domingo, 7 de diciembre de 2025

1909, año importante para Quito

 

Foto: Internet. 

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

El año 1909 tiene especial importancia en la vida de la República y particularmente en Quito. Se celebra el primer centenario del Primer Grito de la independencia en América Hispánica. Con dos acontecimientos de singular relieve se conmemora la gesta libertaria.

La inauguración del monumento en la antigua Plaza Mayor, Plaza de la Independencia y la apertura de la exposición nacional en el palacio construido para el efecto en La Recoleta, hoy ocupada por el Ministerio de Defensa y y en otra época por la Escuela Militar. Ocupaba la Presidencia de la República el general Eloy Alfaro. Los ministerios de Estado eran cinco: de lo interior, cuyo titular era el doctor Octavio Díaz, subsecretario el doctor José M. Pérez y jefes de sección Antonio C. Toledo (el poeta), Luis F. Vela y Alberto Mogro; de relaciones exteriores, el doctor José Peralta; de Instrucción Públicas, Bellas Artes, Correos y Telégrafos, el doctor Alejandro Reyes; ministro de Guerra y Marina, el doctor Francisco Martínez Aguirre y de Hacienda y Crédito Público, don Luis A. Dillon.

Ocupaba la presidencia de la Corte Suprema de Justicia el doctor Belisario Albán Mestanza; a la Presidencia y Vicepresidencia de la Cámara del Senado, los doctores Carlos Freiles Zaldumbide y Abelardo Pozo y la Presidencia de la Cámara de Diputados, el doctor Abelardo Montalvo. 

El Rectorado de la Universidad Central lo desempeñaba el Dr. Francisco Andrade Marín y la Presidencia del Concejo Municipal de Quito, el Dr. Enrique Freile Zaldumbide.

Leopoldo Narváez era Intendente de Policía de Pichincha. La Gobernación de la provincia se hallaba ocupada por el Dr. Carlos Alberto Arteta. Director del Observatorio Astronómico era el ingeniero Carlos A. Tufiño. Decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central, el Dr. Ángel Modesto Borja; decano de la Facultad de Medicina, el Dr. Guillermo Ordóñez. 

Jefe político del cantón Quito, el Dr. Emilio Pallares Arteta; alcaldes municipales: Dr. Alfonso Ribadeneira, Dr. Luis Sánchez y Dr. Alejandro Troya. Directora de la Biblioteca Nacional, la escritora doña Zoila Ugarte de Landívar y secretaria María Natalia Vaca. La biblioteca funcionaba en el edificio de la Universidad Central. Director de Correos, Manuel Stacey. Arzobispo de Quito era Monseñor Federico González Suárez.

En el Palacio de Gobierno funcionaban, a más de la presidencia, los ministerios de Gobierno, Instrucción Pública, Guerra y Marina. El Congreso Nacional, la Tesorería de la Nación, la Imprenta Nacional y se despachaba el correo en las ventanillas del pasillo principal. 

El presupuesto aprobado por el Congreso Nacional ascendía 15'836.132 sucres. La deuda del Estado sumaba 15'403.683 sucres, deuda que se debía principalmente a los bonos emitidos por The Guayaquil and Quito Railway Company que llegaba a la cantidad de 13'208.910 sucres y el resto a la deuda inglesa por las guerras de independencia. La moneda nacional consistía en el cóndor oro, valor de 10 sucres. Circulaba el sol de plata de 900 milésimos de ley y más monedas fraccionarias.

En cuanto a la luz eléctrica, por algo que se le había denominado a Quito Luz de América. No andábamos en tinieblas, se contaba para una ciudad de 70 000 habitantes con la planta de Quito Electric Light & Power Company, planta norteamericana, la planta de los herederos de Martinot y la de la señorita Isabel Palacios. La una se hallaba instalada en la Piedrahita y la otra en el infiernillo de Guápulo.

La planta norteamericana suministraba el alumbrado público que consistía en 200 lámparas de arco de 450 vatios y gran parte del alumbrado particular, unas 4 000 lámparas de 16 bujías. Podía desarrollar hasta 10 000 caballos de fuerza. Las otras dos plantas atendían únicamente el alumbrado particular.

La planta norteamericana tenía accionistas y su capital llegaba a 450 000 sucres (oro), dividido en 22 500 acciones de 20 sucres que poseía la Anglo-French Pacific S.de Londres y otras de 12 950 acciones de 20 sucres con un valor de 259 000 sucres en manos de particulares. 

No había una gran corriente turística. Llegaban pocos "gringos". Sin embargo, Quito contaba con algunos buenos hoteles. Gran Hotel Continental de Pérez & Proaño, hotel situado en las calles Venezuela y Sucre (Casa Azul que fue del Mariscal Sucre y de la Marquesa de Solanda). El Gran Hotel Royal, de Filemon Froment, lujoso, que funcionaba en la calle Venezuela, en la casa que hoy ocupa la firma Briz Sánchez; el Hotel Ecuador de Ernesto Iturralde y se anunciaba con bombos y platillos la próxima apertura del Hotel Europa.

Solo años después, don Isaac Aboab abrió el Hotel Metropolitano en el local en el local que hoy ocupa el Hotel Viena y que luego pasó al Parque de la Independencia. 

