sábado, 17 de marzo de 2018

Trabajadores sexuales masculinos laboran en cuatro zonas de Quito

Trabajadores sexuales masculinos se ubican en las esquinas de la Plaza Foch (foto) o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO


Diego Bravo Carvajal 

La noche de este viernes 16 de marzo del 2018, decenas de trabajadores sexuales masculinos salieron a las calles de Quito a laborar. Se ubican en las esquinas de la Plaza Foch o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Otros están en los centros de diversión nocturna localizados cerca de la Plaza Artigas. Hay otro grupo que permanece en la Plaza de la Independencia.

Esas zonas son identificadas como espacios en donde se ejerce el trabajo sexual masculino, según el mapeo realizado por la organización HTS Goover, la cual busca la protección de derechos de los y las trabajadoras sexuales del Ecuador. Su representante, David González, calcula que en la capital existen aproximadamente 300 hombres que se dedican a esa actividad, sin contar a los extranjeros que también lo hacen y se han incrementado en los últimos años. Ellos comienzan su trabajo a las 21:00 y terminan pasadas las 02:00.

¿Quiénes son sus clientes? La mayoría, hombres y un bajo porcentaje corresponde a mujeres. Eso depende del sitio en donde se encuentran. Se llaman "gigolos" los que solamente tienen intimidad con señoras o chicas, precisa González. Ellos están cerca de la Plaza Artigas.

La noche del viernes, un trabajador sexual contó sus experiencias a este Diario. Se llama Darío, de 32 años, un ingeniero químico venezolano que llegó al Ecuador hace ocho meses. Admite que en su país también se dedicó a eso para mantener a su esposa e hija de 9 años. Mensualmente, él atiende a un promedio de 16 clientes. De ellos, el 70% es hombre, de entre 30 y 45 años, generalmente casados y profesionales, que buscan tener encuentros íntimos con trabajadores sexuales. El resto es mujer.

“Mensualmente, mis ingresos varían. Cuando hay bajas ganancias percibo USD 600. En los mejores momentos gano entre USD 1000 y 1200”.

Asimismo, se contactan con gente por redes sociales, en donde cuelgan sus fotografías cuando se encuentran desnudos y no muestran sus rostros. En otras ocasiones, se paran en las esquinas a la espera de que llegue algún interesado en contratarlos.

A simple vista, ellos lucen como cualquier joven que sale a divertirse en la Plaza Foch y sus alrededores. Su ropa no es llamativa: visten jeans, una chompa abrigada, camiseta y zapatos deportivos. Siempre llevan una mochila, lo cual los mimetiza entre la gente como si fueran estudiantes universitarios.

En la organización HTS Goover se compilan las experiencias de los trabajadores sexuales. González cuenta que hay toda clase de gente que los busca. Unas personas lo hacen solo por sexo. Otras para conversarles su vida y desahogarse mientras toman un café o licor. Se reúnen en hoteles y hostales. La tarifa por cada encuentro varía entre USD 30 y USD 200, dependiendo el cliente.

Los viernes y sábados son los días de más trabajo. Cuando tienen encuentros con mujeres, que son pocos, ellas son casadas o divorciadas. “La última que estuvo conmigo fue una de 38 años que se había separado de su esposo, quien viajó a España y se sentía sola”, señala Darío.

En el mapeo, la organización HTS Goover identificó al Parque El Ejido, junto al Puente de El Guambra, como uno de los sitios en donde los gais y bisexuales contratan trabajadores sexuales varones. A la Plaza de la Independencia, en cambio, acuden quienes son de bajos recursos económicos.

Otra estrategia para conseguir clientes es visitar las discotecas y "enganchar" interesados en contratar sus servicios sexuales.

http://www.elcomercio.com/actualidad/trabajadores-sexuales-masculinos-laboran-quito.html

viernes, 16 de febrero de 2018

Desde la 24 de Mayo, junto a la Iglesia del Robo

La Virgen del Panecillo luce radiante al apreciarla desde la Av. 24 de Mayo

Hace mucho tiempo que no hacía fotos del Centro Histórico de Quito. Me llena mucho caminar por ese lugar.

