viernes, 14 de agosto de 2026

"Dios me dio una oportunidad": La historia de Carlos Ordóñez, el bailarín callejero de Quito

Carlos Ordóñez caminando junto a La Catedral, en el Centro Histórico de Quito. Foto: Diego Bravo. 

Carlos Gustavo Ordóñez Macías, de 46 años, es un conocido personaje que recorre las calles y plazas del Centro Histórico de Quito. La gente lo identifica inmediatamente cuando aparece con su parlante y baila las canciones de Gary Glitter, el icónico cantante británico de rock and roll a quien considera su máximo ídolo. 

En el sector lo conocen como “Tío Renato” o “Borrego” por su cabello ensortijado. Hace dos años, mientras recorría las calles del Casco Colonial durante un fin de semana, lo encontré bailando frente a un grupo de personas. Tras terminar su show me acerqué y accedió a una entrevista, que la he tenido guardada por largo tiempo. 

En ese tiempo, se pintó el cabello de verde con spray para grafitis. Lo acompañaba su perrita la que bautizó como Niña

Quito ha tenido personajes icónicos a lo largo de la historia, ¿se le puede considerar al "Borrego" como una de las nuevas figuras del Centro Histórico como el Águila Quiteña u otro?

¿Cuál es su nombre y de dónde es usted?

Me llamo Carlos Gustavo Ordóñez Macías. Soy de Quito, específicamente del sector de San Juan, detrás de La Basílica, del parque Matovelle. Mi perrita se llama Niña y me acompaña a todas partes, es mi mejor amiga.

¿Cuánto tiempo lleva dedicándose a bailar?

Para serle sincero, yo andaba robando, andaba en malos pasos. Pero Dios me tenía preparada una oportunidad y, para serle sincero, pagué cana en Cuenca y no me gustó. Con todo respeto, cuando murió mi mamá, yo estaba en Cuenca (detenido). Ahí comprendí todos los consejos que me daba: “El bien pagas bien, el mal pagas mal”. Entonces, Dios me dio una oportunidad.

 ¿Desde qué edad comenzó a robar?

De chamo, más o menos desde los ocho años y medio.

¿Y cómo empezó?

Eran cosas sencillas, pero después ya lo hice en cosas más fuertes. Lo más sencillo era robarme unos cinco sucres. Y terminé robando más alto, hasta 100 dólares.

¿Robaba en la calle?

Sí, a los transeúntes, pero me arrepiento de todo corazón.

¿Su mamá de qué murió?

Tenía una fuerte diabetes.

¿Por qué no baila reguetón?

No me gustan las canciones de ese género. Cantan pestes, con todo el respeto. Hay una que habla de un gato volador, ¿qué es eso? Nunca se ha visto un gato volador. Así hay otras sin sentido. Yo escucho Gary Glitter y me he convertido en un personaje viral en TikTok. Me subieron a esa red social los de un restaurante en el Centro Histórico. 

¿Usted ahora sobrevive de lo que baila?

 Sí, pero a veces la gente no me colabora. Yo paso bailando y existen personas que me regalan 25 centavos o me filman. Una vez me dijeron: “Oye, te están filmando, estás en TikTok, eres viral”. Soy viral, todo el mundo me ve. Me siento bien al saber que todo el mundo me reconoce y más con la música del recuerdo, de la vieja guardia. Esto me agrada, pero al rato de pedir una colaboración no me apoyan. O sea, me graban con sus celulares y se hacen los tontos.

¿Cuánto es lo máximo que ha conseguido en un día?

Lo más que he sacado han sido unos cuatro o cinco dólares.

¿Y eso le alcanza para vivir?

Para sobrevivir el día a día. También colaboro cortando las hierbas del parque; alguito me dan para comer y subsistir. 

¿Dónde vive actualmente?

Duermo en el parque Matovelle, atrás de la visera. Dos veces me ha sacado el Municipio, pero no hago mal a nadie. Mejor cuido a la gente y le ayudo

¿Cómo se consiguió el parlante?

Con mi plata que saqué del baile y de lo que cuido carros. Me costó unos 40 dólares. Me quiero comprar otro, pero hay mucha gente que me sigue y no me colabora, pese a que sabe donde vivo.

¿Tiene algún apodo?

Me dicen borrego porque soy zambo desde chiquito.

¿Porqué está con la cabellera de color verde?

Me pinté con aerosol para grafitis. No me hizo daño, pero no tenía plata para comprar otra cosa. Llama mucho la atención cuando bailo y muevo la cabeza. 

¿Dónde consigue la ropa?

Me la regalan. Esta chompa de vigilante que llevo puesta me la obsequió un amigo. Todo proviene de las manos generosas.

¿Por qué no busca otro trabajo?

No me gusta tener jefes. Yo soy el jefe y el empleado. Si quiero laboro y si no quiero simplemente no lo hago; lo mejor es depender de uno mismo. 

¿Por qué no tiene dientes?

De chamo perdí una parte de los dientes porque tuve un accidente bicicleta.  El resto se fue cayendo poco a poco. No me he puesto otros y vivo así. Ni siquiera me quedan las muelas. Solo tengo encías. 

¿Cómo se alimenta?

Trato de masticar con las encías que son duras. Casi no puedo comer carne y no la consumo, me toca machacar mucho para digerirla.

¿Cuántas veces al día se alimenta?

Una vez, pero más me pego pan con cola. También voy a los restaurantes que me conocen para pedirles que me regalen un plato de comida. Siempre lo hago con mucho respeto.

Carlos Ordóñez junto a su mascota que se llama Niña. Foto: Diego Bravo C. 








 

3 comentarios:

  1. La situacion de los homeless tiene un trascamara que pocos conocemos, gracias por compartir esta historia

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  2. Qué lástima estas personas en situación de calle. Gracias, Diego por hacer visibles estos temas.

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  3. Que buena historia, considero importante resaltar el talento de esta persona, quizá los entes gubernamentales encargados del arte lo pudieran apoyar ra qué tenga una vida digna

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