Se consigna para recuerdo que en la ciudad franciscana, para alivio de los dolientes habitantes, había las siguientes boticas y droguerías. Botica inglesa fundada en 1887 de propiedad de Don Manuel Zaldumbide y que atendía en su local de la calle Bolivia (hoy Espejo); Guayas, del Dr. Carlos G. López en la esquina de la en la esquina de San Agustín. 

Tiendas A, B, C, D, E y F Nacional de Mariano Barriga, en la Plaza de San Francisco. Alemana de Don de Don Antonio Mortensen, fundada en 1875, año en que fue asesinado el presidente García Moreno; además, tenía una sucursal a cargo el doctor Teodomiro Andrade; Botica Americana en la Plaza de Santo Domingo y la Botica Sucre, fundada en 1906 por el doctor Miguel Jijón Bello.

Corre el año 1909, del Centenario del Primer Grito de Independencia. A más de las grandes celebraciones de las veladas, desfiles, inauguraciones, entre las que se destaca la de la primera Clínica Quirúrgica de los doctores Isidro Ayora y Ricardo Villavicencio Ponce. 

La industria textil comprendía elaborados de lana, algodón y cabuya. Entre las fábricas existentes de la época podemos mencionar la de Chillo de los herederos de Jijón-Larrea, que elaboraba magníficas telas de algodón y lana. A la entrada de Quito, la fábrica El Progreso de la señorita Isabel Palacios que producía telas de algodón. La fábrica de Don Francisco Salvador Ordóñez.

Debe recordarse que la fábrica textil La Internacional fue establecida en 1922, por iniciativa de Luis Napoleón Dillon para dar trabajo a los obreros, mediante acciones de la Sociedad de Crédito Internacional.

También se anota una fábrica de tejidos de algodón, en Ambato. La La textil Barona-Berch; la textil Imbabura de don Fernando Pérez Quiñones. 

Una industria próspera era la de los molinos de harina. Entre los principales molinos encontramos el de la señorita Isabel Palacios, el de los herederos Manuel Jijón Larrea, de Nicanor Palacios, de Enrique Gangotena y de los industriales Arsenio Poultier, Lafiter Khor, que tenían sus instalaciones en Latacunga y Ambato. 

Encontramos los aserraderos de Manuel Gómez de la Torre y, sobre sobre todo la fundición de metalurgia de hierro y bronce de Martinot.

Es necesario destacar la producción de molino de trigo de Edmundo Catefort, en el centro, cuya vasta producción de trigo la aprovechaba el dueño del Hotel París, que tenía su asiento en las calles García Moreno y Mejía y que suministraba las famosas palanquetas conocidas con el nombre de Charpentier.

Entre las fábricas de gaseosa cabe mencionar la Fama de Guarderas, los sifones y la afamada agua de Tesalia. Se traía de Francia el agua de Vichy. 

En 1909, año del Centenario, como hemos anotado, la ciudad contaba con buenas cervecerías. La cerveza era buena y barata. Tenemos en primer lugar la cervecería La Campana que producía 35 000 docenas al año. Se trataba de una compañía anónima.

Luego, encontramos la Imperial de propiedad de Don Guillermo Hermann, alemán, con una producción de 20 000 docenas de botellas al año. La cerveza Panecillo de G. Dammer, alemán, con una producción de 12 000 docenas de botellas al año. Cervecería La Victoria con una producción de 10 000 docenas de botellas al año. El ferrocarril Enríquez-Silva con una producción de 8 000 docenas de botellas al año.

No menos importante era la producción de cigarrillos, escobas y fósforos de la fábrica El Progreso de Leopoldo Mercado. Tenía sus factorías, la una en Guayaquil y la otra en el Valle de los Chillos. 

La fábrica de Avelino Herrera producía cigarrillos de dos marcas: Cuba Libre y El Triunfo. Habían también la fábrica de cigarrillos La Corona de Modesto Sánchez Carbo y El Vencedor. Teófilo Dávila producía los cigarrillos Flor del Ecuador. Se industrializaba alrededor de 700 000 kilos de tabaco al año y se exportaba.

En cuanto al agua ardiente, la producción era de 11 millones de litros al año por un valor de tres y medio millones de sucres. Había varias fábricas de elaborados como la de Flores. La fabricación de aguardiente de uva, cuya exención de impuestos la hizo el Congreso para fomentar su industrialización. 

INICIO DEL PROGRESO

Quito iniciaba su etapa de progreso. En junio de 1908, se inauguraba el Ferrocarril del Sur, luego de grandes dificultades, pues se trataba de una obra atrevida, llevada a cabo por el Viejo Luchador. Se unía a la Costa y la Sierra, se trataba de una obra redentora.

La ciudad era pequeña, pero acogedora. Los comerciantes de sana conciencia y con artículos de fina novedad, importados del extranjero, de duración y excelente calidad. Había de todo y de nada se carecía.

Los principales comerciantes mayoristas eran Domingo Brescia, Leopoldo Brawe, Carlos Baca, Ramón Barba Naranjo, Juan Barriga, Manuel Jijón, Ignacio Heredia, Narváez e Hijos, Teresa Alvear, Rafael Cohen, Pedro Durini, Alberto Dobronsky, Francisco Llopard, Alfonso P. Eguiguren, Manuel J. Recalde, Ángel Bueno, Nicanor Bedoya, Empresa de Coches Interurbana, La Imperial, The Andean Trading, Luciano Cadena, Guillermo Dammer, J Guzmán.