Una hermosa panorámica de la 24 de Mayo. Fotos: Diego Bravo C.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Conmoción en Quito por ataque de perros a una mujer hasta causarle la muerte


Sandra Elizabeth Quishpe, de 35 años, falleció tras ser atacada por cuatro perros en Chillogallo, sur de Quito. Sus familiares recuerdan que la victima fue destrozada por los animales. Piden justicia por este caso. La tarde de este miércoles, 14 de febrero del 2018, los familiares de la víctima recordaron cómo fueron sus últimas horas de vida. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Familia de mujer que murió atacada por 4 perros en Quito acudió a la Fiscalía

Diego Bravo Carvajal

"Cuida a mis hijos que te aman como si fueras su madre. Siento que me voy y pierdo las fuerzas". Esas fueron las últimas palabras que le dijo Sandra Quishpe, de 35 años, a su hermana, antes de morir tras ser atacada por cuatro perros en el barrio San Luis de Chillogallo, sur de Quito.

La tarde de este miércoles, 14 de febrero del 2018, los familiares de la víctima recordaron cómo fueron sus últimas horas de vida. Ella ingresó a las 07:40 del 9 de febrero al Hospital Enrique Garcés (sur) y falleció a las 15:00. En ese tiempo, ella conversó con sus parientes pese a las graves heridas y antes de ingresar al quirófano.

"Esos perros me arrastraron, tenían una ansiedad de comer carne y me mordían como querían ¡Tenía mucho miedo! Yo les gritaba y ustedes no me escuchaban", eso le dijo a Michelle Lema, hija de la víctima. "También nos dijo que le dolían mucho las piernas", añadió la joven.


Tras el ataque, Sandra estaba irreconocible -según sus allegados- bañada en sangre. Los canes le rompieron parte del cuero cabelludo y huesos de la cabeza.

Le devoraron el talón y el músculo de la pierna. Se le veían las venas y arterias del brazo. “A lo que salió a las 05:00, los perros le agredieron, como más pudieron. La arrastraron. Encontré la chompa, medias, parte de la ropa”, relató Nataly Lema, hija de la mujer fallecida, al caminar por el lugar donde su madre fue atacada.


Sandra se dirigía a su trabajo, en Iñaquito. “Ella trabajaba, nos mantenía a todos, nos daba todo para la comida, porque cuando mi papá y mi esposo a veces no tenían trabajo, ella nos daba todo”, señaló Nataly. Luego agregó que desea que el caso sea llevado a las autoridades para que la muerte de su madre no quede impune. Hernán Lema la encontró herida. Refirió que el ataque se produjo en un pequeño sendero de tierra y hierbas.

Los parientes de Sandra Quishpe acudieron la tarde del miércoles a la Fiscalía para presentar la denuncia. Piden que se haga justicia y este caso no termine en la impunidad. Junto a la casa de la víctima vive la propietaria de los cuatro perros (Tomás, Daki, Lazy y Drago).

La tarde del 14 de febrero, ella pidió la reserva de su identidad y dijo que se defenderá legalmente ante una demanda. Lamentó lo sucedido. “Con este problema de que ha suscitado un caso fortuito, un accidente. Los perros, no sé de qué forma, amanecen afuera. Como usted ve aquí hay un cerramiento grande, un terreno de 1 300 metros en donde los perros recorrían por aquí. Tal vez nosotros los teníamos por precaución porque, como usted ve, este barrio es campo y aquí me han robado, se roban las cosas. Por eso tenía los perritos, pero esto que ha sucedido es muy grave, estamos consternados, sufridos por ser vecinos, por los perros que causaron esto”.

Tras lo ocurrido, la noche del 10 de febrero, empleados del Municipio de Quito llegaron hasta su casa y se llevaron las mascotas.

“Nos retiraron a los perros la noche del sábado, a las 20:00. Llegaron funcionarios del Municipio, de la Agencia Metropolitana de Control. Me defenderé con mi respectivo abogado porque tengo derecho a defenderme”, dijo la mujer.

Posibles cargos penales

Una pena privativa de libertad, de 3 a 5 años, podría ser la sanción para el dueño de un perro que ataque a una persona hasta causarle la muerte. Esto se aplicaría con base en el artículo 145 del Código Orgánico Integral Penal (COIP).

Así lo indica Walter Enríquez Vásquez, abogado y exdecano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central del Ecuador. A su juicio, lo que se evaluaría con el debido proceso, en un hecho de esta índole, es el grado de responsabilidad frente al cuidado que debe tener el dueño con su mascota.

