jueves, 8 de abril de 2021

Convivir con el peligro junto al talud de la autopista General Rumiñahui

 En el barrio San José de Monjas Bajo aprendieron a vivir con el riesgo


Diego Bravo Redactor (I)


Las casas fueron construidas hace más de 40 años, cerca del talud de la autopista General Rumiñahui, en donde esta semana se produjeron deslizamientos de tierra por las intensas lluvias en la capital. 

 

Forman parte del barrio San José de Monjas Bajo, un populoso sector ubicado sobre la ladera, en medio de árboles y matorrales, a pocos metros de torres de alta tensión. 

 

El Gobierno de Pichincha declaró a esa vía en emergencia por 40 días, desde el 30 de marzo. El tramo Trébol-Intercambiador de la Simón Bolívar fue cerrado desde ayer, 2 de abril del 2021, a las 22:00, hasta las 05:00 del 5 de abril. En estos días se busca estabilizar el talud y evitar que la pendiente se venga abajo. El resto de días se trabajará desde las 10:00 hasta las 15:00.

 

Junto a dos casas, en la calle Línea Férrea, la maquinaria de esa entidad abrió un camino de tierra para que los obreros llevasen los materiales, limpiaran el lugar y cortaran los árboles que están a punto de caer. Ni las lluvias ni los relámpagos frecuentes asustan a esta vecindad. 

 

Están, como dicen, acostumbrados. Hace tres semanas, en la propiedad de Rosa Tupiza la fuerza del agua rompió las gradas que conectaban su vivienda con el terreno en el que siembra plantas. Antes, en esa cuadra había seis inmuebles, pero el Municipio desapropió a tres porque, debido al temporal, el alcantarillado colapsó y los destruyó. La casa de Tupiza es de cemento, tiene tres departamentos y fue construida a inicios de 1970 por su padre, que es albañil. Cuenta que hace cinco años cayó un fuerte rayo que dañó los electrodomésticos. 

 

Pese a los problemas, ella asegura que su propiedad es legal y solicita a la Alcaldía que les ayude con obras de alcantarillado. “Disfrutamos de la naturaleza, mi padre de 86 años sale a tomar aire puro”.

 

Bolívar Catota construyó su casa junto a la de Tupiza. Pidió a las autoridades que asfaltaran el tramo de la calle Línea Férrea ubicado frente a sus viviendas, el cual conduce a Luluncoto. Cuentan que allí funciona el Chaquiñán del Sur, pero no hay mantenimiento. Los vecinos ponen ripio para que los carros puedan pasar.



Con las lluvias de los últimos días, él teme que se produzcan más deslizamientos del talud. 

 

Luego del primer derrumbe, técnicos del Municipio y del Gobierno de Pichincha sobrevolaron la zona con drones para monitorear las condiciones del terreno y verificar el estado de las cunetas de coronación. 

 

Andrés Sandoval, coordinador de la autopista General Rumiñahui, explicó que las casas ubicadas junto al talud son seguras. Para César Díaz, secretario de Seguridad de la Alcaldía, es necesario evaluar la legalidad de los asentamientos situados cerca en donde se realizan las obras de mitigación. 

 

Acotó que hasta el momento, en el Distrito existen 72 zonas proclives a deslizamientos de masas y 78, a inundaciones, las cuales son vigiladas de forma permanente por los técnicos de Gestión de Riesgos. 

 

Entre tanto, otros vecinos de San José de Monjas Bajo también sufrieron afectaciones por deslizamientos en sus propiedades. La mañana del martes 30 de marzo, con una pala, María Robles retiraba la tierra que tapó el pozo de aguas servidas de su casa localizada en la calle Línea Férrea. 

 

Cuando hay lluvia, ella teme que se produzca un deslave de gran magnitud, porque el agua baja de las zonas altas del vecindario “como si fuera un río”. Por seguridad colocó un plástico sobre el talud de su casa para evitar que el agua filtre. 

 

Lo mismo hizo Fernando Escobar, quien vive y cuida la casa de su hermana radicada en EE.UU.; asegura que desde hace 20 años el barrio comenzó a poblarse y la situación se complica con las precipitaciones. Ahora, él espera que su hermana regrese a finales del 2021 para construir un muro, antes de que la lluvia afloje la tierra y haya una desgracia.


https://www.elcomercio.com/actualidad/barrio-monjas-riesgo-deslizamientos-quito.html



 

domingo, 28 de marzo de 2021

Miedo en los vecinos del barrio Puertas del Sol 2 en Carapungo

 

Foto: Julio Estrella

27 de marzo del 2021


Así se vive al filo del abismo en una zona de riesgo, en el norte de Quito


Diego Bravo C. 