El cuerpo médico era respetable. Entre los médicos encontramos a los doctores Gabriel Araujo, Juan Arcos, Guillermo Ordoñéz, Miguel Legas, Isidro Ayora, Víctor Vayas, Max Ontaneda, Alejandro Luna Andrade, Ricardo Villavicencio, Alejandro Mosquera V.

Farmacéuticos: Teodomiro Andrade, Alejandro Altuna, Pablo Vaca, José Batallas, Manuel Calisto, Fernando Cevallos, Adolfo Endara, Eliseo Flor. Escribanos Fernando Avilés Flores, Luis F. Mesías, Luis Paredes, Daniel Rodríguez, José M. Correa.


lunes, 24 de noviembre de 2025

El monumento al General Antonio José de Sucre


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio 

El monumento al Mariscal Antonio José Sucre tiene su historia, así como su vida gloriosa, útil e inmaculada, destrozada por la ingratitud de sus contemporáneos. También ha sido su monumento. Un estigma de fatalidad lo rodea. A cinco días de la de la Batalla de Pichincha, en memorable sesión del Ayuntamiento quiteño, se resuelve la colocación de los bustos de Bolívar y Sucre junto al emblema de la ciudad en la sala capitular de San Agustín.

En 1874, un afamado profesor de escultura, el español José González Jiménez, de la Academia de Arte de Roma, somete a consideración del Cabildo un conjunto trabajado en arcilla plástica que representaba el general Sucre levantando en sus brazos a una mujer yacente, la que en sus manos sostenía rotas una cadena. Fue aquella primera idea de una erección del monumento del héroe. Se exhibió al público y se contrató al artista la ejecución del monumento en 10 000 pesos.

El grupo debía tener dos metros de alto y el pedestal alto, un metro y ochenta centímetros y un segundo pedestal bajo, de un metro y quince centímetros. Los ángulos debían ser ocupados por cóndores. Había un legado inicial de 5 000 sucres donados por la hermana política del mariscal, doña Rosa Carcelén de Valdivieso

García Moreno, a la sazón del presidente de la República, hizo el ofrecimiento de entregar igual cantidad. Habían pasado 10 años y el artista exigía el pago de la segunda y tercera cuota por parte del Cabildo, pero se consideró nuevamente el proyecto y se rescindió el compromiso, pero resolvieron hacerse cargo del conjunto vaciado en yeso por la suma de 5 000 sucres, el mismo que se lo puede admirar en la solana del Teatro Nacional Sucre. 

Se presenta un nuevo proyecto por parte del ingeniero Bruno Hidalgo, director de Obras Públicas municipales. Se envía el proyecto al cónsul de Ecuador en París, Clemente Ballén, junto con los detalles requeridos para la ejecución como son los edificios que rodean la plaza de Santo Domingo, su elevación, uniforme militar de la figura del héroe, peso de la estatua que no debía exceder los 500 kg, retratos de los oficiales que combatieron en Pichincha como Sucre, Santa Cruz, Lamar, Necochea, Miller, Córdova, etcétera.

En enero de 1889, el cónsul Clemente Ballén revestido de amplias facultades por recomendación de Mosiur Paul Dubois, director de la escuela de Bellas Artes de París, firmaba el contrato de ejecución del monumento por la suma de 45 000 francos con el célebre escultor francés Falguiere, quien estaba a la vez trabajando las estatuas de Arquímedes para el Palacio de la Sorbona, de Juno y Lafayette para el Gobierno de los Estados Unidos y más tarde trabajó el busto de nuestro prócer y poeta José Joaquín de Olmedo para la ciudad de Guayaquil.

En 1890, enviaba el cónsul Ballén los planos del pedestal. en el proyecto de uno Hidalgo Sucre tiene extendido el brazo derecho señalando al Pichincha. La ejecución de los bronce la ejecución de los bronce simbólicos de las batallas Pichincha y Ayacucho en sus manos mínimos detalles avanzaba de París junto con la obra escultórica. Mientras en Quito se levantaba el pedestal a cargo del arquitecto del Estado Francisco Smith

En el pedestal debía ir en letra de bronce y por moción del Dr. Andrade Marín la leyenda: "A SUCRE DEL ECUADOR", realizadas gratuitamente por el grabador Joaquín Albuja

LA INAUGURACIÓN 

Llega el mes de mayo de 1892, 70 años de la gloriosa batalla de Pichincha. 400 años del descubrimiento de América gobernada por gobernaba el país el doctor Luis Cordero. En este mes llega a Quito la escultura del Mariscal Sucre.

A altas horas de la noche, ocultamente se lo traslada a la plaza de Santo Domingo. El 10 de agosto de este año, se inaugura solemnemente. Se desarrolla un programa en el que participan las autoridades civiles, militares y eclesiásticas. Las universidades, representaciones de las repúblicas bolivianas, colegios, escuelas, instituciones gremiales. El presidente Luis Cordero hizo solemne entrega del monumento.

Años más tarde, en 1908, las autoridades militares juzgaron que el pedestal era muy modesto y lo derrocaron para reemplazarlo con otro formado con mármoles blancos y grises. Se inauguró el nuevo pedestal el 10 de agosto de 1909, primer centenario del Grito de la Independencia. Pronunció un elocuente discurso el general Flavio Alfaro en representación del gobierno.

