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viernes, 5 de octubre de 2018

Hombres cuentan cómo descubrieron que no son padres biológicos de sus hijos

Las impugnaciones de paternidad no son aisladas en Ecuador. El Consejo de la Judicatura documenta 12 371 causas resueltas a escala nacional entre el 2013 y el 2017; Guayas y Pichincha son las provincias con mayor número de casos. En el mismo período hubo 933 casos de reconocimiento voluntario del menor. Para recurrir a las dos figuras, miles de papás, mamás y sus hijos se sometieron a pruebas de ADN.

Las siguientes son historias de impugnación de paternidad:

 Con su mano derecha, Christian Enríquez, de 38 años, muestra en la pantalla de su computadora el mail que le envió su exesposa, Ximena. Le decía que, pese a los problemas que afrontaron durante su matrimonio, Dios les bendijo porque estaba embarazada. Quería que cambien las cosas y mejoren su relación por el bien del bebé, quien nació en abril del 2011 y lo llamaron Mateo.

Su vida cambió junto al pequeño. Publicaba sus fotografías en redes sociales. Le enseñó a montar bicicleta. Le compraba camisetas de fútbol. Lo llevaba al estadio Olímpico Atahualpa para ver los partidos de su equipo preferido, El Nacional. Se tatuó el nombre de Mateo en el brazo derecho para llevarlo en la piel…

¿Qué ocurrió después? La pareja se separó en el 2014. Christian visitaba a Mateo cada 15 días como lo estableció el Juzgado de la Niñez y Adolescencia. Sin embargo, él notó que las cosas no iban bien. El mismo infante empezó a mencionar que Enríquez no era su padre. Lo había escuchado decir de su madre y su abuela en repetidas ocasiones mientras conversaban.

Esa situación lo desesperó. No podía dormir ante lo que ocurría. Por eso, en diciembre del 2017, Enríquez planteó una demanda de impugnación de paternidad, la cual fue calificada en la Justicia. Tras las pruebas de ADN realizadas en la Cruz Roja se confirmó que no era el padre biológico de Mateo.

La impugnación de la paternidad es un proceso que se realiza cuando un hombre tiene indicios de que no es el padre biológico de su hijo. Según el artículo 233 del Código Civil, esta acción puede ser ejercida por el padre cuyo hijo nació dentro del matrimonio y sospeche que no es suyo (también se aplica para las uniones de hecho). De igual forma, quienes se pretendan verdaderos papás, los hijos y los que constan legalmente registrados como padres y cuya filiación se impugna.


Datos del Consejo de la Judicatura refieren que 12 371 causas resueltas por impugnación de paternidad se registraron a escala nacional desde el 2013 hasta el año pasado.


La entidad no precisa el número de casos cuyos fallos resultaron a favor o en contra de quienes impugnaron. Tampoco especifica el tipo de caso. Es decir, si un padre biológico impugnó la paternidad de su hijo. O si un mayor de edad lo hizo al enterarse quién es su verdadero padre. Tampoco si alguien reconoció legalmente a un infante y luego se enteró, tras la prueba de ADN, que no era el papá.


Las provincias con mayor cantidad de casos fueron Guayas y Pichincha con 1 915 y 1 964. Le siguen Azuay, Chimborazo y Manabí con 840, 819 y 838 respectivamente (ver cuadro adjunto de cifras).


Pero, ¿es posible quitarle el apellido al enterarse que no es el papá biológico del niño? En la Resolución No. 0167-2014, dictada en el juicio 0095-2014, del 19 de agosto de 2014, la Sala de la Familia, Niñez y Adolescencia de la Corte Nacional de Justicia, falló: No procede la acción de impugnación de reconocimiento voluntario de la paternidad o maternidad realizado por quien asumió la calidad legal de padre o madre, conociendo que el hijo no era biológicamente suyo.


En ese contexto, Patricio Gualotuña, juez de la Niñez y Adolescencia, explica que esa disposición se aplica en los casos de hombres que reconocen a los hijos de sus parejas conociendo que son de otras personas. Una vez que lo hicieron es imposible hacerse para atrás. “Muchas veces ocurre así”. Asimismo, hubo abuelos que reconocieron voluntariamente a sus nietos como hijos. Luego, al tener problemas familiares, ya no pueden impugnar porque lo hicieron de forma voluntaria. “Se les ha negado porque es ilógico”.


De otro lado, con la resolución No. 05-2014 (R.O. 346, 2.10.2014) de la CNJ se emitió un fallo de triple reiteración, de cumplimiento obligatorio. Este dice que el reconocimiento voluntario de un hijo o hija es un acto irrevocable. El legitimado activo del juicio de impugnación de reconocimiento es el hijo o cualquier persona que demuestre interés en ello, “excepto el reconociente, quien solo puede impugnar el acto del reconocimiento por vía de nulidad del acto”. Esa nulidad se aplica cuando se comprobó que hubo inducción al error, dolo y fuerza.


En el caso de Enríquez, su abogado demostró que hubo inducción al error. Lo hizo con los correos electrónicos de Ximena en los que le dijo que esperaba un bebé de él. A esto se sumó la prueba de ADN que fue certificada por una analista molecular de Cruz Roja.


Con esas evidencias, la demanda fue calificada a inicios de este año. La mujer buscó que se realice otro examen de ADN, lo cual le negó el juez. En la audiencia realizada en agosto de este año se exhibió nuevamente las pruebas que “excluyen la existencia de vinculo biológico de paternidad” entre Enríquez y Mateo. Finalmente, ella y su defensa se allanaron a la demanda. Así se declaró que Enríquez no es el padre biológico de Mateo y en lo posterior él constará como padre desconocido.