 La legislación sería aplicable al caso que generó alarma social, ya que cuatro canes atacaron a una mujer, argumentó el jurista. Es decir, el propietario tuvo que ser precavido en el cuidado de sus animales.

Además, dice, Enríquez, debería tomarse en cuenta al artículo 27 del mismo Código. “Actúa con culpa la persona que infringe el deber objetivo de cuidado, que personalmente le corresponde, produciendo un resultado dañoso. Esta conducta es punible cuando se encuentra tipificada como infracción en el COIP”.


No hubo una actitud dolosa –acotó el doctor Enríquez- pero sí hubo una de orden culposo.

En cuanto a los daños y perjuicios, en su momento, el dueño de los animales debe responder como responsabilidad civil.

Este Diario recorrió esta tarde el barrio donde se produjo la muerte de Sandra. Sus familiares la recuerdan trabajadora, en su puesto de venta de frutas en el mercado Iñaquito.

Antes de morir le pidió a su hija que terminara el colegio y que la iba a apoyar en sus estudios. También apoyaba a su esposo, Segundo Lema, quien trabaja en tareas de construcción.

http://www.elcomercio.com/actualidad/fiscalia-mujer-muerte-ataque-perros.html

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 Una mujer murió atacada por cuatro perros cuando salía a trabajar en Quito

Diego Bravo Redactor (I)

Sandra Elizabeth Quishpe, de 35 años, falleció el pasado viernes 9 de febrero de 2018, cerca de su casa, cuando caminaba para tomar el transporte que la llevaría a su trabajo. Fue atacada por cuatro perros pastor alemán, en Chillogallo, sur de Quito.

Tras el hecho, la Agencia Metropolitana de Control del Municipio de Quito abrió un proceso administrativo y dispuso una medida cautelar: el retiro de los canes a los propietarios.

La Ordenanza 0048, en su artículo 59, señala que serán sancionadas las personas que no mantengan a los animales de compañía dentro de su domicilio con las debidas seguridades o que las dejen transitar por espacios públicos o comunitarios, sin la compañía de una persona responsable del animal, a fin de evitar situaciones de peligro, tanto de las personas como del animal.

 Sandra se dirigía hacia Iñaquito cuando fue sorprendida por los perros. Cada mañana salía de casa con su pareja, pero el viernes él no pudo acompañarla.

En su velatorio, el domingo 11 de febrero, sus familiares estaban afectados. La víctima dejó en la orfandad a dos hijos. Las autoridades investigan el caso. Por fuera de posibles implicaciones penales por la muerte, la Ordenanza 0048 contempla una multa del 45 al 90% de un salario básico para los propietarios de animales que los dejan en la calle.

http://www.elcomercio.com/actualidad/perros-ataque-mujer-muerte-quito.html

jueves, 8 de febrero de 2018

¿Qué pasa con Nathaly Salazar, la ecuatoriana desaparecida en Perú?

Los parientes de la ecuatoriana-española Nathaly Salazar le piden ayuda al presidente Lenín Moreno. Ella desapareció en Perú el 2 de enero pasado. El miércoles realizaron un plantón en la Plaza Grande. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO


Familiares de Nathaly Salazar, desaparecida en Perú, piden ayuda a las autoridades ecuatorianas
 




Diego Bravo Carvajal

El paradero de la ecuatoriana Nathaly Salazar, de 28 años, es desconocido desde el 1 de enero del 2018. Lo último que se supo de ella es que estuvo de visita en el poblado de Maras, ubicado en el valle Sagrado de los Incas, en Perú.

Las autoridades de ese país señalaron que dos hombres fueron detenidos tras declarar que estuvieron con ella y que supuestamente habría muerto en un accidente. Los investigados son el dueño y un trabajador de un servicio de transporte rústico elevado, similar a un teleférico, que ofrecía a los turistas una visión panorámica de ese valle.

No obstante, los parientes de la joven piden que los ayuden en este caso. El 7 de febrero, acudieron a la Plaza Grande, frente al Palacio de Carondelet, en el Centro Histórico de Quito, para pedir asistencia. También acudieron hoy, 8 de febrero del 2018, al Ministerio del Interior. No están satisfechos con las investigaciones y buscan que el presidente Lenín Moreno les ayude.