El año 1953, siendo alcalde de Quito, Rafael León Larrea, ante la indignación del pueblo de Quito, se procede a derrocar el pedestal de granito. La demolición del monumento se realizó en altas horas de la noche. Luego se procedió a levantar un ridículo pedestal que varias veces fue demolido por quiteños patriotas.

El pueblo, en forma sarcástica, dijo por esta profanación que Sucre había sido devaluado. Todo esto, se lo hizo a pretexto de modernizar a Quito, pues la plaza necesitaba una remodelación.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Los primeros voceadores de Quito


 Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Cuando recién apareció el diario El Comercio, en enero de 1906, anunciaban y vendían los pocos números del diario, a caballo, en la pequeña ciudad de Quito. Era en los comienzos de siglo. 

Los nombres de tres voceadores, los primeros se han hecho célebres y memorables en esta franciscana ciudad. Ellos son Carlos Pontón, Fernando Gijón y Benjamín Cubero

Carlos Pontón empezó vendiendo el periódico La Fronda. Luego continúa en el diario El Comercio, de los señores Mantilla. Era el periódico hablado en las esquinas. Se le conocía como el tuerto Pontón, y quienes le conocieron manifestaban que tenía una memoria prodigiosa. En aquel entonces, imitaron a Pontón los nuevos voceadores que eran los hermanos Troncoso, Vidal Viteri y Manuel Rodríguez. 

En 1907 salió el periódico La Dentadura, de oposición al general Eloy Alfaro, presidente de la República. Dirigía el periódico Eduardo Mera, notable escritor y hijo de Juan León, el autor de Cumandá y de la letra del Himno Nacional. Pregonaba las noticias con gracia, Pontón, acrecentando así la venta del periódico. Por esta razón, el Intendente de Policía de Pichincha, Horacio Estévez, ordenó la prisión de Pontón, encerrándolo en el penal García Moreno. Sabedor el general Alfaro, ofició de inmediato al Intendente de Policía para que le ponga en libertad a Pontón.

En 1911, fue apresado nuevamente por vender el periódico Fray Gerundio, cuyo director era el Dr. Vicente Nieto y El Ecuatoriano. Nuevamente, ordenó su libertad el general Alfaro. 

En 1915, fue apresado por vender los periódicos El Quiteño, El Republicano, editados por Miguel Ángel Endara y Manuel Sotomayor y Luna. En 1923, fue privado de la libertad por vender el periódico Humanidad, en pro de la candidatura presidencial del coronel Juan Manuel Lasso Ascázubi. De 1914 a 1918, Pontón vendía el periódico, dando a conocer, en resumen y en alta voz, los sucesos de la Primera Guerra Mundial

Carlos Pontón contrajo matrimonio con la señorita Mariana Aulestia y tuvo varios hijos.

En 1916, recibió la autorización del Concejo Municipal para que instale su puesto de ventas de periódicos y revistas en la esquina del portal de Salinas en las calles Chile y Venezuela. Desapareció del puesto cuando se derrocó la casa esquinera para la construcción de la Casa Municipal. En esta casa esquinera funcionaba el Banco de Abasto desaparecido. En 1916 era presidente del Concejo Municipal Enrique Freile Z. y vicepresidente Juan Francisco Game.

Integraban el Concejo ambulatorio: Modesto Larrea Gijón, Alejandro Calisto, Víctor Mena, Francisco Cousin, Dr. Pablo A. Vásconez y secretario, Juan Bautista Castrillón. Todos asiduos lectores de diario El Comercio.

Pontón tenía como vecina a la millonaria señorita Leonor Heredia, de quien contaba que almorzaba en la trastienda. La señorita Heredia y su hermana dejaron varios millones, varias casas y especialmente los terrenos donde hoy se levanta el Hospital Militar, el Instituto Geográfico Militar, la Escuela Politécnica del Ejército, la Universidad Católica, el Palacio de Deportes, la Escuela Politécnica, el Colegio Spellman

El Concejo Municipal de Quito premió su esfuerzo otorgándole Premio Constancia y Medalla de Oro.

Fernando Jijón

El otro antiguo vendedor de periódicos, vendedor de loterías es Fernando Gijón. Nació en Quito, en 1888, en la Presidencia de don José María Plácido y Camaño. En 1910, se instaló en el arco del Portal Arzobispal, delante de la librería de Roberto Cruz. Fue también llevado a la cárcel varias veces por vender periódicos de oposición al gobierno. Tan sólo recordaba que recibió una ocasión buen trato por el director del penal, coronel Delfín Orellana.

En cuanto a los periodistas, se los ultrajaba, se les daba palo, se empastelaban las imprentas y sus directores eran desterrados o llevados al penal. Así se callaba la voz de la prensa libre. Fue premiado y condecorado durante la alcaldía del Dr. José Ricardo Chiriboga Villagómez. Jijón se postró, pues perdió la vista y quedó ciego. Iba acompañado por su buena esposa, la señora Victoria Vela, quien hacía de lazarillo.

Benjamín Cubero

Forma la trilogía de los voceadores de las tres esquinas de la Plaza de la Independencia. Durante 48 años, Cubero vendió periódicos y sirvió a la ciudad. Su puesto de venta estaba situado en la esquina de La Concepción, junto al puesto de venta de almacén de Don Enrique Woolson y en la García Moreno, el almacén de Don Juan J. Pazmiño (padre).

El puesto de venta de periódicos y revistas de Cubero, de cigarrillos y fósforos, desapareció al efectuar la remodelación para dar cabida al Hotel Majestic, que posteriormente fue adquirido por la Mutualista Pichincha.