Él estaba aniquilado emocionalmente. Incluso acudió al psicólogo en búsqueda de ayuda. “No fui a la oficina, salí de mí mismo, era un zombie. Lloraba demasiado. En su trabajo lo entendieron y ayudaron para que salga de vacaciones. No laboró durante dos meses. En ese tiempo, no mantuvo contacto con sus amigos, tampoco con sus familiares. Ahora, lo único que busca es rehacer su vida con su novia. “Al niño lo amo, pero no es justo…”.



Y hay más historias que también se cuentan en los pasillos de los centros en donde se realizan pruebas de ADN. Emilia Vaca es la subgerente de Servilab, una cadena de laboratorios que se dedica a esa actividad en Quito. Mensualmente se realiza allí un promedio de 100 pruebas de ADN. De ellas, el 75% corresponden a hombres y el resto a mujeres.


Cuenta que los varones acuden a ese sitio generalmente por celos. Otros porque sus nuevas parejas les incitan a que se practiquen las pruebas. En los casos de las chicas, algunas lo hacen porque dudan sobre quién es el verdadero papá de sus hijos o porque los padres biológicos no quieren reconocerlos.


Recuerda que un hombre acudió con su hijo, de 9 años, para retirar los resultados de las pruebas de ADN que se hizo. Era un domingo de ciclopaseo y ambos planificaron salir a pedalear durante la mañana. Tras ingresar al edificio, el niño lo esperó afuera con las bicicletas. Al conocer que los resultados fueron negativos, él lloró desconsoladamente. “El chico está afuera porque salimos a pasear ¿Qué le digo ahora? ¿No sé qué hacer?”, expresó mientras sollozaba.


Una situación similar vivió Jorge Torres, de 42 años, en el 2013. Cuando su niña cumplió 9 se enteró que no era su progenitor. Su vida se derrumbó y comenzó a beber licor descontroladamente. Trató de conversar con la mamá, pero ella le dijo que no quería su ayuda y que deje de pagar las pensiones alimenticias, que le iba a devolver hasta el último centavo.

Ellos tuvieron una relación amorosa por varios años y la pequeña nació luego de que se separaron. Él la reconoció y la mamá le pidió USD 1 500 como pensión alimenticia. En esos momentos tuvieron problemas y la justicia, con base en los ingresos de Torres, la fijó en USD 490. Ante los inconvenientes, sus allegados le recomendaron someterse al examen de ADN.


Tras conocer los resultados negativos, él impugnó la paternidad y, desde el 2013, la niña ya no tiene su apellido, tampoco recibe la pensión. Ahora ella tiene 16 años y vive con su mamá.


Él se fue a vivir en Europa para recuperarse emocionalmente. “Me fui porque no me hallaba. Apareció la oportunidad de estudiar y trabajar en otro continente y voy dos años acá”. No tiene más hijos, pues siempre se enfocó en la pequeña con la que tenía una relación de paternidad. Trató de rehacer su vida con otra chica, pero sus problemas eran tan fuertes que se separaron.


Ahora, él demandó a la mamá por daño moral y espera la resolución del juez con una indemnización de USD 50 000. Lo hizo con base en el artículo 242 del Código Civil: “Durante el juicio se presumirá que el hijo lo es del marido, y será mantenido y tratado como tal. Pero una vez que se declare judicialmente que el marido no es el padre, tendrá derecho el marido y cualquier otro reclamante a que la madre les indemnice de todo perjuicio que la pretendida paternidad les haya causado”.


Lo mismo hará Enríquez. En el transcurso de esta semana, él y su abogado alistan una demanda en contra de Ximena. En ambos casos, con sentencias a su favor, argumentan que se afectó su voluntariedad con la inducción al engaño.


Gualotuña explica que cada vez es más frecuente que se presenten casos de impugnación de paternidad y la nulidad. A su juicio, los problemas se derivan de lo económico. “Se pide la impugnación porque hay demanda de alimentos”. En otros casos –añade el juez– las impugnaciones se producen por herencias y se apoyan en el inciso cuarto del artículo 233. “Las personas a quienes la paternidad o maternidad impugnable perjudique en sus derechos sobre la sucesión de los que constan legalmente como padre o madre”.

Impugnación de reconocimiento

El Consejo de la Judicatura refiere que 933 causas resueltas por reconocimiento voluntario del menor se han reportado en el país. Las provincias con mayor índice son Tungurahua y Pichincha con 142 y 133. Le sigue Manabí con 119 (ver cuadro).

Nelson Cabezas es un abogado que ha manejado 22 casos de ese tipo. Explica que en esta figura se aplica el artículo 250 del Código Civil. Es decir, pueden hacerlo el hijo y cualquier persona que tiene interés en ello. Asimismo, el reconociente podrá impugnar por vía de nulidad y demostrar que hubo inducción al error, fuerza y dolo.

Así ocurrió con William Cusme al descubrir que no era el papá de su hija, hoy de 5 años. Cuando la pequeña nació, la madre le dijo que era su hija y él la inscribió en el Registro Civil. Tras enterarse que no era el padre verdadero, él presentó la impugnación de reconocimiento.

Argumentó que le indujeron a error al mentirle que era su niña y que la reconozca. Finalmente, el año pasado, el juez declaró la nulidad absoluta del acto de reconocimiento. "Por lo que llevará los apellidos de su madre, debiendo marginarse en este sentido la partida de nacimiento", señala el fallo. Ejecutoriada la sentencia, esta fue inscrita en el Registro Civil.


En otro caso, Myriam Jácome aceptó que su exconviviente, Luis Pérez, no era el progenitor de su hija, de 11 años. Al principio, el hombre presentó la impugnación de reconocimiento y argumentó que también le mintieron diciéndole que era el padre. Luego ella admitió que no era así y se allanó en una audiencia de conciliación. Con ello, se dejó sin efecto el reconocimiento del papá de la menor en la partida de nacimiento. A cambio, él no presentó demanda en contra de su expareja por daños y perjuicios.