Ellos portaban carteles con las frases: "Exigimos justicia para Nataly Salazar", "Sr. presidente, ayúdemos a esclarecer la desaparición", "Desaparecida en Cuzco", "Por favor solicitamos una investigaciones minuciosa sobre este caso", entre otros.

Gloria Flores León, tía de Nathaly Salazar, describe la situación de la familia de la desaparecida: "Mi sobrina viajó al Cuzco, en el sur del Perú, para hacer una investigación sobre las costumbres de los pueblos (indígenas). El último día del viaje, ella tenía planificado irse al poblado de Maras.

El problema es que nunca regresó. Incluso programó movilizarse a otros pueblos, en Bolivia, para conocer las tradiciones de cada cultura, pero eso no ocurrió. Lo último que supimos es que salió del hostal en el que se hospedó, a las 07:00. Pidió ayuda para que le enseñen cómo debía llegar a Maras. Luego desapareció.

Hay dos jóvenes detenidos y están con prisión preventiva. Ahora, lo que le pedimos al presidente Lenín Moreno es que se realicen gestiones para que, en Perú, se les practique las pruebas del polígrafo y ellos digan la verdad. Por favor, señor mandatario, ayúdenos.

Ella es ecuatoriana y usted como representante de este país no debe darnos la espalda. El mismo pedido lo hacemos a Cancillería u otra entidad. Queremos justicia para que se esclarezca este caso y se haga una investigación minuciosa. Nathaly es ecuatoriana-española. Viajó a la península ibérica cuando tenía 12 años, luego de la tragedia del feriado bancario. Sus padres llegaron primero y luego sus otras dos hermanas, quienes actualmente están en España. Ahora, ellas se quedaron solas en Europa, sin sus papás.

Ellos se encuentran en Perú luchando por ubicar a Nathaly. Las autoridades ecuatorianas no nos dicen nada. Se han enviado oficios y no hay respuestas. También le hacemos un pedido a la empresa ecuatoriana de telefonía que contrató Nathaly para que se realice el rastreo satelital de su celular. Quizás así podremos conocer los puntos que ella recorrió.

Ya hicimos esa gestión hace un mes para conocer su último paradero, pero nos notificaron que eso puede esperar de seis a nueve meses. No es justo, tenemos urgencia en localizar el cadáver. Vamos a venir las veces que sean necesarias a la Plaza Grande hasta que nos escuche el presidente Moreno.

La idea es que nos dé una mano y, de ser posible, dialogue con la Fiscalía del Perú. Como lo dije anteriormente, nuestro objetivo es que a los detenidos se les realice la prueba del polígrafo. Allá en Perú nos han ayudado mucho en la búsqueda de mi sobrina.

La última vez que lo hicieron fue el domingo anterior. Incluso participaron elementos de la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos. Hubo muchos voluntarios de buen corazón. El próximo domingo 11 de febrero se realizará otra búsqueda en Maras. Como familiares de Nathaly, les pedimos a los peruanos que viven en esa zona que nos ayuden".

domingo, 14 de enero de 2018

Cobertura por los 20 años de la guerra del Cenepa II

A inicios del 2015, recorrimos las bases ecuatorianas y peruanas que albergaron soldados por la guerra del Cenepa en 1995. Foto: En la población peruana de Yama Nunka, los pobladores se dedican a la agricultura.  Paúl Rivas / EL COMERCIO

Perú conserva 6 bases militares en zonas donde fue la guerra 
25 de enero del 2015

Por Diego Bravo C. (I)

Yama Nunka es un pequeño caserío de solo cinco familias. Es uno de los últimos pueblos peruanos que están frente a Ecuador. Solo el río Santiago los separa. El miércoles (21 de enero), un poco antes del mediodía un bote se varó a una orilla y cerca estaban los campesinos.

Unos usan botas de caucho y los niños caminan descalzos. Este sitio y otros 58 caseríos, con 4 000 habitantes, pertenecen a la comunidad fronteriza de Papayaco. Hace 20 años, en ese lugar se desarrolló la guerra del Cenepa, que comenzó el 26 de enero de 1995.

Este Diario entró al lugar y para hacerlo desde Ecuador hay que dejar la cédula y registrar los nombres en el destacamento peruano de Cahuide, ubicado frente a su similar ecuatoriano de Soldado Monge.