Cabe anotar que, en 1915 un hermano de Cubero, con Manuel Vásconez, Eloy Erazo y Juan Recalde, iniciaron el trabajo de betunería en una en una de las tiendas del Palacio de Gobierno y fundaron la Sociedad de Betuneros de Pichincha, dirigida por un señor Alburquerque. Luego se les señaló que ocuparán los arcos de los portales. 

En 1920, se fundó la Sociedad de Voceadores. Estas sociedades eran controladas por los comisarios nacionales.

Benjamín Cubero fue también premiado por el Concejo Municipal de Quito. Por su trabajo, enfermó lo mismo que su señora y ambos fallecieron.

Fotografía: Internet. 

domingo, 15 de junio de 2025

Un drama histórico e inmortal; la historia del teniente Hugo Ortiz en la guerra de 1941


Un drama histórico e inmortal

Por Bolívar Bravo Arauz

Corría el año fatídico de 1941. En julio, una serie de incidentes en las fronteras de Ecuador y Perú puso en gravísimo peligro la paz continental como acontece en estos días. El Perú con su alevosía, invadió el territorio ecuatoriano a los aciagos días 5, 6 y 7 de julio en la provincia de El Oro y el 23, 24, 25 y 26, con ataques totales por toda la frontera de El Oro, Loja y el Oriente. Se ha escrito bastante sobre estos hechos militares que sufrió nuestra patria y en estas acciones el soldado ecuatoriano dio muestras de patriotismo y heroicidad. Son numerosos los episodios de gran valor.

El 25 de julio de 1941, hubo arrollador ataque peruano en Chacras y fue rodeado un pequeño destacamento. El teniente César Edmundo Chiriboga González y sus 25 soldados combatientes fueron obligados a rendirse. Ninguno cesó de disparar certeramente ante el secular enemigo hasta el último instante. Cayeron acribillados a bala y ninguno sobrevivió.

En el mismo día, declarado glorioso Día de la Armada se producía el combate naval en Jambelí entre el pequeño crucero cañonero ecuatoriano Abdón Calderón y el destructor peruano Almirante Villar, superior, muy superior que tuvo que batirse sin retirada, por los certeros disparos del heroico y pertinaz cañonero que comandaba Morán Valverde.

HEROICO SACRIFICIO DEL SUBTENIENTE HUGO ORTIZ

En los días 1 y 2 de agosto del aciago año, fueron alevosamente atacados con gruesos contingentes de tropa, las pequeñas guarniciones o destacamentos de Yaupi y Santiago en el Oriente ecuatoriano o región Amazónica.

La guarnición de Yaupi fue aniquilada. En seguida, los invasores, en número de 300, armados hasta los dientes atravesaron el río y luego la selva hasta Santiago. Aquí se encontraba el destacamento de 10 hombres comandados por el subteniente de caballería, hoy héroe nacional, Hugo Ortiz Garcés, de 20 años de edad. La guarnición lo formaban junto al subteniente Ortiz, el cabo Julio Jaramillo, los soldados José de los Santos Quiñones, esmeraldeño; Blas Preciado, Jacinto Cáñola, Juan de la Rosa, Manuel Góngora, José Julio Pérez, Gustavo Molina, José García y Segundo Herrera.

2 DE AGOSTO DE 1941.- En la mente del subteniente Ortiz bullen en recuerdos. La matanza del 2 de agosto de 1810 de nuestros próceres que dieron el primer grito de libertad por mulatos peruanos.

Se aproximaba la hora de la prueba del sacrificio, para aquel puñado de valientes defensores de nuestra integridad territorial.

Suenan los primeros disparos, de parte del enemigo sureño, a lo que el denodado y valiente oficial Ortiz ordenó a sus hombres: "Soldados duro con ellos. Disparen hasta agotar el último cartucho ¡Viva la patria!".

Se establece el combate luego de largos y angustiosos minutos en los cuales el ruido atronador de fusiles, ametralladoras y granadas de mano se entremezclaban con los ayes de los heridos y las imprecaciones de numerosos combatientes, se oye la voz del oficial peruano que mandaba alto al fuego.

No se sabe si este alto al fuego fue motivado por la tenaz resistencia de los nuestros o sencillamente una estratagema peruana, una de tantas, para darse cuenta de la situación o probablemente hasta tratar de descubrir las posiciones, y más que nada, localizar el sitio exacto donde se encontraba nuestro héroe, alma y vida de una resistencia que, jamás, pese a su abrumadora mayoría, los peruanos pensaron encontrarla. 

Cuando ya seguramente consiguieron su objetivo, el oficial peruano dirigiéndose al subteniente, le grita: "subteniente Ortiz estás completamente rodeado. Casi todos tus hombres han muerto, ríndete..."

Desde su puesto y tomando su fusil ametralladora, este oficial que era todo fibra y todo corazón, le contesta con voz estentórea: el soldado ecuatoriano no se rinde jamás y rubricando su contestación con una ráfaga de ametralladora, obliga al enemigo a restablecer el combate.

Como el subteniente Ortiz fuera perfectamente localizado por sus atacantes, una ráfaga de ametralladora acribilló su cuerpo, pese a lo cual y haciendo un esfuerzo sobrehumano logra ponerse de pie y con angustia mortal de sus heridas, haciendo un esfuerzo desesperado por gritar, "Viva la Patria", cayó para no levantarse la más.