En los juzgados de la Niñez y Adolescencia se tratan los casos de impugnación de paternidad.

sábado, 17 de marzo de 2018

Trabajadores sexuales masculinos laboran en cuatro zonas de Quito

Trabajadores sexuales masculinos se ubican en las esquinas de la Plaza Foch (foto) o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO


Diego Bravo Carvajal 

La noche de este viernes 16 de marzo del 2018, decenas de trabajadores sexuales masculinos salieron a las calles de Quito a laborar. Se ubican en las esquinas de la Plaza Foch o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Otros están en los centros de diversión nocturna localizados cerca de la Plaza Artigas. Hay otro grupo que permanece en la Plaza de la Independencia.

Esas zonas son identificadas como espacios en donde se ejerce el trabajo sexual masculino, según el mapeo realizado por la organización HTS Goover, la cual busca la protección de derechos de los y las trabajadoras sexuales del Ecuador. Su representante, David González, calcula que en la capital existen aproximadamente 300 hombres que se dedican a esa actividad, sin contar a los extranjeros que también lo hacen y se han incrementado en los últimos años. Ellos comienzan su trabajo a las 21:00 y terminan pasadas las 02:00.

¿Quiénes son sus clientes? La mayoría, hombres y un bajo porcentaje corresponde a mujeres. Eso depende del sitio en donde se encuentran. Se llaman "gigolos" los que solamente tienen intimidad con señoras o chicas, precisa González. Ellos están cerca de la Plaza Artigas.

La noche del viernes, un trabajador sexual contó sus experiencias a este Diario. Se llama Darío, de 32 años, un ingeniero químico venezolano que llegó al Ecuador hace ocho meses. Admite que en su país también se dedicó a eso para mantener a su esposa e hija de 9 años. Mensualmente, él atiende a un promedio de 16 clientes. De ellos, el 70% es hombre, de entre 30 y 45 años, generalmente casados y profesionales, que buscan tener encuentros íntimos con trabajadores sexuales. El resto es mujer.

“Mensualmente, mis ingresos varían. Cuando hay bajas ganancias percibo USD 600. En los mejores momentos gano entre USD 1000 y 1200”.

Asimismo, se contactan con gente por redes sociales, en donde cuelgan sus fotografías cuando se encuentran desnudos y no muestran sus rostros. En otras ocasiones, se paran en las esquinas a la espera de que llegue algún interesado en contratarlos.

A simple vista, ellos lucen como cualquier joven que sale a divertirse en la Plaza Foch y sus alrededores. Su ropa no es llamativa: visten jeans, una chompa abrigada, camiseta y zapatos deportivos. Siempre llevan una mochila, lo cual los mimetiza entre la gente como si fueran estudiantes universitarios.

En la organización HTS Goover se compilan las experiencias de los trabajadores sexuales. González cuenta que hay toda clase de gente que los busca. Unas personas lo hacen solo por sexo. Otras para conversarles su vida y desahogarse mientras toman un café o licor. Se reúnen en hoteles y hostales. La tarifa por cada encuentro varía entre USD 30 y USD 200, dependiendo el cliente.

Los viernes y sábados son los días de más trabajo. Cuando tienen encuentros con mujeres, que son pocos, ellas son casadas o divorciadas. “La última que estuvo conmigo fue una de 38 años que se había separado de su esposo, quien viajó a España y se sentía sola”, señala Darío.

En el mapeo, la organización HTS Goover identificó al Parque El Ejido, junto al Puente de El Guambra, como uno de los sitios en donde los gais y bisexuales contratan trabajadores sexuales varones. A la Plaza de la Independencia, en cambio, acuden quienes son de bajos recursos económicos.

Otra estrategia para conseguir clientes es visitar las discotecas y "enganchar" interesados en contratar sus servicios sexuales.

http://www.elcomercio.com/actualidad/trabajadores-sexuales-masculinos-laboran-quito.html

jueves, 2 de noviembre de 2017

Historias de ecuatorianos casados con extranjeros

Parejas binacionales cuentan cómo se conocieron y luego se casaron en Ecuador. En la gráfica, Javimar Urdaneta de Venezuela y el quiteño Marco Antonio Cuadrado en su vivienda. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Más bodas entre colombianos y ecuatorianos

 Diego Bravo Redactor (I)
dbravo@elcomercio.com

El interés de colombianos y venezolanos por emigrar a Ecuador se mantiene. Eso se confirma en grupos de Facebook de ciudadanos de ese país, a dos meses del fin del 2017.

Por ejemplo, en los perfiles Colombianos en Ecuador y Venezolanos en Ecuador, hombres y mujeres piden recomendaciones para viajar. Algunos quieren venir con su familia, otros la forman acá.

Javimar Urdaneta, de 33 años, llegó al país, en el 2009, por la crisis que afecta a Venezuela. Su plan era salir adelante con sus parientes, no pensó que aquí encontraría el amor. Se casó con el quiteño Marco Antonio Cuadrado, de 31 años, el 30 de abril del 2015, tras cumplir tres años de compromiso. Ella es comunicadora social, dirige su propia escuela de baile y es maestra de inglés.

Se conocieron en la empresa petrolera en donde trabajaron. Él como ingeniero en sistemas y ella en el área de documentación. Al principio, el noviazgo fue difícil para él porque su suegra era jefa en la oficina. Pero con el tiempo se ganó su confianza.
Cuadrado tiene un hijo de 6 años de otro compromiso. Urdaneta le ayuda a cuidarlo cuando los visita cada 15 días.

Según el Registro Civil, desde enero del 2016 hasta septiembre de este año, hubo 2 976 matrimonios de ecuatorianos con extranjeros. El mayor número de uniones registradas fue con colombianos: 534. Siguen las nupcias con estadounidenses, españoles, venezolanos e italianos con 334, 330, 296 y 229. Eso coincide con el registro de extranjeros que más ingresó al país en el 2016. Provienen de Colombia, Estados Unidos, Perú, Panamá, España y Venezuela, según el INEC.