Un joven soldado registra los datos de la gente en un viejo cuaderno y pasan. Durante el conflicto que duró un mes, el ejército peruano movilizó hasta esos sitios más de 5 000 soldados. Los helicópteros MI-24 de la Fuerza Aérea de ese país, de fabricación rusa, que alcanzaban velocidades de 260 kilómetros por hora y que portaban ametralladoras, rockets y misiles sobrevolaban esa zona.


“De esos aparatos salían militares y nos dijeron que estábamos en guerra. No entendíamos lo que pasaba, porque con los ecuatorianos nos llevábamos bien y nuestros padres son de ese país. En 1995 nos enseñaron a disparar y pidieron que defendamos al Perú”, recuerda Elías Flores, de 54 años, que vive en Yama Nunka. Han transcurrido dos décadas de los combates y el escenario no ha cambiado en el lugar.
La gente consume agua entubada y no tienen electricidad e Internet. Tienen teléfonos satelitales, para llamar a sus parientes de otras comunidades o a los que viven en Morona (Ecuador). Se alimentan de yuca, plátano, pescado del río Santiago y adquieren jabón, aceite, fideos, harinas y utensilios de cocina en Ecuador.

Solamente se movilizan en lanchas con motores fuera de borda. A dos horas de allí opera el Batallón de Infantería de Selva en Ampama, uno de los puntos de abastecimiento de las tropas peruanas en 1995. Ahora, Ecuador aún conserva seis puestos militares en las zonas de la guerra. Felicita López tenía 14 años cuando vivía en ese sitio y estalló la guerra. Recuerda que cientos de soldados se formaban en el patio de esa base para cantar el himno del Perú.

La única forma de acceso es por lancha o helicóptero. Lo mismo ocurre para llegar al fuerte militar Minchan en donde funciona la Compañía de Desminado Humanitario N° 116 del Perú que retira explosivos en los puestos de vigilancia de Chiqueiza, Cahuide y en el Alto Cenepa. En los alrededores están otras comunidades de Papayaco cuya principal actividad es la agricultura y pesca.

Al mediodía de ese miércoles, habitantes del caserío San Martín recordaban lo que ocurrió en la guerra de 1995 cuando los indígenas Awaruna del Perú ayudaron a las tropas de su país. Eduardo Dávila, de 44 años, vive allí y en su memoria guarda el sonido de los aviones supersónicos y las explosiones que “sacudían la tierra”.

“Únicamente hubo miseria y preocupación, porque nuestras familias se separaron por irse a sitios más seguros. Yo dormía en el monte para no morir y tenía miedo. Por las noches, las bombas se veían como juegos pirotécnicos”, relata el hombre.

También murieron jóvenes de ese sitio que pelearon en la guerra. Eduardo Isam fue sobrino de Flores y tenía 19 años cuando una bala le impactó mientras estaba en Tiwintza. El hombre recuerda que –entre enero y febrero de 1995- los helicópteros peruanos trasladaban a los heridos a los hospitales de las ciudades de Bagua o Chachapoyas, capital de Amazonas.

Por el río Santiago subían lanchas con soldados. Desde su comunidad, Flores y otros hombres veían cómo se transportaban las ametralladoras antiaéreas DSHK de 12,7 milímetros del Perú, alimentos y pertrechos militares. Cuenta que desde Yama Nunka hay un camino, cuyo trayecto dura tres horas, desde el cual se puede acceder al destacamento ecuatoriano de Teniente Hugo Ortiz, en plena zona de guerra, en donde hay seis soldados y comparten alimentos con los militares del vecino país que viven en la base Chiqueiza.

Para regresar al Ecuador desde las comunidades peruanas fronterizas, el viaje se prolonga una hora más en lancha. La razón: el bote navega a contracorriente y se requiere más potencia en el motor.
Los ocupantes utilizan plásticos para protegerse de la lluvia y el conductor de la embarcación lleva 18 galones de combustible para todo el viaje, así como aceite de dos tiempos para la máquina.