Cesan los disparos y cautelosamente sale de la espesura de la selva el mismo oficial peruano,  grita a nuestros soldados para que no disparen y les ordena entregarse. Luego se acerca reverente ante el cadáver de Oswaldo Hugo Osvaldo Ortiz Garcés y le dice:"Ecuacho, eres todo un valiente. Todos los ecuachos son bravos y valientes". 

La heroicidad del subteniente Ortiz, la sublimidad de su sacrificio fue tan grande que el mismo enemigo tuvo que reconocerlo. El capitán peruano ordena a su subalterno buscar la bandera del Ecuador, para con ella amortajar el cuerpo de nuestro Héroe Nacional y al enterrarlo en Yaupi, se le rinde todos los errores todos los honores correspondientes a su grado y jerarquía.

En 1960, en el gobierno del doctor Camilo Ponce Enríquez se inauguró su monumento en la avenida América y Mariana de Jesús. Le rinden de honores el Colegio Militar y el Colegio Mejía. Llevan su nombre varias unidades militares, planteles de educación para ejemplo de las generaciones venideras.

Otros hechos igualmente emocionantes fueron numerosos, pero se destacan el del célebre cabo Luis Alfonso Minacho, de heroísmo increíble, que murió disparando al enemigo, juntamente con su hijito, de 12 años de edad, Germán Minacho.

El cabo Minacho murió destrozado, pero su hijito fue capturado por los peruanos y conducido con otros siete valientes, donde, con todos ellos murió.

En la frontera de El Oro, principalmente en el sitio de Chacras, Huaquillas, Quebrada Seca, Carcabón, los batallones Cayambe y Montecristi, en su heroica defensa de nuestra patria casi desaparecieron por completo.

Dolorosos fueron acontecimientos, pero hay que notar que el Perú tenía en 1941, 30 aviones más fuerza blindada y motorizada. Las fuerzas que invadieron el Ecuador eran alrededor de 15 000 hombres y tenían el apoyo de la aviación y artillería.

El Ecuador, en aquel aciago y malhadado año, oponía una fuerza total con 2 000 hombres distribuidos así: 1 819 soldados a lo largo de la frontera de El Oro y el resto diseminado en pequeños grupos de 30 y 40 hombres, entre soldados de línea, carabineros y voluntarios distribuidos en Loja y el Oriente. De manera general, el Ecuador carecía de aviación militar, el armamento era pobre, anticuado y de diverso tipo. Así lo anotan historiadores y cronistas.

Otros valientes que ofrendaron sus vidas en defensa de la Patria y su territorio sagrado: los cabos Tipantuña y Cisneros, capitán Galo Molina. Nelson Galarza y otros, pero cuyo nombre se los guarda con respeto y gratitud imperecedera y en los actuales momentos se ha dicho los nuevos nombres y héroes de Paquisha y Machinasa.

Crónica publicada en 1981. 

jueves, 5 de junio de 2025

Historia de Quito: Páginas desconocidas


Páginas desconocidas

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Iniciado con inusitado brío la construcción del Ferrocarril del Sur, con la constitución de The Guayaquil and Quito Railway Company, sueño dorado de Alfaro de ver realizada la construcción para unir la Sierra y la Costa por el monstruo de hierro, desterrando el difícil y peligroso transporte de lomo de mula, emprendida una lucha tenaz contra la ciega oposición de los conservadores, tuvo la concepción de llevar a cabo la construcción de otros ferrocarriles, una verdadera red que cruce el territorio nacional y así es como el 26 de septiembre de 1906, se firmó el acta y se iniciaron los trabajos del Ferrocarril del Norte. Recuérdese que el Ferrocarril del Sur, con gran alborozo, se inauguró el 25 de junio de 1908, en la segunda Presidencia del viejito Alfaro. 

El acta firmada está concebida en los siguientes términos.

"En la quinta de las Hermanas de la Providencia, a orillas del Río Machángara, por donde pasa el trazo de la línea férrea, el general Eloy Alfaro, encargado del Mando Supremo de la República, los ministros de Estado, el jefe civil y militar de la provincia, el ingeniero de Gobierno, el Sr. Benoni Lockwood, con su respectivo cuerpo de ingenieros en representación de Guayaquil and Quito Railway Company y varias personas notables del lugar, con el objeto de inaugurar solemnemente los trabajos de prolongación del ferrocarril Ibarra; el señor Lockwood puso en manos del Jefe de Estado, general Alfaro, para que iniciara la apertura de la vía.

El general Alfaro dijo: "En nombre del progreso de la República, doy principio a los trabajos de este nuevo ferrocarril". Luego dio la palabra al ministro de obras públicas, Dr. Manuel Montalvo. Firmaron el acta el general Alfaro, el Dr. Manuel Montalvo, el señor C. Echanique, los generales Julio Román, Flavio Alfaro, ministros de Estado, los ingenieros H. P. Ruque, W. Wochman, Benoni Lockwood, R. Linton, J. B. Morris, Henry Hidern y los funcionarios del Estado Dr. Belisario Albán Mestanza, José Peralta, Abelardo Moncayo, Celiano Monge, R. Vallarino, Colón Eloy Alfaro Paredes, Francisco Arbelaez, O. Pareja, O Pasquel, Rafael Uribe, Francisco Valdéz, mayor F. Franzani, miembro de la Misión Militar Chilena, comandante Ricardo Garzón, comandante Teodoro Donoso, Ricardo Félix A. Silvers, José Moncayo, Antonio Cepeda, Sergio Enríquez, Eliseo Vélez, José Sosa y siguen muchas firmas.