Otra pareja binacional es la de Yurani Díaz, de Colombia, y el policía ecuatoriano Diego Ramírez, de 22 y 24 años. Se casaron el 16 de septiembre del 2016, en Quito, tras haber sido novios por cinco años. Viven en Alausí. Planifican tener un bebé el próximo año.

La migración en América Latina es recurrente y crece en un 17% cada año. En la mayoría de casos se trata de ciudadanos que provienen de naciones vecinas que recorren la región. Esto lo indica el estudio ‘Migración Internacional’ de la Organización de Estados Americanos (OEA), del 2015. Ecuador es parte de esa realidad, explica Jacques Ramírez, catedrático sobre temas de movilidad humana.

Para él, la cantidad de matrimonios binacionales es baja frente a los cerca de 400 000 inmigrantes que oficialmente viven en el país. La mayoría es de Sudamérica, de Colombia, Perú y últimamente de Venezuela. Eso significa que los matrimonios no necesariamente son usados por foráneos como mecanismo para regularizar su estado migratorio, como pasó antes. Es decir, sí hay parejas que se unen “por amor”.

¿Cuál es el trámite para que un ecuatoriano y un foráneo se casen? Ellos únicamente deben recurrir a las oficinas principales del Registro Civil de Quito, Guayaquil y Cuenca. La persona de otra nación debe presentar el pasaporte con visado vigente, la tarjeta andina o credencial de refugiado.

Los residentes pueden hacerlo con la cédula en cualquier agencia de esa entidad. En el caso de los matrimonios de ecuatorianos y foráneos que se realizan en el exterior, se aplica el artículo 91 del Código Civil.
De esta forma, la española Cristina García y su esposo ecuatoriano Alejandro Calderón, de 30 y 29 años, unieron sus vidas en la iglesia del Tibidabo de Barcelona, el 12 de julio del 2015. Fueron novios por 11 años y estudiaron en la universidad de esa ciudad.

Optaron por vivir en Quito porque la crisis económica se agudizó en España y él no conseguía un empleo relacionado a su área, las ciencias políticas. Tras radicarse en la capital, ella consiguió trabajo en un centro de educación como parvularia. Él es catedrático en una universidad privada.

Hace tres meses nació su primer hijo, Teo. Para cuidarlo, ambos se organizan en las madrugadas. Ella se despierta a las 03:00 y él a las 05:00 para prepararle los biberones.

¿La xenofobia representa un problema en la conformación de estas parejas? Para Ramírez, en Ecuador sí existe un grado de rechazo para un grupo determinado de inmigrantes, pero otro es aceptado. Se trata de la construcción de un modelo ideal blanco-mestizo. “Quienes ingresan en ese grupo son migrantes deseados.

Son europeos o norteamericanos”. Pero se complica para los latinoamericanos. Pese a ello, la conformación de matrimonios de ecuatorianos y latinos -dice- demuestra que se respeta la diversidad como una forma de reconocerse en la diferencia.


La española Cristina García y Alejandro Calderón alimentan a su hijo, Teo, de 3 meses. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO
http://www.elcomercio.com/app_public_pro.php/tendencias/bodas-colombianos-ecuatorianos-migrantes-registrocivil.html

jueves, 26 de octubre de 2017

¿Hasta qué punto la pornografía incide en la visión de la sexualidad?

La pornogafía puede incidir en la forma cómo los jóvenes conciben la sexualidad. El próximo jueves 26 de septiembre de 2017 se inicia PORNOsotros para concienciar sobre este tema a los jóvenes. Foto: Archivo / imagen referencial

El material pornográfico distorsiona la visión de la sexualidad

Diego Bravo Carvajal
Redactor (I)

“La pornografía creó en mí, desde la adolescencia, una imagen de la mujer que no es real. Pensaba que ellas deben tener un cuerpo escultural y ser delgadas, pero no siempre es así. Con el tiempo me di cuenta que eso es una falacia y aprendes a aceptar al otro como es”.

Con ese testimonio, Martín (nombre protegido) reconoce que estaba confundido y que concibió a la sexualidad como lo que se difunde en sitios web con información triple X: chicas esbeltas y jóvenes musculosos desnudos.

Cuando iba a tener relaciones con una amiga por primera vez, él se decepcionó porque ella no tenía el cuerpo que esperaba. Usaba dos brasieres y un pantalón levanta cola que, al sacárselo, mostró otra realidad. Él pretendió tener sexo sin despojarse de la camiseta, por vergüenza de su barriga. Al final, ambos no sintieron atracción y lo dejaron ahí.

Estos temas se abordan en la campaña denominada PORNOsotros, impulsada por un grupo de estudiantes de Comunicación de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y que comienza el próximo jueves 26 de septiembre de 2017.

El fin es concienciar a los jóvenes sobre la configuración de los estereotipos que pueden generarse por el consumo de material para adultos. Más si en Ecuador el inicio de la actividad sexual es temprana.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) muestra que el 32,9% de mujeres del país reportó tener experiencia sexual entre los 15 y 19 años. A esto se suma que el 89,9% de adolescentes menores de 15 años tuvo su primera relación íntima con personas mayores que ellas.

Como parte de la campaña se levantó una encuesta a 220 universitarios. Esta mostró que la mayoría concibe a la sexualidad dentro de los formatos establecidos por la pornografía, con “hombres musculosos, bien dotados, mujeres bonitas, encuentros llenos de fantasías extrañas, orgasmos fingidos, que confunden”.

En el documento se indica que cuatro de cada 10 jóvenes no se sienten satisfechos con su pareja. Es decir, no llenan sus expectativas en lo físico ni con su rendimiento en la cama. El 64% de encuestados trató de experimentar lo que vio en un portal web de porno.

