El pedagogo Carlos Echeverría trabaja con un estudiante, de 10 años, que acude a musicoterapia con sus padres. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO |
Diego Bravo Redactor (I)
dbravo@elcomercio.com
Un padre y su
hijo cierran los ojos mientras escuchan música clásica. Así se embarcan en un
viaje. El terapeuta les pide que se imaginen que son dos colibríes que vuelan
juntos hasta llegar a un campo de flores. De pronto, el pájaro más pequeño se
pierde y el otro debe encontrarlo. Mientras lo busca, ambos evocan los momentos
que ocasionaron dificultades y buscan soluciones...
Es el método de Imagen Guiada con Música (musicoterapia) que
emplea el pedagogo Carlos Echeverría, del Centro de Terapia Familiar Cumbayá,
para ayudar a niños y adolescentes que requieren tratamientos para mejorar el
rendimiento académico. También su comportamiento en los planteles y la casa. A
través de esta técnica, se busca que el estudiante desarrolle autodisciplina.
Este tratamiento se acompaña con las charlas psicológicas de
otro especialista, José Torres, quien dialoga con los padres y les ayuda a
detectar los problemas que afectan al pequeño. La idea es que logren llegar a
compromisos. Y que pese a las diferencias, haya armonía entre los padres. Esta
es una de las opciones a las que recurren las familias, cuando han transcurrido
casi dos meses desde que 2 millones de alumnos comenzaron el segundo quimestre
en el régimen Sierra y Amazonía.
En esta etapa del año lectivo, en los establecimientos se
han detectado las dificultades de alumnos con notas inferiores al promedio
mínimo (7 sobre 10). Y que corren el riesgo de quedarse a supletorios, que se
rendirán a finales de julio. La ISM Academy tiene 1 600 alumnos. De ellos, 750
pertenecen a la primaria. En el primer ciclo de este año, el 7,71% obtuvo un
promedio inferior a 7,5 sobre 10. El 3,66% debe mejorar su comportamiento.
Jenny Vinueza dirige ese centro y señala que si los padres lo aceptan, se
coordina entre sus psicólogos y terapistas externos, para buscar soluciones.
Otra opción para mejorar el comportamiento y rendimiento es
la arteterapia.
Carolina Lanas emplea esa técnica en el centro que dirige y
lleva su nombre en Quito. Este modelo permite desarrollar motricidad, lenguaje,
atención y concentración y contribuye en lo emocional.
Los niños dibujan y hacen figuras en una caja de arena, para
expresar lo que les pasa. Ella evalúa lo que crearon y hace un diagnóstico. A
partir de marzo, cuando comienza el segundo quimestre –explica la profesional–
se entregan calificaciones y los establecimientos piden asesoría a los centros
de terapias. “Normalmente los niños tienen ansiedad por las situaciones que
viven en su entorno”.
Ella atiende un
promedio de 30 pacientes semanales que suman unos 120 al mes. El 90% tiene
problemas académicos y socioemocionales por el estilo de crianza. No se logra
el balance entre amabilidad y firmeza con los niños, existe violencia que trae
consecuencias biológicas y emocionales. También influye la ausencia de los
padres y de otros parientes. Así lo vive Mateo (nombre protegido), de 8 años.
En las sesiones de terapia dibujó una botella en la que guardaba el dolor
acumulado tras la muerte de su abuelo. Eso se refleja en su rendimiento
académico. En otro caso, Valentina -de la misma edad- no podía dormir sola y
así bloqueó su capacidad de aprender. Las historias son diversas entre quienes
llegan a las sesiones de musicoterapia y las charlas. Torres atiende unos 200
pacientes cada mes y el 70% corresponde a niños con “crisis de escolaridad o
mal comportamiento”.
Según Ligia Herrera, coordinadora de Consejería Estudiantil
del Manuela Cañizares, en estos días los padres de jóvenes con bajo
aprovechamiento y problemas de conducta acuden a ellos. Les recomienda
deportes, eso les permite canalizar sus energías. Esto les ha dado resultados
positivos. Un joven de noveno de Básica, por ejemplo, era maltratado por su
padre.
A través del deporte recuperó su autoestima, el papá ha
puesto de parte y está en terapia.
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