El subsecretario de ministro de el subsecretario del Ministerio de Obras Públicas, Antonio C Toledo. También se dio comienzo a la construcción de tramos de ferrocarril de Chone a Santa Ana, de Puerto Bolívar a Piedras, Sibambe, Cuenca y al mantenimiento de varias carreteras conforme lo permitían las posibilidades.

Al Oriente

Otro de los empeños de Eloy Alfaro fue la construcción de un ferrocarril al oriente que llevaría al país a las selvas amazónicas, a las que tiene justo y legítimo derecho. Se conoce de sobra que salió de Quito con gente quiteña, con indios quiteños, la expedición descubridora del gran río de las Amazonas, el río de Quito. Fue el resultado del sacrificio de los quiteños de su esfuerzo, de su sangre llevada a feliz término por el intrépido capitán Francisco de Orellana, el fundador de Santiago de Guayaquil.

Acaso no nos recuerda esta histórica gesta y glorioso descubrimiento quiteño, realizado en 1542, una gran placa pétrea colocada en los muros de nuestra catedral metropolitana.

El conde Chanarcé propuso la construcción de un ferrocarril al Oriente ecuatoriano, previa a la concesión de tierras para la explotación. El país no estaba en condiciones económicas de construir un ferrocarril de esta naturaleza.

Alfaro consultó la opinión pública a través de sus gobernadores y le fue adversa. El país rugió y hoy nos hemos quedado sin el ferrocarril y enormes extensiones de tierras del Oriente por la perfidia y la voracidad del enemigo del sur.


sábado, 24 de mayo de 2025

Historia de Quito: celebración del centenario de la Batalla de Pichincha



Celebración del centenario de la Batalla de Pichincha 

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Para celebrar dignamente el primer centenario de la Batalla de Pichincha, el Congreso de 1919 dictó un decreto por el cual se establecía una Junta del Centenario. Esta se integró el 2 de enero de 1920.

La Junta del Centenario consideró que las obras de mayor urgencia en las que debía emprender eran la canalización y pavimentación de la ciudad. 

Para los trabajos de canalización y alcantarillado, habían efectuado estudios la extinguida Junta del Agua Potable de Quito, el Ministerio de Obras Públicas y el Municipio de Quito. La Junta creyó conveniente aprobar el estudio del ingeniero W. Schoeter.

El 25 de Agosto de 1921, se firmó el contrato, para la canalización de una sección de la ciudad, comprendida entre las calles Olmedo, Cuenca, Rocafuerte y Flores, incluyéndose además la canalización de la calle Guayaquil hasta la calle Elizalde y de la calle Maldonado hasta el puente sobre el río Machángara que debía estar terminado antes del 24 de mayo de 1922. A la misma fecha debía estar terminada la pavimentación de una sección de la ciudad. El valor del contrato de canalización fue de 390.843 sucres.

En 1921, se licitó la obra de pavimentación de la ciudad; a la licitación concurrieron el Ing. Manuel A. Navarro, quien presentó el sistema bitulitico y otras firmas que abogaban por la colocación de adoquines. Luego de un informe del ingeniero Ernesto Franco se aceptó y así el 21 de abril de 1921, se aceptó la propuesta del Ing. Navarro. Debía hacerse la pavimentación de la ciudad con hormigón asfáltico según el procedimiento de la casa Warren Bross Company firmándose la respectiva escritura. 

Debía pavimentarse una superficie de 150 000 metros cuadrados. Se pagaría había 14 sucres por cada metro de pavimento, siendo por lo tanto el valor del contrato de dos millones, cien mil sucres, con la obligación de dejar toda la maquinaria y herramienta y más accesorios en beneficio de la junta. Además, el contratista garantizaba que el material y la mano de obra sería de la mejor clase y que, además, el contratista se obligaba a reparar cualquier desperfecto o daño durante el plazo de cinco años contados desde la fecha de entrega.

Es natural que hubo problemas en los trabajos como los referentes a las tuberías de agua potable y, sobre todo, por los rieles de los tranvías eléctricos que circulaban en la ciudad. Se consintió en la en la colocación de postes que obstruían las calles y aceras con peligro para los transeúntes y pasajeros de los tranvías. El contratista debía entregar 50.000 metros pavimentados antes del 24 de mayo del 1922.

La pavimentación debía cubrir las siguientes calles, reemplazando el antiguo empedrado: Avenida 24 de mayo entre las sección Imbabura y García Moreno; García Moreno entre 24 de Mayo y Olmedo; Venezuela entre Rocafuerte y Olmedo; Guayaquil de Rocafuerte a la Alameda; Maldonado entre Rocafuerte y puente sobre el Machángara; Rocafuerte entre García Moreno y Maldonado; Bolívar entre Cuenca y Flores; Sucre entre Cuenca y Guayaquil; Bolivia (hoy espejo) entre García Moreno y Flores; Chile entre Cuenca y Flores; Mejía entre García Moreno y Guayaquil; Olmedo entre García Moreno y Guayaquil; Flores entre Rocafuerte y Chile; Plaza de Santo Domingo entre Rocafuerte y Chile y Cuenca entre Chile y Bolívar.