El 75% de los varones que participaron en el estudio espera enamorar a mujeres con cuerpos como los de las actrices. Un 42% de las estudiantes aspira a algo similar.

Asimismo, el 32% de jóvenes se sintió incómodo con lo que sus parejas les han pedido hacer: sadomasoquismo, uso de lencería y zapatos de tacón en el momento de tener intimidad, entre otros. “De ese grupo, el 61% son mujeres”, cuenta Camila Hidalgo, una de las estudiantes de la USFQ, que desarrolló el reporte.

El consumo de pornografía incluso puede generar un contexto de violencia entre las parejas. La razón: hay casos en los que las mujeres se sienten incómodas, vulneradas y presionadas cuando les piden a hacer cosas que no quieren o les causan miedo. Lo más común es el contacto anal.

Así lo vivió Cristal (nombre protegido), de 21 años, quien tuvo intensas discusiones con su enamorado por ello. Finalmente, la joven se mantuvo firme y no accedió a las presiones, aunque él insistía.

Esteban Rodríguez es un psicólogo integral que trabaja temas de pareja. Asegura que la pornografía tiene tintes sexistas y machistas, que pueden influir en las relaciones amorosas, más cuando en la sociedad ecuatoriana históricamente se ha tolerado ese tipo de comportamientos.

Aconseja que para evitar esa clase de problemas, las parejas intenten priorizar el diálogo y preguntarse, como novios o esposos, lo que realmente necesitan en sus vidas.

Para el terapeuta Édgar Reyna, las personas deben entender que los videos que se difunden en las ‘páginas prohibidas’ corresponden a una alteración de lo que es la sexualidad. De ese modo, se pueden evitar falsas interpretaciones de la realidad.

El consumo de ese tipo de material, de forma reiterada -comenta- no se presenta únicamente entre universitarios, sino en personas mayores de 30 años. A su consulta han llegado mujeres que lo hacen para complacer a sus compa­ñeros, aunque no son felices con esas prácticas.

En esa línea, el terapeuta apunta que pueden darse casos de “falso apetito sexual”, cuando ellas quieren tener relaciones de forma reiterada para que ellos no les sean infieles.

Eso es más frecuente cuando pretenden “darles a ellos lo que podrían encontrar fuera” de la relación o el hogar. Hay otro estereotipo muy común que se produce a raíz del consumo de material XXX entre los jóvenes. Corresponde al tamaño del miembro viril, que puede generar baja autoestima en los hombres.

Así pasó con el exnovio de Sara (nombre protegido), de 21. “Nunca he visto porno, pero él lo hizo. Hubo varias veces en las que se sentía un poco preo­cupado por el tamaño. Trataba de darle seguridad, pero varias veces él no se sentía bien”.

Él también le pidió a Sara que haga cosas que no le gustaban cuando estaban a solas. Ante la insistencia del novio, accedió algunas veces, pero incómoda. Por eso, la joven concuerda con la idea de que “las mujeres no tienen voz”, debido a que casi siempre el hombre ignora su punto de vista para lograr lo que quiere o busca.

En cuanto a la percepción de los orgasmos, existe una confusión en que estos deben ser como aparecen en los videos para adultos. También en el tiempo de duración de los encuentros sexuales.

Hidalgo comenta que se trata de concienciar a la gente, ya que tampoco se debe evitar la pornografía. “La clave es darle un uso adecuado”. Y hay jóvenes que lo han hecho. A Lucas (nombre protegido), de 21, le sirvió de “ayuda”, cuando llegó el momento de hacerlo por primera vez. Se complementó con su pareja y cree que se puede evitar la infidelidad.

domingo, 15 de octubre de 2017

Las historias de los secuestros parentales en el 2014

Paquita Morales guarda los recuerdos de sus hijos en su casa del norte de Quito. EL COMERCIO

 122 padres quieren recuperar a sus hijos

Diego Bravo. Redactor 
dbravo@elcomercio.com

Las camas de sus hijos están destendidas desde el 10 de julio del 2012. Esa noche fue la última vez que Paquita Morales estuvo junto a Karina, Karla y Danny, quienes hoy tienen 19, 16 y 14 años y viven en Miami, EE.UU.

"Eran buenos estudiantes y su padre les llevó de viaje como premio por sus calificaciones. Estaba previsto que permanezcan allí un mes, pero él ya no les permite regresar al país", según relató a este Diario Morales. La comerciante, de 47 años, firmó un permiso de salida del país de sus hijos y lo certificó en una notaría, tal como lo exige el Código de la Niñez y Adolescencia. Confió en que solo se trataría de unas cortas vacaciones; nunca imaginó que no los volvería a ver.

Este tipo de casos se conoce como secuestro parental: ocurre cuando un menor de edad es separado por uno de sus padres sin el consentimiento del otro. En algunos casos sucede de forma permanente y en otros es transitorio. Este no es un caso aislado.

En el país se han registrado 323 de progenitores que se llevaron a sus hijos, desde el 2008 hasta febrero de este año. De estos, 122 están abiertos y son tramitados por el Consejo de la Niñez y Adolescencia (CNNA). En este período, 20 padres tramitan un aval internacional para visitar a sus hijos en el extranjero, especialmente en Estados Unidos y España.

Para el abogado Francisco Sánchez, de la Unidad de Relaciones Internacionales del CNNA, uno de los problemas recurrentes es que los afectados desconocen el trámite que deben realizar para la recuperación, pues este fenómeno no se ha visibilizado en el país. Eso vivió Paquita Morales con la partida de sus hijos. Durante seis meses, tocó las puertas de instituciones públicas, pero no obtuvo respuestas.

