanos, agustinos, mercedarios, jesuitas y betlemitas. Los primeros tienen la Casa Grande y los otros la Recoleta. Los betlemitas tienen a su cargo el hospital de enfermos que tiene dos salas: para hombres y mujeres. Así permaneció la Plaza Mayor, llena de fango, sin empedrar.

Han pasado los años y hoy admiramos en el centro de la Plaza de la Independencia, el más hermoso monumento de granito y bronce para honrar a los próceres que lucharon y se sacrificaron para prender la antorcha luminosa por la libertad, el 10 de agosto de 1809, a fin de darnos una patria libre y soberana.

LOS GESTORES

Las crónicas edilicias señalan que en el último lustro del siglo, surgió la noble y patriótica iniciativa del Cabildo de Quito de levantar un monumento digno de la honor y la gloria, el homenaje permanente y eterno a los próceres quiteños, por lo cual un notable grupo de ciudadanos constituyó el Comité respectivo presidido por doctor Dr. Carlos R. Tobar e integrado por el Dr. Lino Cárdenas, presidente del concejo Municipal de Quito, Genaro Larrea, Alejandro Saa, y Daniel Román. Posteriormente, entró a conformar el doctor Francisco Andrade Marín, brazo ejecutor del proyecto.

Debe recordarse que tanto el Dr. Carlos Tobar como el doctor Lino Cárdenas, fueron ministro de estado, y rectores de la Universidad Central.  El Dr. Tobar, recordado literato, escribió en 1895 un libro titulado: Relación de un veterano de la Independencia.

El Municipio de Quito destinó la suma de diez mil sucres, como aporte inicial para la obra. Para la gestión económica y recolección de fondos fueron encargados los señores: Dr. Modesto A. Peñaherrera, Neptalí Bonifaz, José Madrid y Juan Mortensen. Por excusa de dos de sus miembros fueron designados los señores Juan Manuel Lasso Ascázubi y Carlos Espinosa.

Se proseguían los trabajos con entusiasmo. Por eso es curioso anotar que el primer proyecto de monumento fue presentado por el artista J.B. Mincheti, afamado escultor italiano. Se hicieron consultas de precios a las casas White Bronze Monument de Filadelfia y Uchtrich de Alemania, pero se desiste de las propuestas.

Como pasa el tiempo, la ciudadanía quiteña reclama con insistencia por la ejecución del monumento, pues afirma que es imprescindible pagar una deuda de gratitud para los próceres quiteños.  Y para que se lleve a efecto, aprovechan de las sombras de la noche para derrocar la pila de la Plaza Grande y obligar a las autoridades a levantar el monumento.

Al fin se logra que se coloque la primera piedra, el 10 de agosto de 1898, en la presidencia del general Alfaro. En el acto solemne toman la palabra los doctores Carlos R. Tobar, Francisco Andrade Marín, el gran higienizador de Quito que hizo el relleno de la quebrada Jerusalén hoy la Avenida 24 de mayo.

Continúa la recolección de fondos mediante contribuciones voluntarias, y para acrecentar se organizan rifas y veladas; los municipios envían contribuciones y no llega la de Guayaquil.

En 1902 se abre en Europa un concurso en el que participan escultores y artistas de fama universal, con la intervención del Cónsul del Ecuador en París, doctor Víctor Manuel Rendón.

LOS PARTICIPANTES

Participan en el concurso: Bertholdi, autor de la estatua de la Libertad que se levanta en la entrada de Nueva York; Michelet, autor de los bustos de Olmedo y Montalvo; Dampt Bartholome, autor del momento de Parede Chasaime; Aube Eichemuller, autor del monumento de Gambetta en el Palacio de Louvre; Auban, autor de monumento de Garibaldi en Italia y varios otros.