El Congreso de 1921 constituyó la junta con nuevos miembros. 

Como obras a efectuar también se consideró la rectificación de la Avenida Colombia, para la regularidad y ensanche de la calle. Debía hacerse la expropiación de los terrenos necesarios, la construcción de una gradería que ponga en comunicación la calle Arenas con la Benalcázar.

Se consideró la realización de obras indispensables para el embellecimiento de la entrada sur de la ciudad mediante el ensanche de la carrera Maldonado, desde el puente del Machángara hasta el Parque Centenario, a expensas de una faja perteneciente al huerto del convento del Buen Pastor; el arreglo de las aceras de las casas frente al Parque La Recoleta. El empedrado de la avenida 18 de septiembre, hoy 10 de agosto, desde El Ejido hasta la avenida Colón y la construcción de dos acueductos que cruzan dicha avenida. La nivelación de la calle Vargas con un costo de 5.000 sucres, el relleno del hueco de la quebrada Jerusalén para la canalización del puente de los Gallinazos. 

El costo de estas obras ascendió a 1'100.000 sucres. 

Luego, la Junta entró a considerar el programa de las fiestas. Se acordó la acuñación de medallas conmemorativas de las fiestas. Se contrató con el artista Luis F. Veloz la restauración de 500 cuadros de las iglesias y conventos de San Agustín, San Francisco y la sacristía de la iglesia de Guápulo. 

El contratista comenzó su trabajo en la sala capitular de San Agustín. Con el artista Antonio Salgado se contrató la construcción de una fuente con la escultura La Insidia a colocarse en el parque de Mayo. Se acordó la realización de una gran exposición de artes e industrias a presentar en los pabellones del nuevo hospital civil (hoy Eugenio Espejo que no se inauguraba).

Foto: archivo particular. 





domingo, 18 de mayo de 2025

Historia de Quito: el negro Ceferino Congo


El negro Ceferino Congo 

Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

La real orden mercedaria tiene en sus páginas de recuerdos hechos gloriosos. Es redentora de cautivos, según su fundador San Pedro Nolasco. Fray Hernando de Granada fundó la primera escuela para niños en esta ciudad, ya con el apoyo de su amigo, Sebastián de Benalcázar. 

En épocas de la guerra independencia y sobre todo la Batalla de Pichincha, jugó un rol importante. Por primera vez, flameó el tricolor nacional en las torres El Tejar que guarda el recuerdo del Padre Bolaños.

Se cuenta que el padre Leopoldo Roldán Cajas al visitar el pueblito de Perucho, le dieron una agradable sorpresa al regalarle un negrito del Chota, al que le pusieron el nombre de Ceferino Congo. El negro Ceferino era un muy reconocido en Quito. Usaba lentes era alto y fornido.

El negrito resultó mudo, pero vivo, despierto, servicial e inteligente. Todo lo que le enseñaba el Padre Roldán aprendía sin dificultad. Al regresar el Padre Roldán de un viaje que había realizado a México, le sorprendió la muerte y el pobre negrito perdió a su querido patrón. Era apreciado en la comunidad. 

Ceferino Congo fue encargado de dar cuerda al reloj de la torre de La Merced que fue traído por el Padre Alban hace siglo y medio. Además se encargaba de la iglesia para las misas y honras fúnebres, Ceferino regulaba el reloj cuando se cuando se atrasaba subiera la torre estaba el pabellón y bajaba también la bandera pero previamente izaba el tricolor nacional.

Iba a la biblioteca, a la magistral biblioteca de la orden, cogía un libro lo hojeaba y luego lo aprobaba con la cabeza, como diciendo es muy bueno.

Ceferino dejó gratos recuerdos.

En la Orden Mercedaria de la época no puede olvidarse al padre Joel Leonidas Monroy, cuencano, venerable sacerdote, autor de importantes obras de carácter histórico y promotor de la coronación de Nuestra Señora de la merced de Quito. A la época puede recordarse a los padres Juan Ignacio Moreno, Francisco Rueda, Coronel, Calderón, Guillermo y Benjamín Bravo Cabrera, y últimamente los padres Luis del C. S. Acuatias, Visitador, Santamaría, Cadena y al dinámico Padre Octavio Proaño. También es notable el Padre Pedro Armengol Villafuerte.

No puede olvidarse en esta pequeña crónica a un antiguo educador, el hermano Valenzuela, y sus compañeros Maldonado, Egas, Benigno Mejía, todos fallecidos.

Igualmente, se recuerda que el negrito Ceferino Congo, un buen día, se presentó en la iglesia vestido de blanco para que le den la primera comunión. Era muy diligente; hacía mandados; recorría el convento, ayudaba en la cocina.

Despertaba admiración, pues por sus formidables fuerzas y solito replicaba la gran campana de la Virgen, moviendo el gran badajo. Se relata que esta campana fue una de las tantas revoluciones que hemos tenido y perdió su gran sonoridad.

Se aclara que Congo tenía buena vista, pero le gustaba usar anteojos y salir con buche a la calle. Saludaba con todos y a todos. Les daba la mano demostrando gran sociedad lo que hacía que todos lo quisieron. 

Cuando el negrito Ceferino enfermó y y murió, su fallecimiento fue muy sentido y constituyó una grave pérdida para la comunidad mercedaria, pues era un útil y abnegado servidor.

Foto: archivo familiar.