"Incluso me fui a la Unidad Antisecuestro y Extorsión de la Policía (Unase). Al enterarse que mis hijos estaban fuera del Ecuador, los agentes no pudieron ayudarme". A inicios del 2013, Morales supo que esos trámites se realizan en el Consejo de la Niñez y Adolescencia, pero surgieron otros inconvenientes. Sobre todo, la falta de dinero para pagar un abogado que gestione las diligencias de restitución internacional en Estados Unidos.

La mujer siente impotencia y su voz se quiebra, mientras recorre las habitaciones de sus hijos en su casa de Llano Chico, en donde vive sola. Para cubrir los gastos legales en EE.UU. quiere instalar un restaurante en la planta baja de su vivienda. Actualmente, ella solo se comunica con Karina, Karla y Danny a través de las redes sociales, especialmente en Facebook por las noches. En ocasiones chatea con ellos hasta tres horas diarias...

A escala internacional, este fenómeno está normado por el Convenio sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores, suscrito en 1980 durante el VIX período de sesiones de la Conferencia de La Haya. Se denomina secuestro parental e implica "el traslado de un menor fuera de su entorno habitual, en el que estaba bajo la responsabilidad de una persona física o jurídica que ejercía sobre él un derecho legítimo de custodia".

Ecuador es signatario de este convenio. Para que un padre se reencuentre con su hijo debe aplicarse el trámite de restitución internacional de menores. Este proceso puede durar entre seis meses y tres años, según fuentes del Departamento Jurídico del CNNA. El marco jurídico Roberto Carrera es un abogado especializado en temas de niñez y adolescencia.

A su juicio, otra de las falencias es que en el país no hay un marco jurídico que aborde el tema. De hecho, solo la resolución número 014-CNNA-2008 señala que el Consejo de la Niñez y Adolescencia debe actuar como autoridad central para ejecutar el Convenio sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de La Haya. Sánchez coincide. Por eso, el CNNA elabora el borrador de una normativa que será presentada en la Asamblea.

En Ecuador no hay sanciones para castigar la retención forzada de menores. Esto sí ocurre en otros países como Alemania y España. Por ejemplo, en la primera nación la pena es de hasta 5 años de prisión. Si se enmarca como secuestro parental internacional, se ordena la captura del padre acusado a través de Interpol. El artículo 225 del Código Penal español castiga con pena de 2 a 4 años de prisión al progenitor que cometiera secuestro parental u obstaculizara el contacto de los menores con sus padres no convivientes.

Paquita Morales no busca sanciones. Lo único que pretende es que sus tres hijos regresen y se reintegren al colegio en donde estudiaron. Ella no ha tendido las camas de sus pequeños. Espera que a su regreso encuentren las habitaciones desarregladas tal como las dejaron al irse. Karina, la primera de sus hijas, ya es mayor de edad. Ella puede volver al Ecuador sin el consentimiento de su padre. Pero no lo ha hecho por cuidar a sus hermanos.

En contexto 

El traslado no consentido de hijos al exterior está tipificado en Alemania y España como secuestro parental. El Consejo de la Niñez investiga los casos reportados por padres, cuyas parejas se llevaron a sus hijos a otras naciones. En 20 procesos los progenitores tramitan permisos internacionales para visitarlos.

No olvide Si su pareja  se lleva a su hijo o hija sin su consentimiento al extranjero, usted tiene que acudir al Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia para los trámites. Para iniciar la diligencia de restitución internacional de menores, los padres deben llenar un formulario que les entregan en el CNNA. También deben presentar fotos de su hijo y del progenitor que lo trasladó a otro país. Esto incluye la partida de nacimiento del menor.

El trámite incluye la entrega de documentos que justifiquen la residencia habitual de su hijo en Ecuador (certificados médicos, de estudios, entre otros). Los documentos deben ser traducidos al idioma del país en donde se encuentra el niño. En el sitio web del CNNA hay más información sobre estos trámites.

http://www.elcomercio.com/actualidad/seguridad/122-padres-quieren-recuperar-a.html

domingo, 18 de junio de 2017

Permiso de paternidad estrecha más el nexo del padre con su hijo

Fernando Saltos, de 27 años, con sus hijos Franco y Daniel, de 5 años y 10 meses. A veces los cuida mientras trabaja. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.


Diego Bravo C. y Mariela Rosero Ch. (I) 

Lava los biberones con agua caliente para desinfectarlos. Igual hace con tazas de medición de la leche de fórmula, que prepara para alimentar a Bianca, de seis días de nacida. Eduardo Bedoya, de 42 años, es un empleado público. Accedió a la licencia de paternidad para cuidar a su hija y esposa, cuyo parto fue por cesárea.

Su labor es la misma cada día. Se levanta en la madrugada cuando la nena despierta y la entretiene. También cocina la dieta de su mujer: caldo de pollo con verduras. Lava la ropa de ambas. “Hay prendas que meto en la lavadora, otras van a la piedra de lavar”.

Hace 10 años, cuando nació su primer hijo, las circunstancias eran otras. Entonces, en el Código del Trabajo no existía la licencia por paternidad. Recuerda que pasó apenas un día con él. Al siguiente tuvo que incorporarse a sus labores. En casos de cesárea son 15 días; en parto normal, 10; y si el bebé nace con una enfermedad degenerativa, terminal o irreversible o discapacidad severa, la licencia, con remuneración, llega a 25 días. Ahora, los padres cada vez participan más de la crianza. Eso anota Bedoya.

Compara lo que vivió hace 10 años, con su actual experiencia. Sus suegros le ayudaron con su primogénito. Su esposa es veterinaria. Antes del 30 de este mes regresará a su trabajo.

Esa ansiedad también experimenta Stalin Álvarez, de 26 años. El jueves 29 se le terminará la licencia. Su hija Teresita nació el miércoles 14, en el Hospital Gineco Obstétrico Luz Elena Arismendy, en el sur de Quito. Ha estado pendiente de ella y de su hermano de un año y medio. El tiempo le parece corto, pero lo aprovecha.