En marzo de 1904, se efectúa una gran sesión ampliada del Concejo Municipal de Quito, bajo la presidencia del señor Genaro Larrea y vicepresidente señor Enrique Freile Z.; los concejales Ramón Calisto, Feliciano Checa, Andrés O. Orces, Rudolfo Riofrío, Daniel Burbano de Lara, Dr. Manuel Montalvo, Dr. Alejandro Reyes, y Leonardo Fernández Salvador, actuando de secretario Manuel María Guerra, los miembros del Comité 10 de agosto Pro Erección del Monumento, asesorados por los más notables ingenieros y arquitectos de la época y se resuelve  acoger y aprobar, por ser la más conveniente, la del escultor italiano Adriatico Frioli. Igualmente, se resuelve dirigirse al cónsul del Ecuador en Génova, Dr. Leonidas Pallares Arteta, para que suscriba el contrato por la suma de 200.000 sucres.

En esta ciudad, se firma el contrato con arquitecto Lorenzo Durini, para el monumento.

Se hace un detallado estudio de los relieves que deben ir en el monumento, en el pedestal. Igualmente, se aprueba que debe llamarse próceres y se resuelve que junto a éstos debe ir el nombre de Manuela Cañizares.

El monumento trabajado por Frioli, llega a Guayaquil el 2 de febrero de 1906. Los nombres de los próceres que consta en la placa son los siguientes:

Álvarez Gabriel, Álvarez Vicente, Angulo Miguel, Ante Antonio, Argote Ramón, Benavides Melchor, Ascázubi José, Castelo, Castelo Manuel, Correa, Cuero y Caicedo José, Checa, Donoso Manuel. En otra placa del lado norte del monumento constan los nombres del Dr. Francisco Javier de Santacruz y Espejo, Manuela Cañizares, Guerrero Juan José, Hurtado Martín, Jerez José, Larrea Manuel, Landáburo, Matheu Manuel, Miraflores, Salazar, Silva, Solanda, Bejarano Jacinto, Vélez Nicolás, Villa Orellana, Zaldumbide Jorge, Zambrano Manuel, Zea Francisco, Montúfar Pedro, Mosquera, Peña Nicolás, Pineda Antonio, Luis Rodrigo Saá.

En otra placa se señala: Nómina de los Próceres de la Independencia ecuatoriana alevosamente asesinados en su propia prisión el 2 de agosto de 1810: Albán José, Aguilera Nicolás, Arenas Juan Pablo, Ascázubi Francisco Javier, Melo Víctor, Larrea Juan, Cajías Manuel, Godoy, Mideros, Morales Juan de Dios, Oleas Atanasio, Peña Antonio, Quiroga, Riofrío José, Tobar José, Villalobos, Vinueza José. Las calles de la ciudadela Vicentina llevan los nombres de algunos de estos próceres y héroes.

ALEGORIAS

Corona el monumento Quito, Luz de América, una bella estatua con la antorcha de la libertad y luz. Al pie el león ibérico herido de muerte con una flecha, el águila de los Andes con las alas desplegadas y rotas las cadenas de la esclavitud, el Escudo de Armas de la República; las armas de la victoria, la cruz y los laureles del triunfo. En los bajos relieves, la sala Capitular de San Agustín en donde se suscribió el acta de la Revolución Patriótica del 10 de agosto de 1809. El otro relieve se refiera al asesinato de los próceres. Hay que recordar que la Plaza de la Independencia, hasta 1940, o sea hasta la Segunda Guerra Mundial, estaba rodeada de unas artísticas verjas de hierro con seis puertas adornadas con escudos. Por las noches se cerraban las puertas de la Plaza Mayor. Iguales verjas habían en la Alameda, y pequeñas verjas en los jardines de las plazas de Santo Domingo y La Merced de esta ciudad.