Para volver a Ecuador hay que retirar las cédulas en el puesto de vigilancia de Cahuide y navegar dos horas más hasta llegar a Santiago. Allí funciona el Batallón 61 de Selva, otro de los puntos de concentración de los soldados ecuatorianos durante la guerra del Cenepa…

 http://www.elcomercio.com/actualidad/peru-conserva-basesmilitares-guerra-cenepa.html

20 años después de la guerra aún quedan por desminar 3 provincias
24 de enero del 2015

Diego Bravo C. (I)

Ocho desminadores trabajan en medio del lodo y ese día destruyeron una mina antipersonal, de fabricación española, que los soldados peruanos enterraron, hace 20 años, cuando los dos países iniciaron un conflicto bélico en el Cenepa. Únicamente hay un estrecho sendero delimitado con cintas rojas y amarillas. Por ahí caminan todos y para llegar a ese sitio los únicos accesos son las lanchas o por aire.

Ese día, el helicóptero Puma del Ejército aterrizó en un helipuerto. Allí estaban los ocho militares ecuatorianos que integran el Comando de Desminado del Batallón de Ingenieros Nº 68 Cotopaxi. Pablo Ungucha tiene 45 años.

Es parte de se grupo. En 1995 combatió en la guerra y ahora retira los explosivos. Mañana se cumplen dos décadas del comienzo del enfrentamiento armado y el desminado terminó solo en Loja y El Oro. Aún falta por detectar dispositivos en Pastaza, Zamora y Morona Santiago, la provincia en la que opera Remolinos. En ese destacamento todavía se conservan intactas las trincheras. Las secuelas de las explosiones aún están latentes.

Ahora Jorge Cisneros tiene 73 años, pero mientras se daba la guerra uno de esos artefactos le destruyó su pierna izquierda. Sucedió mientras caminaba por una zona fronteriza y abandonada en Zapotillo (Loja). Estuvo hospitalizado y le colocaron tres prótesis. En ese tiempo, él hizo un curso de tapicería, hoy vive de esa actividad y “recibe asistencia”. Lo mismo vivió Sixto Suquilanda a los 14 años, cuando también le amputaron la pierna derecha y le colocaron un implante. Hizo terapia física para recuperarse y estudió informática. Ahora trabaja en el Hospital Militar de Guayaquil.

Otros 41 militares ecuatorianos perdieron sus extremidades. Ungucha recuerda que a uno de sus compañeros le amputaron los dedos del pie izquierdo en pleno enfrentamiento armado de 1995. El uniformado no se percató que caminaba en una zona prohibida y un mina explotó al pisarla. Las tareas de desminado comenzaron en el año 2000 tras la firma de la paz entre Ecuador y Perú. El teniente coronel Frank Landázuri es el comandante del Batallón de Ingenieros Nº 68 Cotopaxi.

En ese cargo está desde agosto del año pasado y en su computadora portátil registra lo que se ha invertido en este trabajo: USD 9,5 millones desde el 2009. El oficial, de cabello cano, asegura que en los últimos 14 años no se han reportado accidentes de soldados, pese a que ellos trabajan en condiciones exigentes.

Los ocho que estaban en Remolinos llevaban encima de su camuflaje 28 kilos de equipamiento: la armadura kevlar, una aleación capaz de contener una detonación, un casco con visera y gruesos escarpines de caucho en las botas para evitar fracturas o amputaciones.

A estos se suma una mochila con una pala, un cincel, estacas, un serrucho, una tijera metálica grande para cortar hierba... Dicen que todo lo miden milimétricamente para evitar cualquier accidente. Este tipo de equipos también fue usado en la cordillera del Cóndor para retirar los explosivos sembrados junto a los hitos fronterizos.

El sargento Gonzalo Martínez supervisó esas tareas y contó que los soldados ecuatorianos dormían allí en carpas, en medio de los árboles. Mientras trabajaban, pequeños jaguares se acercaban a su campamento atraídos por el olor de la comida; serpientes ingresaban dentro de las cubiertas de lona. Tenían un cocinero y se distraían con Internet satelital o televisión por cable. “No podíamos movernos, pues había explosivos y corríamos el riesgo de sufrir accidentes”.

Por la mañana, la temperatura era de 28 grados en la selva, pero subía a 35 dentro del armazón forrado con fibra verde, negra y marrón del camuflaje de los militares. Por las noches, el frío bajaba a 10 grados y se abrigaban con cobijas.

“A la altura de la cordillera del Cóndor ya están las nubes y hay mucha agua. Por eso hay bastante frío allí”, cuenta Martínez. Ellos pasaron varios días en ese lugar hasta dejar el lugar habilitado.