Iván Nolivos es un abogado laboral. Cuenta que desde la Constituyente del 2008 se habló del permiso de paternidad. Fue implementado en febrero del 2009, tras la reforma al Código Trabajo y la Ley Orgánica del Servicio Público. Rige en el campo privado y público. El objetivo -recuerda- era reducir brechas de género, para que padres y madres se ayuden en los primeros días posteriores al nacimiento. Antes no había permisos de paternidad y dependía de cada empresa si otorgaba días o no. En España, el permiso es de cuatro semanas.

En Noruega, la licencia es de 112 días. En Alemania, los días libres por maternidad y paternidad se comparten entre ambos; el plazo máximo es de 14 semanas. Fernando Saltos, de 27 años, pasa el mayor tiempo posible con sus hijos. Le hablaba a Franco, quien ya tiene 5, desde cuando estaba en el vientre de su esposa, Solange Gaibor. A las madres -apunta- se les hace más fácil establecer una relación con los bebés porque los llevan en sus cuerpos. Por eso, “el reto es crear vínculos con ellos desde el nacimiento”.

Él estuvo en el momento del parto, fotografió al recién nacido, cuando su esposa aún dormía, tras la cesárea. Fue el primero en cargarlo y vestirlo. Lo más inolvidable ha sido lograr que durmiera sobre su pecho. “No es solo hacer el hijo y allá. Esas experiencias generan lazos que duran de por vida”. La licencia de paternidad permitió que conviviera con Franco desde sus primeros días. Ahora está por terminar el primero de básica.

Lo lleva en su auto a la escuela, en un trayecto de 40 minutos. Responde a preguntas como: ¿Papi, el sol va a morir? Con su segundo hijo, de 10 meses, Saltos también es un padre involucrado en los cuidados. Se dedica a la animación digital, ya tiene un negocio propio.

Así que maneja mejor sus horarios. En las noches, su esposa descansa, tras haberle dado de lactar al bebé. Y él, lo arrulla para que se duerma. María Moreno de los Ríos, fundadora del Parto es Nuestro Ecuador, motiva a los varones, para que se impliquen en la paternidad desde el embarazo. Les pide que acompañen a los chequeos a sus parejas, que estén en el nacimiento y que luego cambien pañales...

“Si el hombre se involucra en la crianza, ayuda al cambio de dinámicas en las familias”, afirma María. Y reitera que en el país, en las guías del Ministerio de Salud, se garantiza el derecho a que padres o un cercano a la mujer esté en el parto. Para Saltos, “acompañar en el día a día, proteger, apoyar, esa es la labor de un padre, no necesariamente de sangre”.

https://www.elcomercio.com/tendencias/permiso-paternidad-nexo-padres-hijos.html

domingo, 11 de junio de 2017

Fin de ciclo lectivo, época de la ilusión por el paseo estudiantil

República Dominicana y Panamá son los destinos preferidos. En el país, Galápagos. Los segundos de bachillerato adelantan el viaje, por la graduación. Fotos: Cortesía
Diego Bravo C.
Redactor (I)

La bandera mide cuatro metros y fue elaborada por los alumnos de segundo de bachillerato del Colegio Isaac Newton. “M17” se lee, con letras de colores, sobre la tela. Es un recuerdo del paseo de fin de año: Mompiche 2017.

 A esa playa del sur de Esmeraldas viajaron, en mayo, tras finalizar el primer quimestre de este año lectivo, que terminará el miércoles 5 de julio.  Por estudiante, cada familia pagó USD 400. Adelantaron el viaje por sugerencia del comité de padres. La razón: en julio del 2018 terminarán la secundaria. Con ello vendrán más gastos.

Juan Carlos Ron, uno de los papás que planificó el paseo, contó que el próximo año tendrán la fiesta de graduación en el Hotel Marriott. Les costará unos USD 1 000 por chico. Los viajes al extranjero son comunes en los planteles particulares.

En el Martín Cereré, 35 estudiantes fueron el año pasado a Punta Cana, en República Dominicana. El paquete les costó USD 1 300, a cada uno, incluido el pasaje aéreo. Tuvieron acceso a comidas y bebidas ilimitadas, así como a piscinas, deportes acuáticos, shows artísticos y discotecas.

Allí permanecieron cinco días. Viviana Cevallos, del grupo de padres, comenta que la fiesta de graduación será en el Swissotel. El presupuesto es de USD 900, por alumno. Faltan 25 días para que se termine el ciclo lectivo. Y, en varios planteles, ya sueñan con el paseo de fin de año. Mientras, en otros, como en estos, el viaje se adelantó, como en el Newton y Cereré.

Este Diario contactó a siete establecimientos particulares, cinco organizaron paseos. Galápagos y Punta Cana son los destinos predilectos de los estudiantes para los paseos de fin de año. Esto según la Asociación Ecuatoriana de Agencias de Viajes, Operadores de Turismo y Mayoristas. ​ Diego Pádula dirige esa entidad y preside la agencia Polimundo.

En cuanto a los viajes internacionales que organiza su empresa, el 80% de los colegiales opta por Punta Cana. El resto a Playa Blanca, en Panamá. Otras firmas ofertan viajes a Cancún, en México. También a San Andrés, Colombia. A escala nacional, calcula que el 40% de chicos que viaja, con sus compañeros, elige Galápagos como primera opción. Le sigue Mompiche (con el 20% de la elección). El resto va a otros lugares del país.

Los traslados al extranjero cuestan entre USD 800 y 1 500, dependiendo del hotel. Los costos al interior del país van desde USD 100 hasta 700. En Metropolitan Touring, el panorama es similar. Alexandra Ingavélez, jefa de Mercadeo, precisa que Punta Cana es el principal destino de los estudiantes. “El año pasado solían viajar grupos de 50 a 60 pasajeros. En el 2017 se movilizan de 25 a 30 jóvenes”. Pero hay planteles en los que no habrá viaje.