Fotos: archivo nacional. 




domingo, 9 de marzo de 2025

Los juegos infantiles, parte del folklore

 

Foto: Tomada del libro Los Sesenta de Luis Mejía

Por Bolívar Bravo Arauz para las Crónicas del Recuerdo de El Comercio

En la infancia hay recreaciones infantiles para pasar dulcemente las horas mediante variedad de juegos que se eje cutan acompañados de canciones sen cillas y tiernas. Estas canciones forman la base de nuestro folclore. Mucho y de estos juegos fueron trasladados de la Península y no carecen de originalidad.

Se puede evocar de los tiempos de la infancia, los goces infinitos de chapotear por las calles mojadas. En la ciudad acogedora y gentil, risueña y graciosa en la que llueve trece meses al año, según expresión popular.

Veíamos congregarse en los amplios patios de las casas, en los huertos perfumados y en las estrechas calles de una ciudad alumbrada por el farolito al conjuro de mil leyendas y tradiciones de una ciudad que soñaba con los fantasmas, duendes y aparecidos.

Los tiempos han cambiado al igual que la fisonomía de la ciudad y la forma tradicional y pintoresca.

De esos juegos de la edad dorada y feliz de la infancia, el más recordado es sin duda el juego de la Viudita Inquieta, en el que cogidos de las manos, con inmensa alegría expresado en los sonrosados rostros, mientras el viento agitaba las trenzas larguísimas de las niñas, o la melenita de los pequeños, al mismo tiempo que se sitúa en el medio una niña, los demás dan las vueltas cantando:

Hermosas doncellas

que al prado venís
a recoger flores
de mayo y abril 

La niña que hace el papel de viuda y que está en el centro del círculo, canta entonces sola:

Yo soy la viudita
del Conde Laurel.
Yo quiero casarme 
y no hallo con quien 

El coro infantil responde: 

Pues siendo tan bella
no encuentras con quien
elige a tu gusto 
aquí tienes cien

La viudita contesta:

Elijo esta niña
por ser la más bella
la blanca azucena
del todo el jardín

El coro responde otra vez:

Y ahora que hallaste 
la prenda querida
feliz a su lado 
pasarás la vida
contigo sí
contigo no
contigo viudita 
me casaré yo

Y en esas mismas noches, cuando oíamos absortos, de los labios de nuestras abuelitas, relatar los cuentos espeluznantes, sin pensar que algún día habíamos de escuchar reemplazados por las ondas milagrosas de la radio, el cine sonoro y la televisión, con ingenuidad repetíamos:

A la una... sale la luna
A las dos... suena el reloj
A las tres, sale el Andrés
A las cuatro, salta el gato
A las cinco, viene Jacinto
A las seis, juega Moisés
A las siete, el Diablo se mete
A las ocho, come tu bizcocho
A las nueve, nadie se mueve
A las 10:00, pasa el ciempiés

Después de la cena, venía la alegría desbordante y sincera, en medio de un claro cielo en noche de luna serrana. A veces, en las noches de invierno, obscuras y frías entonces, se repetía esta cantinela:

Agua, Señor de San Marcos
Señor de los charcos
para mi lindo traguito 
que está muy bonito 
para mi cebada
que está muy granada
para mi sandía
que está muy florida
para mi aceituna
que ya tiene una. 

Y amanecida plácida y risueña la vida de esta ciudad tranquila y solariega se oía esta simpática relación:

Cu-cu-cu-cu
cantaba la rana
debajo del agua
pasó un caballero
de capa y espada
pasó una señora 
de falda de cola
pasó un marinero
llevando un romero
le pedí un ramito
no me quiso dar
y entonces de rabia
me puse a llorar

Ráfagas heladas de verano o soles ardientes con nubes de polvo y besos de viento, invitaban al juego en las colinas cercanas. Se recuerdan los juegos que comenzaban así:

Buenos días su señorío
matantirum - tirulan
que quería su señoría
matantirulan

Otros juegos son: el yasta y otros.
Otro jueguito decía así:

Pin pin Serafín
cuchillito de marfil
manda la ronda que esconda este pie
tras la puerta de San Miguel
amén papel