En Remolinos el panorama es igual y así trabajan los soldados. Los uniformados recuerdan que en el conflicto del 95, las tropas ecuatorianas utilizaron una sola clase de explosivos. Estos eran de fabricación brasileña, mientras que los peruanos trasladaron al lugar del conflicto los dispositivos fabricados en Rusia, Estados Unidos, Israel, España y los que eran elaborados en ese país.

Ungucha recuerda que en ese entonces las minas daban cierta tranquilidad a las tropas ecuatorianas, pues sabían que estas alejaban a los soldados del Perú. La idea era que no se acercaran a sus puestos de combate y ocurriera un ataque masivo, especialmente en la noche. Ahora la paradoja es que siente preocupación. Quiere sacarlas pronto para que no haya personas heridas en accidentes...



http://www.elcomercio.com/actualidad/20anos-guerra-minas-frontera-ecuadorperu.html

lunes, 25 de diciembre de 2017

Las deudas son otra secuela que dejan las desapariciones

Diego Bravo Redactor (I)

Las historias se repiten. Viajan de provincia en provincia, mandan a imprimir afiches, duermen en modestos hoteles, visitan morgues y pasan semanas en la Fiscalía. Otros perdieron sus trabajos, acabaron sus ahorros, se endeudaron en bancos y su sueldo lo destinaron al pago de trámites, movilización, copias de documentos, abogados. Todo para buscar a sus familiares desaparecidos...


Desde hace 20 años, María Eugenia Basantes trabaja y ahorra dinero solo para localizar a su hijo Adrián, desaparecido la mañana del 6 de noviembre de 1994 en el antiguo terminal Cumandá del centro de Quito. Solo tenía dos años.


Ese día, la mujer estaba en el restaurante de una pariente cuando, en un descuido, el pequeño salió del local y no volvió. La mujer trabaja en quehaceres domésticos puertas adentro. Dice que así ahorra dinero. Cuando acumula unos USD 500 o 1 000 renuncia y sigue en la búsqueda. “Ese es mi ritmo de vida en las dos últimas décadas”.


Ella viajó a Cuenca, Guayaquil y Quevedo para pegar afiches en escuelas, paradas de buses, estaciones de Policía, locales comerciales. Se hospedaba en hoteles que no cuestan más de USD 10 la noche. Ahora no tiene empleo y se le terminan los USD 1 000 que había ahorrado. Adrián se extravió un domingo. Según datos de la Dinased, una unidad especial de la Policía, en ese día se reporta la menor cantidad de desapariciones en el país.


De los 4 934 casos que hubo en el 2014, 417 ocurrieron un fin de semana. En la Asociación de Amigos y Familiares de Desaparecidos (Asfadec) hay cálculos de cuánto han gastado sus 80 afiliados: hasta USD 20 000. Telmo Pacheco es presidente de este grupo y está endeudado en USD 9 000 en un banco. Su hijo no vuelve a casa desde el 2011. Hizo préstamos y ese dinero le sirve para viajar a Loja, ciudad en donde se vio por última vez a Orlando. Él y los familiares de los desaparecidos se reúnen todos los miércoles en la Plaza Grande.


En el último estuvo Rosa López. Su nieto Marcelo Estévez falleció en abril del 2012. La mujer de 80 años levantaba un cartel con las fotos de cientos de personas que no han regresado a sus hogares. En torno a la organización de desaparecidos que lidera su hija, Susana, se unieron más deudos. Álix Ardila es otra afectada que ha gastado cerca de USD 20 000 para buscar a su hija Carolina Garzón. Ella viajó desde Bogotá y en Colombia vendió una casa y un vehículo.


Luego de casi tres años de este caso, el viernes, 13 de marzo se realizó la reconstrucción de los hechos en el barrio Paluco (suroriente de la capital), en donde la vieron por última vez. Con el dinero de la venta, ella ha gastado en movilización y comida. Al principio arrendó un departamento a USD 180 en el norte de Quito, pero luego se cambió a la casa de Telmo Pacheco.


Él la ayuda con alojamiento a bajo costo, pero cada mes gasta USD 600 en la impresión de 1 000 afiches con la foto de su hija. Lo mismo vive Sandra Guamán en la búsqueda de su hija María de siete años. Ella se extravió el 22 de enero del 2014 en Loja. La mujer vendía espumilla en el centro de esa ciudad cuando la menor se perdió. Ella es comerciante y su esposo es ayudante de albañilería. Sus ingresos de USD 150 no son suficientes y se endeudaron en USD 1 000.