Los vecinos del barrio Puertas del Sol, en Carapungo (norte de Quito) temen que las lluvias causen más derrumbes y la quebrada crezca y se lleve sus casas. Piden ayuda del Municipio. Aquí el testimonio de Estefanía Pabón: ​ 


Cuando mis papás compraron la casa en el barrio Puertas del Sol, en Carapungo (norte de Quito) hace 22 años, lo que más me gustaba era el enorme terreno en la parte trasera del lote. Había al menos 25 metros hasta la quebrada Carretas, donde podíamos correr y jugar con mis perros. Pero el paso de los años y de las lluvias ha hecho que ese barranco se vuelva una pesadilla. 


En invierno, el agua que baja de la parte alta de la zona va desgastando las laderas y llevándose poco a poco la tierra. Es como si la quebrada estuviese viva. Ya se devoró todo el terreno trasero, ahora amenaza con llevarse mi casa. La fuerza del agua hizo que se formara un socavón debajo de la construcción en la que vivo con mi mamá y mis tres hermanos. Pero no solo es eso, en la parte alta hay casas asentadas que lanzan sus aguas sucias a la quebrada y eso también nos afecta. 


El barranco tiene 38 metros de profundidad, por lo que salir al patio se volvió un riesgo no solo para nosotros sino para nuestras mascotas. ​ Yo rescato perros, los llevo a mi casa y los trato con amor. Ellos sienten cuando va a haber un deslizamiento y ladran. Se mueven de un lado a otro advirtiendo el peligro. Debido a la crecida del río y al desmoronamiento de las laderas, seis de mis mascotas han caído a la quebrada.

 

La única que ha logrado regresar es una gata que puede ver solo con un ojo. La bauticé como Valentina, por su valentía para sobrevivir. Por seguridad, construimos un muro lanzado y pusimos una cerca, pero el problema no se resuelve con eso. Hace 15 días, esas paredes comenzaron a cuartearse. No es solo el miedo de quedarte sin casa. Los olores son insoportables. 


Desde la ventana se pueden ver plásticos, basura y hasta excrementos, que muchas personas que viven colina arriba arrojan. Tenemos que cerrar las ventanas para que el hedor no entre a los cuartos. El problema no solo afecta a mi familia, sino a mis vecinos. Con ellos nos unimos para formar el colectivo Vigilantes de la quebrada Carretas, que actualmente tiene cientos de seguidores en Facebook, Twitter y Tik Tok. Allí publicamos información relacionada con el barrio. También abriremos una cuenta en YouTube para denunciar con videos. ​ 


Yo los represento y hago las gestiones para que el Municipio nos escuche y ayude. Estoy pendiente de dejar oficios, hablar con las autoridades, pero a ratos siento que todo es infructuoso. Soy comunicadora social especializada en el manejo de redes y producción audiovisual. Tuve que dejar mi trabajo para dedicarme completamente al colectivo. Somos decenas de hogares que convivimos con el peligro. Una familia vive arrinconada al fondo de su casa. Retiraron todos los muebles de la sala y los guardaron en una habitación porque temen que hagan peso y se hunda la construcción. 


Hace dos semanas, una señora me llamó desesperada para contarme que se produjo un deslizamiento y perdió parte de su terreno. Tuve que consolarle, darle ánimos y decirle que continuaremos luchando por proteger nuestros espacios, pese a las críticas y burlas. La emergencia más fuerte ocurrió justo hace un año, mientras descansábamos.  Poco antes de las 06:00 sentimos un sacudón en la casa. Al salir vimos una nube de polvo. El patio estaba en el aire. Me dolía no poder hacer nada. Solo me senté y lloré, no por el miedo sino por la impotencia. 


En el Municipio nos dijeron que debemos reubicarnos por seguridad, pero eso es imposible. No tenemos dinero para pagar la renta. En esta semana tuvimos la inspección de las autoridades municipales y nos dieron una solución. Es imposible embaular el caudal por los altos costos, pero hay un proyecto para interceptar las aguas servidas. Nos indicaron que comenzará a ejecutarse desde el 2022 y debemos esperar. Ahora buscamos que el Alcalde nos visite, constate los daños y declare a esta zona en emergencia. Ojalá lo haga, porque he dialogado con él y me ha dicho que tiene varias cosas que hacer. 


La autoridad 


El Municipio indicó que se está trabajando en la eliminación de las descargas directas a taludes en la zona. 


También en la impermeabilización de grietas y fisuras de las casas más afectadas. 


Además, hay un plan para que las casas en riesgo aprendan a manejar el agua lluvia.


https://www.elcomercio.com/actualidad/quito-quebrada-zona-riesgo-carretas.html