lunes, 24 de noviembre de 2025

El monumento al General Antonio José de Sucre


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio 

El monumento al Mariscal Antonio José Sucre tiene su historia, así como su vida gloriosa, útil e inmaculada, destrozada por la ingratitud de sus contemporáneos. También ha sido su monumento. Un estigma de fatalidad lo rodea. A cinco días de la de la Batalla de Pichincha, en memorable sesión del Ayuntamiento quiteño, se resuelve la colocación de los bustos de Bolívar y Sucre junto al emblema de la ciudad en la sala capitular de San Agustín.

En 1874, un afamado profesor de escultura, el español José González Jiménez, de la Academia de Arte de Roma, somete a consideración del Cabildo un conjunto trabajado en arcilla plástica que representaba el general Sucre levantando en sus brazos a una mujer yacente, la que en sus manos sostenía rotas una cadena. Fue aquella primera idea de una erección del monumento del héroe. Se exhibió al público y se contrató al artista la ejecución del monumento en 10 000 pesos.

El grupo debía tener dos metros de alto y el pedestal alto, un metro y ochenta centímetros y un segundo pedestal bajo, de un metro y quince centímetros. Los ángulos debían ser ocupados por cóndores. Había un legado inicial de 5 000 sucres donados por la hermana política del mariscal, doña Rosa Carcelén de Valdivieso

García Moreno, a la sazón del presidente de la República, hizo el ofrecimiento de entregar igual cantidad. Habían pasado 10 años y el artista exigía el pago de la segunda y tercera cuota por parte del Cabildo, pero se consideró nuevamente el proyecto y se rescindió el compromiso, pero resolvieron hacerse cargo del conjunto vaciado en yeso por la suma de 5 000 sucres, el mismo que se lo puede admirar en la solana del Teatro Nacional Sucre. 

Se presenta un nuevo proyecto por parte del ingeniero Bruno Hidalgo, director de Obras Públicas municipales. Se envía el proyecto al cónsul de Ecuador en París, Clemente Ballén, junto con los detalles requeridos para la ejecución como son los edificios que rodean la plaza de Santo Domingo, su elevación, uniforme militar de la figura del héroe, peso de la estatua que no debía exceder los 500 kg, retratos de los oficiales que combatieron en Pichincha como Sucre, Santa Cruz, Lamar, Necochea, Miller, Córdova, etcétera.

En enero de 1889, el cónsul Clemente Ballén revestido de amplias facultades por recomendación de Mosiur Paul Dubois, director de la escuela de Bellas Artes de París, firmaba el contrato de ejecución del monumento por la suma de 45 000 francos con el célebre escultor francés Falguiere, quien estaba a la vez trabajando las estatuas de Arquímedes para el Palacio de la Sorbona, de Juno y Lafayette para el Gobierno de los Estados Unidos y más tarde trabajó el busto de nuestro prócer y poeta José Joaquín de Olmedo para la ciudad de Guayaquil.

En 1890, enviaba el cónsul Ballén los planos del pedestal. en el proyecto de uno Hidalgo Sucre tiene extendido el brazo derecho señalando al Pichincha. La ejecución de los bronce la ejecución de los bronce simbólicos de las batallas Pichincha y Ayacucho en sus manos mínimos detalles avanzaba de París junto con la obra escultórica. Mientras en Quito se levantaba el pedestal a cargo del arquitecto del Estado Francisco Smith

En el pedestal debía ir en letra de bronce y por moción del Dr. Andrade Marín la leyenda: "A SUCRE DEL ECUADOR", realizadas gratuitamente por el grabador Joaquín Albuja

LA INAUGURACIÓN 

Llega el mes de mayo de 1892, 70 años de la gloriosa batalla de Pichincha. 400 años del descubrimiento de América gobernada por gobernaba el país el doctor Luis Cordero. En este mes llega a Quito la escultura del Mariscal Sucre.

A altas horas de la noche, ocultamente se lo traslada a la plaza de Santo Domingo. El 10 de agosto de este año, se inaugura solemnemente. Se desarrolla un programa en el que participan las autoridades civiles, militares y eclesiásticas. Las universidades, representaciones de las repúblicas bolivianas, colegios, escuelas, instituciones gremiales. El presidente Luis Cordero hizo solemne entrega del monumento.

Años más tarde, en 1908, las autoridades militares juzgaron que el pedestal era muy modesto y lo derrocaron para reemplazarlo con otro formado con mármoles blancos y grises. Se inauguró el nuevo pedestal el 10 de agosto de 1909, primer centenario del Grito de la Independencia. Pronunció un elocuente discurso el general Flavio Alfaro en representación del gobierno.

El año 1953, siendo alcalde de Quito, Rafael León Larrea, ante la indignación del pueblo de Quito, se procede a derrocar el pedestal de granito. La demolición del monumento se realizó en altas horas de la noche. Luego se procedió a levantar un ridículo pedestal que varias veces fue demolido por quiteños patriotas.

El pueblo, en forma sarcástica, dijo por esta profanación que Sucre había sido devaluado. Todo esto, se lo hizo a pretexto de modernizar a Quito, pues la plaza necesitaba una remodelación.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Los primeros voceadores de Quito


 Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Cuando recién apareció el diario El Comercio, en enero de 1906, anunciaban y vendían los pocos números del diario, a caballo, en la pequeña ciudad de Quito. Era en los comienzos de siglo. 