Fernando Morales, rector del Borja 3, señala que antes los alumnos de último año de bachillerato de su plantel se iban a las playas, pero en este año no lo harán. En el Colegio Sauce tampoco, los padres no se organizaron. En otros centros se vive otra historia. Los padres incluso han organizado eventos para ayudarse.

Los padres de 19 niños del séptimo de básica, del Colegio ISM, irán a un resort en Loja, con un presupuesto de USD 426 por persona. Dany Donoso, una de las organizadoras del paseo, relata que hicieron un ‘hornado solidario’ para apoyar a las familias con problemas económicos. El 17 de julio, cuando termine el año lectivo, viajarán. Esto para evitar pedir permisos al Ministerio de Educación.

Esa práctica es común. Desde el 2013 está vigente el Acuerdo Ministerial 195-13, emitido por la Cartera de Educación. Regula las excursiones y giras de observación. No los paseos. Establece que los establecimientos deben pedir permiso cuando los chicos hagan recorridos al interior del país. Se exceptúan de la prohibición las actividades que sean desarrolladas fuera del país: delegaciones o en representación del Ecuador.

Este Diario pidió datos del número de excursiones y salidas de observación al Ministerio, el 2 de junio. Pero el pedido, hasta el pasado viernes 9 de junio de 2017, no fue atendido. Padres y alumnos coinciden en que lo mejor es organizar los paseos de fin de año en época de vacaciones, al final de cada quimestre o del ciclo.

Así lo harán también los chicos de segundo de bachillerato del Colegio Menor San Francisco, para dirigirse a Punta Cana el próximo mes. Gabriela Jaramillo es una de las mamás que planifican el viaje. El destino fue escogido, entre varias opciones. Seleccionaron un hotel alejado de la ciudad por seguridad. La idea es que los jóvenes no se expongan al salir a sitios poblados. ​ El hijo de María Fernanda Arroyo, David, del Colegio Terranova, viajó a Playa Blanca, en Panamá, en segundo de bachillerato.

También, adelantaron el paseo por los gastos de la fiesta de graduación, este año. Será en el Paseo San Francisco, costará USD 130 por invitado. Pero también hay otras alternativas, los chicos del ISM van a los campamentos de Pensacola Christian College en Florida (EE.UU.). Según la rectora, Jenny Vinueza, cada año viaja un grupo. Allí hacen escalada, natación, recreación en la playa... Se diviertan y mejoren su conocimiento del inglés. Cuesta USD 1 300, por chico.

https://www.elcomercio.com/tendencias/colegios-bachillerato-paseo-viajes-estudiantes.html

jueves, 1 de junio de 2017

DÍA DEL NIÑO 2017: Abuelos y tíos juegan un papel en la crianza

Galo Larrea cuida a su nieto, Sebastián Lozano, de 10 años, luego de que sale de la escuela. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO    



Redacción Sociedad (I)
Diego Bravo C. 


La rutina es la misma todos los días. Galo Larrea, de 74 años, espera a que su nieto Sebastián Lozano, de 10, llegue de la escuela para servirle la comida y luego hacen los deberes.


“¿Qué tal estuvo la escuela hijo? ¿Qué te dijeron los profesores? ¿Qué aprendiste hoy?”, son las preguntas que le hace mientras el niño se sirve los alimentos. Él lo trata como si fuera su hijo. “Mi esposa falleció y la compañía de mis nietos me ha ayudado a salir adelante”, cuenta Larrea.


Esta escena se repite con algunos niños que participaron en la encuesta. Sus abuelitos les esperan en la casa tras salir de los establecimientos educativos. Unos les ayudan en los deberes, mientras que otros les acompañan en otras actividades. El estudio denominado ‘INEC va a la Escuela’ señala que un 12% de los infantes del país pasa el tiempo libre con los abuelos o tíos mientras sus padres trabajan o realizan otras actividades.


En el caso de Sebastián, su abuelo lo lleva a las clases de natación en el Club Regatas y le apoya cuando participa en torneos infantiles. Desde la tribuna le alienta para que no baje la velocidad mientras compite con otros pequeños. También le revisa las tareas escolares. “Me cuida, me ayuda a limpiar la casa porque mi mamá me dice que lo haga”, narra Sebastián.


Les ha pedido a sus papás que pasen más tiempo con él, pero ellos no pueden por las obligaciones laborales. Con ellos le gustaría jugar, ir al cine o únicamente ver televisión. Otros niños salen con sus abuelitos a reciclar. Para Justin, de 10 años, esa actividad es habitual junto a su abuelita ya que sus padres lo dejan con ella las tardes.


Cuenta que le obsequia las botellas plásticas de los jugos que consume para que ella los venda en las plantas recolectoras de plástico. Su padre trabaja como mensajero y su mamá en las oficinas de una cadena de restaurantes. Dice que él pasa la mayor parte del tiempo trabajando y únicamente llega a la casa para dormir. Cuando despierta, se dedica a revisar su celular.


“Quisiera jugar con él”. A Galilea le ayuda su abuelita a hacer las tareas ya que antes de jubilarse fue profesora en un establecimiento. Es feliz junto a ella, pero admite que le gustaría tener más tiempo con sus padres para contarles sobre los deportes que practica y lo que le gusta.


El estudio del INEC dice que la mayor parte de niños pasan con su madre. Es decir, el 77% del tiempo que tienen libre, generalmente las tardes. Y eso se replica en las encuestas realizadas. Camila Chamorro, de 10 años, disfruta del patinaje y pasa junto a su madre todas las tardes, al igual que con su hermano Sebastián. “Con ellos soy feliz”. Adrián vive lo mismo con su mamá por las tardes. Dijo que ella es muy divertida y siempre le cuenta chistes. Su papá es mucho más serio.



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