Con esa cantidad, ellos recorrieron Zamora Chinchipe y Morona Santiago en bus. Allí visitaron morgues, pegaron carteles. También visitaron radios y periódicos locales para anunciar la desaparición. Hasta se movilizaron a las ciudades peruanas de Piura y Zuliana para localizar a la niña.


En un año gastaron más de USD 3 000. Guamán llora al pensar que su hija fue robada y llevada al Perú. Dice que el Ministerio del Interior le ha ayudado a pagar los gastos de alojamiento y pasajes de avión cuando ella viene a Quito para reunirse con las autoridades. Pilar Tobar también asiste a los plantones de desaparecidos. Ella es hermana de Camilo, que no volvió desde el 17 de abril del 2012 en Tumbaco (Pichincha). Para buscarlo, ha faltado al trabajo y eso le representa un día de descuento.


Ha llegado a gastar USD 50 diarios en pancartas, movilización, agua para personas que le acompañan a las búsquedas o en los plantones. Pero no todas las personas pueden costear los gastos tras las desapariciones de sus parientes. Nelly Oviedo no vuelve a su casa, en Ambato, desde el 7 de abril del 2007 y su hermana, Vilma, no puede buscarla. Simplemente dice que no tiene dinero.


Recibe menos del sueldo básico por lavar ropa. Puso la denuncia, pero en eso se quedó el caso. Su voz se quiebra al recordar que no puede buscarla...

domingo, 10 de diciembre de 2017

Samuel, el pequeño sombrerero

“Se arrodilló y al otro lado del pasadizo vio el jardín más maravilloso que podáis imaginar”
Alicia en el País de las Maravillas
Lewis Carroll

Samuel, el pequeño sombrerero

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
ahora que entablo un monólogo sin dibujos in absentia
discretamente te sigo los pasos
lo importante va por dentro 
sin chistar camino hasta el claro del bosque
miro por los ojos de Guapulo 

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
esta no es ciudadhiedra, esta es ciudadpiedra
esta no es ciudadquerida, esta es ciudadherida
Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
esta es ciudadlatín y ciudadgriego
y nunca ciudadpatín y jamás ciudadriego
esta es ciudadextraña y en absoluto ciudadentraña

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
esta es ciudadpus y nunca ciudadluz
se equivocaron tus manos
esta es ciudadfangales y en absoluto ciudadfalanges

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
de qué lee el blanco Heraldo mientras desenrolla su pergamino y toca la trompeta 
de que música en particular se te acusa o de cual de los poemas que habitaste
o de cual de las convenciones que abdicaste
quien te acusa
quien te persigue
quien te apunta con el arma hacia el rostro infantil
corre sombrerero que no te alcance la ciudad
que no te alcance

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
extraviaste el camino
hay demasiado mundo en esta narración

en que se parece un cuervo a un armario
en que se parece un cuerpo a un osario

Respiras cuando duermes
duermes cuando respiras
cantas cuando mueres
mueres cuando cantas
te quedas cuando te has ido
te has ido cuando te quedas
corre pequeño sombrerero no dejes que la montaña se trague tus manos y que la reina sentencie antes del veredicto

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
quá día del mes es hoy en ciudadmuerte que jamás será ciudadsuerte
este no es un cuento como los otros
hay demasiada verdad
corre que vos no eres de este mundo
eres muy ángel  y aquí hay demasiada certeza y muy poco para la invención
esta es ciudadevitar y nunca ciudadlevitar

Te equivocaste de ciudad pequeño sombrerero
Dejaste la mesa puesta para el té con el lirón, la liebre de marzo, el gato de Chelsire, el Grifo o el Heraldo 
esto no es lo que parece mi pequeño sombrerero
esta es ciudadcaída y nunca ciudadcálida 
esta es ciudadbalas y nunca ciudadalas
esta es ciudadmalicia y en absoluto ciudadAlicia
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La muerte de Samuel Chambers es un hecho que nos duele y nos muestra la descomposición de la sociedad. ¿Qué sacan haciendo daño a una buena persona? ¿Por qué tanta maldad? Este es un bello poema escrito en su nombre por la brillante poeta quiteña Rocío Soria, a quien respeto mucho por su talento. Una mujer de letras en todo sentido.