Los nombres de tres voceadores, los primeros se han hecho célebres y memorables en esta franciscana ciudad. Ellos son Carlos Pontón, Fernando Gijón y Benjamín Cubero

Carlos Pontón empezó vendiendo el periódico La Fronda. Luego continúa en el diario El Comercio, de los señores Mantilla. Era el periódico hablado en las esquinas. Se le conocía como el tuerto Pontón, y quienes le conocieron manifestaban que tenía una memoria prodigiosa. En aquel entonces, imitaron a Pontón los nuevos voceadores que eran los hermanos Troncoso, Vidal Viteri y Manuel Rodríguez. 

En 1907 salió el periódico La Dentadura, de oposición al general Eloy Alfaro, presidente de la República. Dirigía el periódico Eduardo Mera, notable escritor y hijo de Juan León, el autor de Cumandá y de la letra del Himno Nacional. Pregonaba las noticias con gracia, Pontón, acrecentando así la venta del periódico. Por esta razón, el Intendente de Policía de Pichincha, Horacio Estévez, ordenó la prisión de Pontón, encerrándolo en el penal García Moreno. Sabedor el general Alfaro, ofició de inmediato al Intendente de Policía para que le ponga en libertad a Pontón.

En 1911, fue apresado nuevamente por vender el periódico Fray Gerundio, cuyo director era el Dr. Vicente Nieto y El Ecuatoriano. Nuevamente, ordenó su libertad el general Alfaro. 

En 1915, fue apresado por vender los periódicos El Quiteño, El Republicano, editados por Miguel Ángel Endara y Manuel Sotomayor y Luna. En 1923, fue privado de la libertad por vender el periódico Humanidad, en pro de la candidatura presidencial del coronel Juan Manuel Lasso Ascázubi. De 1914 a 1918, Pontón vendía el periódico, dando a conocer, en resumen y en alta voz, los sucesos de la Primera Guerra Mundial

Carlos Pontón contrajo matrimonio con la señorita Mariana Aulestia y tuvo varios hijos.

En 1916, recibió la autorización del Concejo Municipal para que instale su puesto de ventas de periódicos y revistas en la esquina del portal de Salinas en las calles Chile y Venezuela. Desapareció del puesto cuando se derrocó la casa esquinera para la construcción de la Casa Municipal. En esta casa esquinera funcionaba el Banco de Abasto desaparecido. En 1916 era presidente del Concejo Municipal Enrique Freile Z. y vicepresidente Juan Francisco Game.

Integraban el Concejo ambulatorio: Modesto Larrea Gijón, Alejandro Calisto, Víctor Mena, Francisco Cousin, Dr. Pablo A. Vásconez y secretario, Juan Bautista Castrillón. Todos asiduos lectores de diario El Comercio.

Pontón tenía como vecina a la millonaria señorita Leonor Heredia, de quien contaba que almorzaba en la trastienda. La señorita Heredia y su hermana dejaron varios millones, varias casas y especialmente los terrenos donde hoy se levanta el Hospital Militar, el Instituto Geográfico Militar, la Escuela Politécnica del Ejército, la Universidad Católica, el Palacio de Deportes, la Escuela Politécnica, el Colegio Spellman

El Concejo Municipal de Quito premió su esfuerzo otorgándole Premio Constancia y Medalla de Oro.

Fernando Jijón

El otro antiguo vendedor de periódicos, vendedor de loterías es Fernando Gijón. Nació en Quito, en 1888, en la Presidencia de don José María Plácido y Camaño. En 1910, se instaló en el arco del Portal Arzobispal, delante de la librería de Roberto Cruz. Fue también llevado a la cárcel varias veces por vender periódicos de oposición al gobierno. Tan sólo recordaba que recibió una ocasión buen trato por el director del penal, coronel Delfín Orellana.

En cuanto a los periodistas, se los ultrajaba, se les daba palo, se empastelaban las imprentas y sus directores eran desterrados o llevados al penal. Así se callaba la voz de la prensa libre. Fue premiado y condecorado durante la alcaldía del Dr. José Ricardo Chiriboga Villagómez. Jijón se postró, pues perdió la vista y quedó ciego. Iba acompañado por su buena esposa, la señora Victoria Vela, quien hacía de lazarillo.

Benjamín Cubero

Forma la trilogía de los voceadores de las tres esquinas de la Plaza de la Independencia. Durante 48 años, Cubero vendió periódicos y sirvió a la ciudad. Su puesto de venta estaba situado en la esquina de La Concepción, junto al puesto de venta de almacén de Don Enrique Woolson y en la García Moreno, el almacén de Don Juan J. Pazmiño (padre).

El puesto de venta de periódicos y revistas de Cubero, de cigarrillos y fósforos, desapareció al efectuar la remodelación para dar cabida al Hotel Majestic, que posteriormente fue adquirido por la Mutualista Pichincha.

Cabe anotar que, en 1915 un hermano de Cubero, con Manuel Vásconez, Eloy Erazo y Juan Recalde, iniciaron el trabajo de betunería en una en una de las tiendas del Palacio de Gobierno y fundaron la Sociedad de Betuneros de Pichincha, dirigida por un señor Alburquerque. Luego se les señaló que ocuparán los arcos de los portales. 

En 1920, se fundó la Sociedad de Voceadores. Estas sociedades eran controladas por los comisarios nacionales.

Benjamín Cubero fue también premiado por el Concejo Municipal de Quito. Por su trabajo, enfermó lo mismo que su señora y ambos fallecieron.

Fotografía: Internet.